Los amigos no suelen estar para siempre, cuando se van simplemente no regresan. Eso era así, espero que con Eli... No tenga que ser así. Aunque para mí ella no es una amiga.
Un día normal, dándome una ducha estuve pensando en ella, ¿Cómo será cuando se está bañando? ¿Cómo lucirá su cuerpo mojado? Me sonrojé de inmediato, ¡No puedo pensar así en ella!
Salí de la ducha escuchando Mr. Simple de Super Junior. Vieja, pero muy buena canción. Iba tarareándola mientras me secaba. Me colocaba el uniforme del colegio mientras pensaba emocionada en la tercera temporada de Junjou romantica. De un momento a otro pensé... ¿Qué pasaría si Niichan se enterara que Misaki y Usagi salen y hacen "eso"? Decidí revisar la página Planeta Fanfic ¡¿Qué?! Hay un nuevo Yaoi. Suki Mo Kirai Mo Jikangai. Es un manga pero ¡Estoy emocionada ya que no lo esperaba! ¿Un personaje... Que se desmaya dos veces? No me llama la atención, pero son dos hombres ¡Con eso soy feliz! Voy a descargarlo y a verlo...
¡Oh no! Se me está haciendo tarde. Dejé mi laptop prendida para que se descargara. La dejé debajo de la cama, sería malo que mamá llegara y lo viera. Entonces escucho un sonido que me incomodó "se ha detectado una amenaza" Quería lanzar la laptop ¡Quería ver ese manga y ver el gran hard que...! No, mentira. En realidad quería ver si la trama era buena... ¡Yo sólo veo Yaoi porque son dos hombres y por la trama!
Salí de mi cuarto y ahí estaba ella. Con una sonrisa, con sus cabellos marrones y largos, ojos marrones, labios delgados con una sonrisa muy limpia. Sus ojos eran verdes, igual que los míos pero sin el toque azulado.
Me dirigí a clases, mientras me deleitaba escuchando words de Nightcore (Aimer) con mis audífonos. Entre pasos, estaba ella allí lejos. El viento posaba, los lirios se desprendían, era un bonito espectáculo ver como el viento se los llevaba mientras... Eli estaba a lo lejos, mis ojos sólo podían ver a Eli, mi corazón sólo podía latir por Eli, ella se acercó dando unos pasos como desconcertada.
— ¿Eli?— Pregunté.
Ella se queda frente a mí viéndome. Me saca un audífono.
— ¡Oye es mi canción favorita!— Regañé— Dame mi...
— No— Gruñó— es también la mía— sonrió— déjala. Me gusta mucho Aimer.
Compartir un audífono con ella no era mal. Dábamos pasos exactamente igual de simétricos. Las dos caminábamos mirando a lo lejos, estuvimos así todo el recorrido.
— A... Ishi... Teru— íbamos cantando la letra de la canción. Las dos a la vez, tan calmadamente... Eso me dio miedo.
Aishiteru significa te amo, o te quiero, pero no un querer de amistad sino uno de amor, fue como si nos fuésemos dicho eso. Que nos queríamos de ese modo. Sentí arder mis mejillas, cuando volteé a verla, ella estaba igual.
Simplemente caminamos así hasta la entrada.
— Esto me lo quedo— Dijo arrebatándome el celular.
— ¡Espe...!— De inmediato su aura intimidante surgió.
— Dame tu teléfono o sabrás lo que es sufrir...— aunque fue algo bromista, no dejó de ser intimidante así que se lo cedí.
De un momento a otro algo se encendió dentro de mí. Estaba harta de que siempre tuviera ella el control, pero no más, yo voy a, voy a...
Di unos pasos acercándome a ella. Eli me miró sorprendida, sentía mi aura arder de ganas de poseerla. En medio de toda la escuela, la empujé a un muro. Su mirada ardía ante la mía, yo era una niña, a pesar de ella ser mayor que yo quedó inmóvil al tenerme frente a ella. Mis labios, junto a mi piel entera ardían al tener a Eli a pocos centímetros de mí. Seguí acercándome una vez que la tenía inmóvil frente a mí. Sentí su aliento chocar con el mío, estaba tan nerviosa al tenerla tan cerca, temblé de golpe. Estaba tan nerviosa como ella. Nuestras miradas estaban tan cerca, nuestras respiraciones iguales, nuestros descontrolados pulsos eran al unísono. Recorrí mi mano sobre su cintura, ella tembló. Me gustaba tenerla tan cerca, pero más que todo. Me gustaba lo que sentía al tocarla, sobretodo ver cómo reaccionaba.
