la parte más detestable de su nueva vida, era la de ponerse en corsé, Roseta tiraba de las cintas como si su vida dependiera de ello, y Marianne, entre mareos y súbitas pérdidas de aire provocadas por el accesorio de las más altas esferas de la sociedad, mandaba maldiciones a cualquiera que haya sido el inventor, si, debió ser un ser despiadado en su intento por maltratar constantemente a las mujeres. --¡basta Roseta! No puedo respirar – estaba sujeta a uno de los muros de su habitación, con la cara roja del esfuerzo --Lo siento mi señora – la joven estaba apenada, y de inmediato amarró las cintas para terminar de colocarle el vestido y terminar de arreglarle el peinado, por algo Roseta era la encargada de asistir a la futura reina, era la doncella que mejor hacia los peinados y a Maria

