CAPITULO 6. LUCES INESPERADAS

3865 Words
—No… no lo sabemos —respondió Enrique tartamudeando por los nervios—. Verás, mientras más fuerte es el Enérgico, más difícil es atar sus poderes, la energía se va regenerando y por ende su poder. Con la atadura quitas la energía sobrante y colocas ciertos impedimentos para su rápida reproducción. Un ritual de atadura puede durar dos años, pero en tu caso, con tu poder, no hemos podido hacer que dure más de seis meses. La muchacha sopesó la respuesta unos segundos. —Entonces en seis meses debería… tener poder —concluyó Samantha. —Si, en seis meses tu energía debería estar restituida y los impedimentos para usarla caerán —explicó Thaly–. Pero no puedes usarla aún, tienes dieciséis años, pero con la energía de una persona de veintiún años o más, y eso en definitiva no es normal... —antes de que Samantha comenzara a reprochar, agregó con rapidez alzando las manos— Pero, más adelante aunque tu energía haya crecido incluso más que ahora, podremos atribuírselo a un desarrollo tardío de poderes; eso es viable. –Thaly asentía con entusiasmo y con voz desesperada, como si intentara convencerse de sus propias palabras. —No entiendo mamá. ¿Cómo van a saber de mi energía? ¿Acaso la sienten? ¿Pueden no decírselo? —¿Recuerdas al Sr. André? ¿El amigo de tu abuelo? —preguntaba Thaly mientras Samantha asentía— Bueno, él es uno de los muchos enérgicos que están encargados de revisar y supervisar las ondas de energías de los chicos como tú. Existe un registro de los hijos de los Energéticos para que estos sean sometidos a revisiones periódicas de energía, de educación energética y de cumplimiento de las leyes —finalizó volteando los ojos y agitando su mano en el aire pues consideraba que era un procedimiento burocrático, inservible y fastidioso. —André viene la semana siguiente y tu registro energético debe ser el de un Noide —aclaró Enrique—, por eso tuvimos que atarte los poderes hoy. La última vez, con lo de tu supuesta gripe, creemos que pudo sospechar que algo no estaba del todo bien. Samantha se comió muchas galletas por la ansiedad de la noticia mientras su familia aguardaba por otra pregunta. Enrique y Elia susurraban en privado y Samantha logró escuchar el nombre de su tío Ánthon pero no quiso saber de qué se trataba esa conversación tan íntima. Thaly, por su parte, buscaba y eliminaba pelusas imaginarias de su ropa con mucha concentración. La mente de Samantha comenzó a repasar una vez más los acontecimientos de la última hora y todo lo que su mamá le había explicado. Las preguntas en su cabeza se comenzaban a reducir, pero seguían siendo demasiadas. Se empezó a sentir abrumada y muy agotada. «Así que tenía energía y podía manejar esa energía a voluntad» se repitió para sí misma. El pensamiento de ser Enérgica, y una muy poderosa, la absorbió hasta que preguntó por el futuro. —Ok, esperaremos seis meses y entonces ¿qué? —dijo— Aún tendré dieciséis años. —Tendrá que ser suficiente. Creo que ya no tendríamos que seguir atándolos –expuso Enri— en cambio, podríamos concentrarnos en que aprendas a controlarlos, para que en una próxima visita puedas generar unas ondas adecuadas a tu edad. —Quizás esté a tiempo de ingresar en la universidad —agregó Elia con alegría. Esperaron su respuesta pero seguía sin saber qué decir. Se limitó a sonreír, porque a pesar de todo lo explicado y lo confundida que se sentía, no podía evitar sentirse complacida por todo lo descubierto. Enrique sonrió, fue evidente que era lo que deseaba desde un principio, lo que esperaba que Thaly hubiese hecho. Se sentía victorioso de que al final no existieran más secretos en la casa, un enorme peso había desaparecido de sus hombros. Por primera vez en mucho tiempo dormiría libre de mentiras, aunque sabía que aún quedaban muchos secretos por descubrir. . . El día siguiente de la atadura, como era de esperarse, Samantha cayó en cama con cansancio inmenso, fiebre alta y unos delirios agotadores, sin embargo, logró descansar de todas las elucubraciones que su mente producía. Era un tiempo que necesitaba para reponerse de lo que le habían dicho, pues en una sola noche habían destruido todo el mundo que ella había conocido hasta entonces y ahora debía construir uno nuevo con bases desconocidas y, por si fuera poco, debía fingir ser normal en un mundo donde ya sabía que no lo era, además de pretender ser corriente en el otro mundo. Su condición era tan especial como