— Aquí... La que tiene el control soy yo— Susurré sobre ella.
Ella cerró los ojos, yo iba cerrándolos a punto de darle mi primer beso, por más embarazoso que fuera... Sí se puede, sí se puede, sí se...
Me alejé instintivamente, la solté. Ella abrió los ojos como decepcionada, ¿Qué estaba haciendo?
— Vaya— Susurré en un tono sarcástico— Veo que tengo el control sobre ti. Eres una leona, y siempre me gritas, pero te dejarías besar por mí— me reí. Ella frunció el ceño, sus ojos estaban aguados, sus cejas súper fruncidas temblaban, ella se estaba mordiendo los labios, mientras se contenía.
De inmediato recibí aquella bofetada que que estaba destinada a mí.
— ¡Bastarda!— Gritó furiosa. Con los ojos enormemente aguados.
Ella sí que es mi Chica agridulce. De eso no hay duda.
Recibí una llamada de inmediato. Atendí el celular, Elizabeth me miraba con unos ojos de duda.
— ¿Diga? ... ¡Ah! Alexandra... ¿Que hoy no vendrá el profesor de la última clase? ¡Genial! ... ¿Qué? ¡De acuerdo!... ¿Quieres que invite a alguien? Pero... Entonces, ya las chicas irán contigo ¡De acuerdo!... Encontraré a quien invitar... ¡Bye bye!
Alexandra no vendrá a la primera clase del día, y no hay segunda porque el profesor no vendrá ¿Cómo diablos lo supo? Tomando en cuenta que ellas tienen conexiones hasta en la sopa. Bueno, nos vamos a ver en una plaza, ¡Alexandra lleva a Ramón! A su perrito, se escapó junto a las otras chicas ¡Esa vagabunda! Me dijo que invite a alguien, ¿A quién invitaría?
— ¿Qué quería esa Alexandra? ¿Quién es esa Alexandra?— Su tono era amargo, ¿Qué le pasa?— Ni se te ocurra verte con ella.
— ¿Por qué no? Ella es Alexandra, la del club fujoshi, me invitó con mis otras ami... ¿Por qué debo darte explicaciones?
— ¿Que por qué?— Preguntó sonando sabia— Acabas de acosarme. Nunca te permitiré que vuelvas a hacerlo, pero tampoco te permitiré que andes de cualquiera acosando a todas las mujeres, ¡A ninguna!
¿Soy yo o mi Chica agridulce estaba celosa?
— ¿Y qué pasa si quisiera tocar a una de ellas?
— No puedes hacerles, lo que me hiciste.
— ¿Por qué?— Ella me tomó de la mano. Me sonrojé de inmediato, su mirada era determinada, ¿Qué le pasa? Como sea.
— Porque... Estas manos no pueden tocar a alguien más... Que no sea a mí.
Me sonrojé de inmediato, ella también estaba sonrojada. Nuevamente alzó su puño contra mí dejándome en el suelo.
— ¡Mi agridulce Eli!— Se me escapó ¡Ay no!
— ¡No soy dulce!— gruñó. Parecía una chica adorable en apariencia pero al mismo tiempo refunfuñona. Ella gruñía. Era toda una...
— Chica agridulce— le dije.
— ¡No lo soy!
— ¿Quieres salir conmigo hoy?— Ella se quedó pensando las palabras que le dije por un momento.
— ¿Qué?— Gruñó dándose la vuelta— No lo haré.
— Pobres chicas— dije lamentándome para que dijera que sí...— No conocerás a Ramón. El perrito de Alexandra.
— ¡¿Perrito?!— Exclamó Eli. De inmediato asentí— ¡Claro que iré!
