—Claro, hablando, si no tienen trabajo, búsquenlo, pero no lo quiero volver a ver juntos, ¿Entendido? — ambos asentimos y el Guapodioso sonríe. —Y usted, señorita Díaz, la quiero en mi oficina lo más pronto posible. —Si, señor— me bebo el último sorbo de mi café y veo a Richard sonriendo, lo ma aprobarle es que esté acostumbrado a esto. —Ve o se va a enojar. —¿Estás acostumbrado a esto? — le pregunto. —No, en realidad, nunca lo había visto comportarse así— me mira coqueto. —N-No y-yo y él, es decir, él y yo no— me interrumpe con una carcajada. —Tranquila, solo ve. —Pero— me interrumpe nuevamente. —Tranquilo, yo entiendo todo, de mi Loca no saldrá una palabra, no quiero problemas. —Pero nosotros no somos— me interrumpe, ¿No va a dejar de interrumpirme? —Lo sé, pero puede que pase

