El juego se vuelve más caótico, más rápido, más ruidoso, y en algún punto ella se inclina más, lo suficiente para recargarse mejor, y su mano se mueve cerca de la mía, rozándola apenas mientras sostiene el control, y ese contacto, aunque breve, se siente más de lo que debería, porque ya no es neutral, ya no es algo que pase desapercibido. —No vale —dice Lorena cuando pierde una posición—, eso no vale. —Todo vale —responde Emiliano riéndose—, aprende a jugar. —Tú cállate —añade Samuel—, ni ibas primero. —Voy a ganar esta —dice Emiliano, señalando la pantalla—, fíjate. —Sí, claro —responde Alessia, y hay algo en su tono que no se queda solo en la broma. La carrera avanza y todo se mezcla, los gritos, las risas, los reclamos, y en ese punto donde todo está ocurriendo al mismo tiem