La clase se pasó volando. Una vez que salí me fui a la entrada del instituto. Volteé y ahí estaba ella, en un rincón de la pared un poco lejos, mis pasos eran lentos, porque quería verla. Ella era hermosa, Elizabeth Eli era la perfección, su mirada brillaba, su cabello largo era lo que se destacaba. Me encantaba ella. Su mirada estaba perdida, ella lucía tan pensativa, ¿En qué piensa? ¿Pensará en mí? ¿Ella tiene esa mirada por mí? Cómo me encantaría que fuese así. Sus cabellos se movían al ritmo del viento, comenzaban a tapar su rostro, pero ella estaba ahí quieta, sumisa, sentada con sus brazos sobre sus piernas, sentada de cuclillas, pero apoyando su cuerpo entero a la grama y a la pared.
Seguí acercándome, dejé de espiarla. Antes la espiaba mucho, porque esto que sentía era muy fuerte, demasiado. Pero me daba pena acercármele, ahora podía caminar, dar un paso, y otro, y otro, cada vez estaba... A un paso más cerca de ella. Lentamente, armoniosamente. Finalmente llegué a ella. Sus ojos se encontraron con los míos, el viento mesía mi cabello también en cuestión de rato, el mío estaba sujetado a una cola, pero era inevitable. Simplemente estábamos mirándonos.
— Elizabeth... Eli— Susurré.
— Amelia— dijo ella, en el mismo tono que yo.
Ambas estábamos distantes. Pensativas, no podíamos dejar de pensar... Y pensar, hasta perdernos en nuestros pensamientos. Elizabeth y yo, éramos así. Yo por ella, y ella... No sé por quién.
— Estoy triste— Dijo ella en un tono— Te lo voy a contar... Muchas cosas pasaron en mi vida, y me estoy enamorando de nuevo...— Abrí mis ojos como platos sintiendo el golpe, ¿Quién le gusta? ¿Seré yo? Quisiera, ¿Si no soy yo? Mi corazón dolió mucho, sólo de pensar que no pudiese ser yo, la persona que está en su corazón— Pero no quiero lastimarla. Yo... Soy una maldición para la gente que me quiere.
— Eli... ¡Arriésgate! Dile lo que sientes, ella si te corresponde va a aceptarte como eres, si no lo hace ¡Es porque nunca te amó y nunca te amará!
—...
Ella hizo silencio. No pudo decir una sola palabra. Mi corazón latía con fuerza.
— ¡No sabes si ella siente lo mismo por ti! Ella si te ama te va a aceptar sin importar cuánto miedo des ¡Anímate Elizabeth!
Mi tono era de notable preocupación. Ella dio una sonrisa amable y acarició cariñosamente mi cabeza. Me concedió una afectuosa sonrisa. Eli era la mejor.
— Te diré el nombre de la chica que me gusta...
— ¡De acuerdo! Por favor lucha por su amor, sé que va a corresponderte, ¿A ti quién no va a quererte?
— Corrección; Es ¿Quién va a quererme de ese modo?— Yo— Bien...— Se sonrojó volviéndose bolita. Eso causó que mi piel entera se erizara...— Ella se llama...— ¡¿Ella?! ¿Es una chica? La sorpresa crecía dentro de mí. Mi corazón latía cada vez con más emoción— A...— Mis pupilas se dilataron, mis ojos se abrieron como platos, ¿Era yo? Ella susurró aquello de esa forma tan... ¡Suspensiva!
Una llamada sonó de inmediato. Me estaban llamando, relativamente quien fuera que llamase, arruinó el momento.
— ¡Amelia! ¿A qué hora vienes? Ya todos salieron ¡Ramón está conmigo! ¿A quién invitaste?— La quería odiar. Quería odiar a Alexandra ¿Por qué? Estaba a punto de saber si soy yo.
Colgué de inmediato. Estaba tan furiosa. Me puse a escribirle en un texto:
"Interrumpiste un importante momento, idiota" mandé el mensaje, de inmediato miré a Eli... Esperando que me dijera.
— Me puse a pensar la situación y... No eres digna de saber el nombre de esa chica... ¡Vamos!— Dijo mirándome de forma amenazadora, con su típico tono amenazante.
— Está bien... Eli.
Dimos algunos pasos, creo que esto era sólo el inicio. Salimos del colegio. Entre algunos pasos y mucho silencio, Eli tomó mi mano. De inmediato me sonrojé. Sentir su mano era... Maravilloso. Su calor, su pulso, el cómo se sentía su mano junto a la mía... Todo, era simplemente maravilloso.
Próximo destino: La plaza. Con las chicas.