Hace 3 años.
—Debby, prométeme que te quedaras aquí— Me decía mi madre con los ojos al borde de las lágrimas. Me decía que me quedara en el sótano. —Por favor Debby, no salgas por ningún motivo— Me rogo, mientras que se escuchaba el fuerte sonido de alguien tocando la puerta con fuerza.
—Lo prometo—Le dije para tranquilizarla —Me quedare aquí, no me moveré, lo juro— le prometí.
El sonido aumento significativamente mientras unos gritos se escuchaban a las afueras de la casa, unos gritos de alguien queriendo entrar. Sentí miedo.
Mi madre me dio un fuerte beso en la frente, y yo seguía sin entender-o tal vez si lo entendía, pero no quería aceptarlo- me miró a los ojos, estos, llenos de tristeza y cerró la puerta del sótano susurrando un "te amo, no lo olvides mi niña."
Cuando cerró la puerta no pude ver nada, estaba yo, la oscuridad y mi madre arriba haciendo quizá qué. Una pequeña luz pude ver. Pequeña luz que se filtraba a través de las tablas de madera del piso. Me acerque a la luz y pude oír que por sobre la superficie de las tablas retumbaban las fuertes pisadas de lo que parecía ser alguien entrando al interior.
Definitivamente esas no son las pisadas de mi madre.
— ¿Dónde está?— se le escucho decir a una voz masculina. Bastante ronca, fuerte y tajante.
—Se ha ido y no volverá jamás— Respondió mi madre con tono firme. Pero sé que en el fondo ella se está desarmando.
—No me mientas maldita perra, ¿Dónde está?— Insistió otra vez aquel hombre con voz más dura. Gritando.
— ¡Te he dicho que se ha ido! ¡Él no volverá nunca más!— Le grito mi madre aún más fuerte.
Hubo un minuto de silencio que él no tardó en romper. — ¿Y la chica? ¿Dónde está ella?— Dijo otra vez, con fuerte voz. Oh, ¿Se está refiriendo a mí?
—Se la ha llevado, se fue con él, no me ha dejado nada— Mi madre le dijo. Sentí como aquel hombre se acercó a mi madre y ella retrocedió algunos pasos.
—Me estas mintiendo— afirmó. Mi corazón latía fuertemente. ¿Qué le harían a mi madre? ¿Qué me harían a mí?
—Es verdad. Me ha quitado todo lo que tenía ¡No me queda nada! Ella se ha ido— Les aseguro mi madre. —Ya no me queda nada por lo que vivir...
Escuché el tintineante ruido de un arma siendo desbloqueada. Aquel sonido que hasta ahora, sólo había escuchado en las películas que pasaban por la televisión. Mi corazón se detuvo, presa del miedo.
—Eso puede arreglarse— dijo el hombre. Mi madre soltó un jadeo y luego se escuchó un disparo. Me tapé la boca con mis manos, tratando de evitar que el grito que ansiaba salir desde el fondo de mi garganta delatara mi posición.
Aquel hombre había asesinado a mi madre.
—Búsquenla— ordenó aquel hombre, mientras que se escuchaban otros pasos recorriendo la casa. Se escucharon ruidos estruendosos y cosas caerse. Lo estaba destrozando todo. Absolutamente todo.
Yo solo seguía llorando en la oscuridad. Me quede en un pequeño rincón del oscuro sótano, sollozando. Me agache para luego abrazar mis piernas y llorar en silencio. Rogando porque no me encontraran.
Un paso se escuchó arriba de la puerta del sótano. Me asusté, pero luego este siguió de largo. Luego volvió a pisar. Esta vez con más fuerza.
—Hay algo aquí abajo— dijo otro hombre de voz desconocida.
Oh no.
Sentí como el hombre arrastraba la alfombra que se encontraba arriba de mi escondite y la quitaba de ahí. La luz se hizo más presente cuando abrieron la puerta del sótano.
—Esta oscuro aquí, no veo ni una mierda— dijo aquel hombre. Yo lo veía perfectamente, pero al parecer él no a mí y era algo que agradecía por el momento. Estaba en un rincón alejado, oscuro y agachada abrazando mis piernas. —Pásame una linterna o algo.
Otro hombre desconocido le pasó una linterna al otro hombre ¿Cuántos hombres había aquí? Mi corazón se aceleró cuando la linterna empezó a escanear todas las partes del oscuro sótano. Puse mi cabeza en mis piernas y cerré los ojos fuertemente mientras más lágrimas caían por mis mejillas. No quería ver.
Aunque no podía ver nada sentí como la luz de la linterna había caído en mí.
—La hemos encontrado— Dijo la tenebrosa voz —Encontramos a la pequeña.
El ahora.
Había cambiado totalmente. La vida me había puesto muchas piedras en mi camino. Había caído muchas veces, como también muchas veces me había levantado.
Las piedras del pasado me dañaron completamente. Insultos, golpes y cosas que una niña nunca debió haber visto. Tuve que convertirme en una mujer a muy temprana edad.
Pero también me di cuenta de que el infierno en el que se me había puesto sometida, apenas estaba comenzando.
Demian Saint
Mis ojos se abrían gracias a la pequeña luz que entraba a través de la cortina chocando contra mis ojos. Abriéndolos perezosamente poco a poco los entalle con una de mis manos y luego bostece. j***r ¿Qué hora es? Miro a mi alrededor y veo el reloj en mi mesa de noche. Son las 11:30 a.m. y tengo un jodido dolor en la cabeza.
