Regreso al juego, pero ya no es solo el juego, Samuel y yo empezamos a coordinarnos sin hablar demasiado, reaccionando mejor, moviéndonos con más precisión, adelantándonos un poco a lo que hacen los otros, y eso se siente, no como estrategia pensada sino como algo que se da solo, como si el ritmo se ajustara sin necesidad de decirlo, y cuando logramos ganar la primera carrera la sensación no es solo de haber llegado primero, es algo más ligero, más compartido, algo que se mezcla con las risas y los comentarios sin quedarse en un solo lugar. —¡Ya! —dice Samuel, levantando el control—. Les ganamos. —Fue suerte —responde Emiliano sin dudar—, no te emociones. —Claro, suerte —digo, negando apenas—, por eso llegamos primero. —No va a volver a pasar —añade Ezequiel, y no necesita decir má