peligrosa en cualquiera de los dos mundos. En medio del caos contaba con algo de suerte; las visitas de André eran cronometradas y más cuando se trataba de la familia Adams, eso le daba tiempo de ventaja para comenzar a preparase. —Bueno, creo que hoy tampoco hemos tenido suerte con este famoso juguete, ¿no? —dijo André tomando de las manos de Samantha aquel aparato. —Creo que no, ¿será posible que esté dañado? —contestó Samantha con fingida inocencia. Una sonrisa torcida e irónica se formó en la boca de André antes de responder. —¿Sabes qué?... Tienes razón, este se dañó. Creo que debo sustituirlo por uno nuevo, le preguntaré a mi hijo qué sucede y compraremos uno de mejor calidad. Prometo regresar con un aparato que funcione la próxima vez. Samantha asintió y sonrió, pero no pasó desapercibida para ella aquel instante en que su mirada se oscureció, ni tampoco el contenido debajo de esas palabras: una sospecha. Cuando André se marchó, su mamá les pidió a todos que volvieran a sentarse en la mesa y comenzó a hablar. —Bien, es hora de que comencemos a elaborar el plan de estudio de Sami. Creo que todos notaron la advertencia de André, por eso debemos prepararla para que ingrese al mundo energético antes de que esta mentira nos explote en la cara —afirmó Thaly. —Tienes razón. Eso de que traerá un nuevo sensor de mejor calidad me dejó preocupado. No he escuchado nada así en las oficinas, pero tendré que averiguar —dijo Enrique. —Me parece bien, debemos estar preparados para su próxima visita, sin embargo no es lo único para lo que debemos estar listos, Samantha deberá presentar un registro aceptable con ese sensor y si quiere ingresar a la EUniversity deberá empezar a leer lo que no ha aprendido en 10 años de vida enérgica —resaltó Elia. —Pero ¿y el instituto? No puedo perder clases —dijo Samantha preocupada—, y ¿Qué es la EUniversity? —Es la Universidad de Energéticos —contestó Thaly—. Y no, no perderás clases, debemos seguir con nuestra rutina normal solo que vas a dedicarte más que nunca a estudiar con nuestra ayuda. En la mañana seguirás asistiendo a clases y deberás hacer un horario estricto sobre las horas que dispondrás para tus tareas noides, porque en la tarde tus abuelos comenzaran tus clases energéticas más básicas… Tu abuelo traerá todos los libros energéticos que sean necearios y te enseñará sobre las leyes y normas—aseguró Thaly mientras Enrique asentía con firmeza—. Tu abuela comenzará con historia energética y los rituales más básicos para la casa y cuando yo llegue en la noche continuaré donde se hayan quedado ellos, además te ayudaré con las tareas noides porque si bajas tu promedio podrías levantar sospechas. Con este nuevo itinerario, lejos de sentirse agobiada, Samantha brillaba de felicidad. Organización, planes de estudio, horarios, lectura; era todo lo que le gustaba hacer. —Bien, necesitaré nuevos cuadernos, uno por cada materia y muchos lápices y resaltadores —dijo entusiasmada. Y de ese modo se organizaron. Al día siguiente Thaly llegó con cuadernos y libretas de varios colores y con cada uno de los artículos que Samantha de forma meticulosa había puesto en la lista de compras. Enrique, Elia y Thaly dedicaban tarde y noche a enseñar a Samantha sobre aquello que en dieciséis años no le habían mostrado. Todas las mañanas asistía a su colegio Noide, en las tardes recibía clases particulares con sus abuelos y en la noche después de contarle a su mamá los temas vistos y de que ella le hiciera algunas preguntas sorpresa para evaluar sus conocimientos, era el turno de Samantha de preguntar; y así pasaba horas atormentando a su mamá con todas las preguntas que le habían surgido en el día, hasta que el cansancio la superaba y entre bostezo y bostezo se dormía. Aunque su pasión por estudiar no se opacaba, el complejo mundo que estaba descubriendo la hizo comprender por qué la mayoría de los enérgicos se tomaban un año sabático antes de ingresar a la universidad, de hecho, si las circunstancias hubiesen sido otras, ella también se habría tomado un año de descanso. Enrique había conseguido una gran cantidad de libros de historia energética, de runas, procedimientos, rituales, leyes y normativas, incluso un diccionario de latín-español, una guía de trucos, en fin llevó a la casa todos los libros que podía necesitar Samantha. Una vez que la atadura de sus poderes se terminara iba a disponer solo de un mes más para practicar el control de su energía