Alejandro leyó los formularios una vez los hubo revisado Ignacio, paró en el de Ángela y se echó a reír.
—¿De que te ríes?.
—De lo que son capaces de hacer las mujeres por un puñado de dinero, siento curiosidad por esta chica —le dijo mientras seguía leyendo el formulario, pensó que debía ser una broma.
Mientras tanto, fuera, Ángela estaba a punto de levantarse e irse, los nervios la mataban.
—Ángela, puede pasar —le indicó el hombre con traje.
Se levantó pasando la mano por su pelo nerviosa.
Entró al despacho, había cuatro hombres, dos en la puerta, los cuales parecían de seguridad, el hombre con traje de pie al lado de la mesa y un hombre sentado detrás de esta, lo miró y ya quiso salir corriendo, su mirada era oscura, su expresión seria.
"¿De verdad era necesario todo esto para un puesto de limpieza?", estaba empezando a dudar de dónde se había metido.
Alejandro miró a Ángela sin decir nada, sus ojos verdes lo miraban con miedo, eso le gustaba, posó sus ojos en los labios, rosados y húmedos, le excitaron, podían darle mucho placer, el cabello castaño estaba recogido en una coleta pero le caían mechones en la frente, no llevaba vestidos como las otras chicas, un vaquero desgastado y una camiseta de manga corta, aún así pudo deducir que sus pechos no eran pequeños.
"Se a metido muy bien en el papel", pensó,
—¿Como te llamas?
—Ángela — le respondió con un nudo en la garganta.
—¿Cuantos años tienes?— empezó por las preguntas simples.
— Veintisiete señor.
Esa respuesta le hizo reír a carcajadas, ¿Había dicho señor?, la mayoría coquetea con él, no lo llaman señor,
—¿Por qué crees que eres la indicada —sentía curiosidad por su respuesta. Ángela se quedó pensando un segundo en ello.
—Siempre doy todo de mí en los trabajos...
No pudo terminar de hablar porque las carcajadas de Alejandro se escuchaban en toda la sala.
"¿Qué he dicho?" pensó Ángela.
—No esperaría menos, teniendo en cuenta lo que estoy ofreciendo. —le dijo Alejandro muy serio.
Se empezó a asustar, ¿De qué era esa entrevista?, desde luego no era la de limpieza, intentó salir de ahí.
—Yo... lo siento, pero creo que me he equivocado de despacho, si no les importa me voy —dijo con un tono bajito.
Alejandro volvió a reír.
" Se piensa que soy idiota, desde luego actúa muy bien" no era la primera vez que pasaba, chicas que fingían ser humildes y dulces para intentar enamorarlo, pero él no creía en el amor, iba a ser duro con ella.
— Desnúdate —le ordenó.
Estaba claro que era una orden, Ángela miró a su alrededor, para ellos parecía lógico, ella quería que se le tragara la tierra,
—¿Cómo?, ¡No! —empezó a sentir calor en las mejillas, no iba a desnudarse delante de ellos.
—¿Te has molestado siquiera en leer el contrato?, en el momento que entraste por esa puerta debías obedecerme— le explicó Alejandro levantando una ceja.
Se le empezaron a humedecer los ojos, no lo había leído, entre los nervios y las prisas, ¡No lo había leído!, se lamentó, ¿Qué había firmado?.
—¿A que esperas?, si quieres te desnudo yo —la amenazó impaciente Alejandro.
Nerviosa se quitó las zapatillas, los calcetines..., lo miraba con la esperanza de que fuera una broma y le pidiera que parase, pero no lo hacía, la timidez hizo que le temblaran las manos, se quitó la camiseta despacio quedando con el sujetador, desabrochó los vaqueros y se los quitó, estaba delante de cuatro hombres en ropa interior, se tapó con las manos como pudo.
"¡Por favor que acabe ya esto!" rogaba.
—La ropa interior también.
Alejandro estaba empezando a excitarse, su actuación y su cuerpo le estaban afectando, Ángela miró la puerta, estaba valorando correr y huir de ahí, pero seguro que esos dos gorilas no la dejarían salir, ¿Qué podía hacer?
—Quiero leer el contrato—, exigió sería. Seguro ahí había algo a lo que agarrarse y podría salir de esa situación, Ignacio se lo entregó, lo empezó a leer y sus ojos cada vez se abrían más.
" ¿Quién firmaría eso voluntariamente?" se preguntó.
"La contratada debe obedecer las órdenes desde el momento en el que es aceptada para la entrevista, la contratada no tiene ningún derecho durante los tres meses siguientes a la firma del contrato y aceptación por parte del interesado, el interesado se compromete a no dejar marcas en su piel" .
Al leer eso Ángela se asustó mucho y empezó a lagrimear.
"Pasados los tres meses se le entregará la suma acordada de 500.000 euros".
¿Por eso lo hacían?, se preguntó, no había ni la más mínima palabra que la ayudara.
" En el caso de incumpliendo de contrato por parte del interesado se le pagaría el doble a la contratada, 1.000.000 de euros, si incumple el contrato la contratada, asumiendo que no dispone del mismo importe, sería embargada y puesta en manos de la ley ".
Estaban todos los cabos atados, lo miró, ¡Cómo podía ser tan cruel!, en ese momento se enfadó,
—¿Tan sádico eres que quieres una esclava? —le preguntó llena de rabia.
—No, no quiero una esclava, una esclava no cobra, quiero una puta, ahora, quítate el sujetador y las bragas.
Le dió miedo contradecirlo, pensó en la casita de su madre, no podía perderla, era lo único que le quedaba de ella, Ángela le devolvió el contrato a Ignacio, y se quitó despacio el sujetador.
En el momento que Alejandro vio sus pezones duros sintió una presión muy fuerte dentro de los pantalones, Ángela continuó con las bragas intentando taparse, se quedó desnuda mirándolo fijamente.
—Quita las manos, quiero ver lo que estoy comprando— lo soltó a modo de insulto.
"Todas tienen un precio" pensó.