Los días habían pasado y Lara al fin tenía el alta para regresar a su casa, para reencontrarse con su hijo y pese a que toda la policía del país lo buscaba ella estaba aterrada. La policía había logrado pedir una orden de revisión para su auto encontrando rastros de sangre en su baúl, que, si bien había sido lavado, quedaban diminutas fibras que habían sido desapercibidas. Cuando los oficiales forenses hicieron el cotejo de ADN con la base de datos que tenía la misma había arrojado como resultado a una tal “Francesca Benedetti” una joven de unos veinticinco años que había sido arrestada varias veces por el ejercicio de la prostitución y que había sido reportada como desaparecida y como esta mujer era hija de una personalidad de la política que mantenía su lazo sanguíneo lejos de lo mediát