antes de ingresar a la universidad. Todo debía ser cronometrado. Llamarían al señor André cuando Samantha controlara su poder y pudiera hacerse pasar por una enérgica de su edad. Si esto salía bien André ordenaría el ingreso universitario y Samantha podría continuar su vida enérgica con más tranquilidad. En su colegio Noide estaban por terminar el curso, su graduación estaba próxima y eso implicaba exámenes y trabajos finales. Se esforzó todo lo que pudo para no bajar sus notas y promedio pero las lecturas y explicaciones de los abuelos demandaban mucho tiempo, incluso mientras estudiaba «Noideano» se encontraba divagando entre Runas, piedras energéticas, ritos e incluso seres místicos que pensaba que no existían. Para Samantha era difícil concentrarse ahora en una materia noide sin mezclarla con las energéticas, pues estas últimas resultaban mucho más interesantes y sorprendentes. Sus antiguas pesadillas desaparecieron por completo, sin embargo el miedo de fallar la hacía soñar con estar presentando un examen Noide y responder las preguntas con contenido energético mientras su maestra le gritaba frente a todos que estaba loca y André se la llevaba a los tribunales para ser juzgada. Por eso recurrió a la promesa que le hizo su mamá de respetar sus decisiones y suspendió por una semana sus estudios energéticos para concentrarse en los Noides. Cuando finalizó sus exámenes los superó con las máximas calificaciones, quedando solo a la espera del Acto de Graduación, así pudo dedicarse día y noche a las clases de su familia. Su abuelo explicaba las leyes y la historia, la abuela le aportaba todo lo referente a la costumbre y cultura general enérgica. En cambio, su mamá liberaba la tensión de los pesados estudios con una versión mucho más joven y divertida de los usos que podía darle a su energía. Además le narraba las travesuras que hacían ella, su tío Ánthon y sus amigos, siempre al borde de la Ley. Esas historias le sacaban carcajadas y lágrimas de risa. Así aprendió que La Comunidad de enérgicos había existido desde que inició la vida en la tierra. Todos los enérgicos formaron un grupo muy cerrado para estudiar y perfeccionar las técnicas. Los que no tenían actitudes energéticas se apartaron y siendo mayoría comenzaron sus propias ciudades que fueron evolucionando y se convirtieron en las sociedades y Asambleas tal y como se conocen en la actualidad. Su abuelo le había dicho que por el año 1.327 los Energéticos decidieron a través de un gran concejo, permanecer ocultos por varias razones: La primera porque los Noides no estaban preparados para reconocerlos; aunque muchos sabían de su existencia, la población noide era tan grande, tan distinta y tan vasta que no era factible y viable hacer del conocimiento los poderes energéticos porque, en segundo lugar, el Noide había demostrado con el tiempo sus ansias de poder, su egoísmo, su descontrol y el estar dispuesto a todo para hacerse con el poder, por lo cual, en tercer orden se propuso la no interferencia con la evolución humana. Y en base a estas tres razones que se convirtieron en principios se creó la Ley Energética. Sin embargo, la autodestrucción del hombre y en consecuencia la del mundo Energético se hacía cada vez más evidente; las guerras, la hambruna, la pobreza y las enfermedades no podían seguir siendo ignoradas por el Energético, por eso en 1875 una reunión masiva de los energéticos en la ciudad de Salem determinó que era necesaria una intervención ligera en el comportamiento Noide, basándose en el hecho de la destrucción de la humanidad Noide también acarrearía la destrucción de la humanidad Energética. —Así se creó La Asamblea; en una reunión donde se nombraron a sus primeros representantes y se dictaron las primeras normativas para la sucesión —dijo Enrique sonriendo mientras terminaba el jugo de fresas servido en el almuerzo. No había momento de descanso para el aprendizaje, cualquier oportunidad era igual de buena para seguir avanzando en sus estudios. —Por esa razón es que Thaly y muchos de los Enérgicos más jóvenes no se sienten representados en La Asamblea, los nuevos representantes son escogidos por los actuales y siempre los toman de su círculo más cercano. No pueden nombrar a un familiar, pero nombran a sus mejores amigos y de verdad que no sé qué es peor —comentó Elia. —No siempre es así vieja, lo que pasa es que las personas más cercanas al representante conocen mejor todo el funcionamiento, así que resulta más fácil pasarle el cargo a quien ya sabe cómo manejarlo —explicó Enrique. Samantha entendió porqué el abuelo había decidido estudiar Legislatura y Judicial. Su abuela, en contraste, había escogido Educación y prestó apoyo educativo en las casas hogares y orfanatos, por eso le lanzaba una mirada de advertencia a Enrique, el tema era un motivo de discusión y el desenlace podía dejarlo sin postre. Enrique entendió la amenaza y continuó explicándole a Samantha. —La Asamblea tiene siete secciones, son siete para reforzar la magia y energía de cada una —dijo Enrique al tiempo que Elia bufó sin hacer comentario—, estas áreas canalizan la vida energética en un apoyo conjunto con los Noides, utilizando sus recursos y sobre ella es que se estudia en la Universidad. —No entiendo —señaló Samantha—. Los energéticos trabajan con los Noides, pero los Noides no saben lo que somos, así que no debería ser apoyo conjunto porque ellos no saben que nos están apoyando, nos estamos aprovechando de ellos sin que se den cuenta —reflexionó Samantha. Elia sonrió orgullosa pues Samantha acababa de entender por sí sola cuales eran las reservas de ella hacia la Asamblea. —Esas son algunas teorías pero es más complicado, no podemos revelarle a los noides lo que somos, ni tampoco nuestros conocimientos, podemos ayudarlos sin llevar la dirección de las investigaciones, podemos interferir solo para evitar su destrucción o perjuicio grave y esta intervención debe ser sutil y sin descubrirnos, es una línea muy fina. —decía Enrique tenso. Aunque tenía ya mucho tiempo retirado no había perdido la costumbre de defender La Asamblea y sus medidas, porque en gran medida creía en ellas y eran parte de sus ideales. Trató de concentrarse en terminar su almuerzo pero Samantha insistió en este tema, como en todos ya que despertaba en ella una profunda curiosidad. —¿Y cuáles son esas secciones? —preguntó Samantha recostándose de la silla, aprovechándose del tiempo que esperaban por el postre. —Bueno… —enumeró Enrique con ayuda de sus dedos— está Seguridad, Salud, Política, Legisladora y Judicial, Investigación Energética, Educación y Defensa. —¿Legisladora y Judicial son una sola? —cuestionó sorprendida Samantha. —Sí… —asintió Enrique encogiéndose de hombros— solo usamos una sola ley, la Energética, así que no hay mucho que legislar y los casos graves que ameritan ser juzgados también son pocos… —¿Investigación Energética tiene su propia sección? –siguió indagando Samantha mientras daba los primeros mordiscos al flan de Elia. —Así es, en esa sección trabajaba tu tío Anthon —respondió Enrique casi susurrando—, y no solo llevan a cabo todos los estudios científicos, ahí se forman nuestros médicos aunque después trabajen para sección Salud. —Y por una extraña razón son los que custodian todos los archivos de La Asamblea y de todos los Enérgicos —añadió Elia con suspicacia. —Cierto, hasta yo debo conceder que es extraño —dijo Enrique. —Educación es la más importante de las secciones —repuso Elia con orgullo para cambiar el tema—, se encarga de toda la educación Energética; tienen injerencia dentro de la educación Noide para poder identificar los energéticos nacidos de noides. Deben participar en todos los organismos Noides con acceso a niños menores de edad. Tiene una Preparatoria Energética, sobre todo para los huérfanos y los nacidos de Noides y Universidad Energética. Samantha quedo encantada con todo la información y sonrió a Elia, estos nuevos abuelos energéticos le parecían mejores que los anteriores. * * * —Ujum así es —decía Thaly de forma cansina. Samantha le repetía todo lo leído en el día, además de las cosas que sus abuelos le contaban. Nunca se sintió tan conectada con su mamá como en este momento. Thaly sabía todo lo que ella le decía, pero si no accedía a escucharla, pasaría la noche enfurruñada y pasando exasperada las hojas de los libros hasta que Thaly, cansada de sus resoplidos, rodaba los ojos y le preguntaba «¿qué aprendiste hoy?». —Hoy también empezamos a ver las piedras, me costó identificarlas, mi abuela me dio su libro de runas y también tengo que aprender a dibujarlas, no son nada fáciles… —divagaba Samantha explicando las runas. Thaly hacia una cadena de pensamientos, un poco de su trabajo, un poco de La Asamblea, un poco de la universidad y de repente se sintió flotando en el aire a un metro de la cama donde estaba recostada, el libro que sostenía también flotaba a centímetros de su mano, la taza del café de la mañana, los adornos de la mesa, la mesa, la cama misma, las almohadas, las sábanas y Samantha. —¡Mamá, Papá! –Thaly gritó con su cara desfigurada por el horror de lo que aquello significaba. En segundos Elia y Enrique entraron en la habitación frenando en seco al ver la escena. Elia se llevó la mano a su corazón como si se le fuese a salir de la impresión, en cambio Enrique se las llevó a la cabeza, como si el cerebro fuese a explotarle por todo lo que aquello implicaba. Thaly, Samantha y todo lo de la habitación estaba en el aire, incluso Elia y Enrique se comenzaron a sentir más ligeros, por lo que retrocedieron un paso hasta el umbral de la puerta. —¡¿Qué está pasando?! —preguntó Elia desesperada. —No puedo bajarnos, ¡no puedo! —afrimaba Thaly con el ceño fruncido por el esfuerzo que estaba haciendo. Samantha se aferraba a la mesa de noche que flotaba alrededor de ella y temblaba de pies a cabeza con sus ojos humedecidos por el miedo y el desconcierto. —Yo… yo solo… —balbuceaba Samantha. —Calma niñas —ordeno Enrique con seguridad—, hagámoslo juntos a la de tres. Con un asentimiento esperaron el conteo de Enrique y se concentraron los tres adultos en canalizar toda su energía para hacer aterrizar cada objeto. Primero bajaron a Samantha y a Thaly que estaban rozando el techo de la habitación. Ambas quedaron sentadas en la cama, como si no hubiese pasado nada. Por último se dedicaron a bajar todas las demás cosas lo que se hizo más sencillo una vez Samantha se comenzó a calmar. Enrique salió de la habitación corriendo, detrás de él Thaly saltó de la cama y lo siguió. Elia miraba desde el pasillo como ambos revisaban puertas, ventanas, corrieron a la cocina y se escuchaban las puertas abriendo y cerrándose. A los minutos regresaron al cuarto donde Elia aún seguía vigilando y Samantha muy preocupada seguía sentada en la cama. —¿Algo?—preguntó Elia. —Nada —dijo Enrique, jadeando de la carrera. —No entiendo que pasó, pensé que las piedras habían fallado, pero nada —decía Thaly entrando en la habitación con su frente sudada y ceñuda. —¿Qué está pasando?— preguntó Samantha. —A veces, cuando las piedras no son bien almacenadas y están cargadas de energía, pueden causar estas explosiones energéticas… —expuso Elia— también las piedras custodias suelen fallar. —¿Tenemos piedras custodias aquí? —preguntó Samantha. —Las casas de todos los energéticos están rodeadas de piedras custodias para evitar fugas de energía —respondió Enrique. —Pero si hubiesen sido las custodias, hubiese flotado todo en la casa —dijo Thaly buscando una explicación con la vista fija en el piso. —Sí, es verdad —afirmó Enrique con la mirada perdida. —¿Qué más pudo haberlo ocasionado? —insistió Samantha. —Muchas cosas en realidad… —contesó su abuela pues Enrique y Thaly parecían muy concentrados en su propio mundo de hipótesis— algunos niños energéticos pueden jugar con eso solo por diversión. —Pero no hay más familias energéticas por aquí mamá —refunfuñó Thaly. —Sí, por lo que también descartamos que esté ocurriendo una batalla o que haya muerto un energético o que… —Elia miró a Samantha con los ojos abiertos asombrada— un niño este desarrollando sus poderes. Enrique y Thaly voltearon a mirarla. Parecía que habían conseguido dar con una explicación para lo sucedido. Samantha los miraba a todos de hito en hito. Enrique salió de la habitación y se dirigió a la suya con grandes zancadas. —Sami, ¿hay algo que quizás hayas hecho, es decir, no con intención claro, para que…? —preguntó Thaly evitando sonar acusatoria. Samantha negó con la cabeza. Enrique regresó a la habitación con un sensor igual a aquel aparato de André, era el objeto con el que se medían las ondas energéticas. Entonces Samantha titubeó en dar una nueva respuesta sin dejar de mirar a su mamá. —Bueno, yo… pero eso no pudo haber sido… yo solo estornudé. Enrique se sentó al lado de Samantha y le entregó el sensor. Ella ya sabía qué hacer, habían medido varias veces su energía antes de la visita de André, pero había tenido atados sus poderes, por lo que la prueba consistía en que el sensor no hiciese en absoluto nada. Samantha le dio a la pequeña palanca del Sensor, desde la posición Off a On y el sensor brilló con todos los colores, llegándose a colocar de una luz blanca tan intensa que Samantha de la impresión lo dejó caer al piso.
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