Destapo mi cuerpo para levantarme y me percato de que al lado de mi cama... ¿Esta es mi cama? Realmente no importa. Hay una chica rubia ¿Cuál era su nombre? Ni siquiera lo recuerdo. Sólo me acuerdo que mientras teníamos sexo, gemía tan fuerte que perfectamente podrían haberse confundido sus gemidos con gritos de dolor. Aunque ambos sabemos que no era dolor lo que le estaba provocando en ese momento.
Más despabilado me levanto de la cama para buscar mi ropa. Pongo mi bóxer y mientras voy caminado encuentro más de mis prendas de vestir esparcidas por el piso. Las recojo y veo que la chica empieza a despertarse.
Mierda, pienso. No quiero ligar con tipas pesadas ahora. La chica desconocida se sienta en la cama y puedo ver su rostro con todo su maquillaje corrido. Sus grandes ojos azules mirándome, aún adormilados.
— ¿Te vas tan pronto?— Ella pregunta tratando de parecer sexy en la mañana. Cariño, no estás en esa posición.
—Si— Le respondo cortante. Me pongo mis pantalones oscuros y mi playera gris.
—Demian...— Dice la rubia mientras giro la perilla para salir de la habitación. Realmente no quiero escucharla y cierro la puerta detrás de mí, dejándola sola en la habitación.
Realmente no siento algún remordimiento al respecto. Las chicas que se meten conmigo saben que es solo por una noche, no deben hacerse ilusiones conmigo.
Sólo es sexo y ya.
No hay sentimientos involucrados, no hay amor. Sólo placer. ¿Es tan difícil entender? No quiero ninguna enfermiza relación de amor.
Me ubico mejor en donde estoy. Claro, estoy en la casa de Steven. Su fiesta de ayer fue salvaje, ya lo recuerdo. Ha medida que voy observando el lugar me doy cuenta del horrible desorden en la casa del chico. Está hecha una total desastre: vasos rojos en todas partes, colillas de cigarrillos y m*******a, gente en los suelos y manchas en las alfombras.
Paciencia hay que tener para hacer grandes fiestas y luego tener que limpiarlo todo, pienso.
El teléfono empieza a vibrar en mi pantalón y mientras abro la puerta para salir de ahí es que contesto.
— ¿Qué pasa, Ryan?— Le digo a mi mejor amigo mientras saco las llaves de mi moto. Mi más preciado tesoro.
—Hey tío, suenas cabreado, ¿Qué pasa? ¿Cómo estuvo la fiesta de anoche?—me pregunta mi amigo en una risa burlona.
—Estuvo de escándalo, no recuerdo nada— Admití con una sonrisa y un dolor repentino de cabeza. Bebí demasiado.
— ¿A cuántas?— Inquirió obvio. Me reí.
—Solo a una por esta vez.
— ¿Estas en rehabilitación, Saint?— Me molesta mi amigo. No era normal para mí estar solo con una en una fiesta. Como mínimo quizás unas tres, y dependía si eran todas a la vez o por separado.
— ¿Solo vas a molestarme?— Le pregunte más o menos serio. —No creo que me hayas contactado solo para preguntarme si me tire a alguien o no.
—Hoy hay una carrera, cerca del puente ¿te apuntas?— Pregunta. Él sabía exactamente mi respuesta.
Domingo de carreras de motos clandestinas.
Encendí la moto y esta emitió un fuerte rugido
—Me apunto— Dije con decisión.
Abre paréntesis.
Perdonen que esta fanfic sea tan machista. Hasta a mi me molesta que Harry sea tan mujeriego y que utilice y se refiera a las mujeres de esta forma. Pero no se preocupen, lo haré sufrir para que pague.
Fin del paréntesis.
uerta no pude ver nada, estaba yo, la oscuridad y mi madre arriba haciendo quizá qué. Una pequeña luz pude ver. Pequeña luz que se filtraba a través de las tablas de madera del piso. Me acerque a la luz y pude oír que por sobre la superficie de las tablas retumbaban las fuertes pisadas de lo que parecía ser alguien entrando al interior.
Definitivamente esas no son las pisadas de mi madre.
— ¿Dónde está?— se le escucho decir a una voz masculina. Bastante ronca, fuerte y tajante.
—Se ha ido y no volverá jamás— Respondió mi madre con tono firme. Pero sé que en el fondo ella se está desarmando.
—No me mientas maldita perra, ¿Dónde está?— Insistió otra vez aquel hombre con voz más dura. Gritando.
— ¡Te he dicho que se ha ido! ¡Él no volverá nunca más!— Le grito mi madre aún más fuerte.
Hubo un minuto de silencio que él no tardó en romper. — ¿Y la chica? ¿Dónde está ella?— Dijo otra vez, con fuerte voz. Oh, ¿Se está refiriendo a mí?
—Se la ha llevado, se fue con él, no me ha dejado nada— Mi madre le dijo. Sentí como aquel hombre se acercó a mi madre y ella retrocedió algunos pasos.
—Me estas mintiendo— afirmó. Mi corazón latía fuertemente. ¿Qué le harían a mi madre? ¿Qué me harían a mí?
—Es verdad. Me ha quitado todo lo que tenía ¡No me queda nada! Ella se ha ido— Les aseguro mi madre. —Ya no me queda nada por lo que vivir...
Escuché el tintineante ruido de un arma siendo desbloqueada. Aquel sonido que hasta ahora, sólo había escuchado en las películas que pasaban por la televisión. Mi corazón se detuvo, presa del miedo.
—Eso puede arreglarse— dijo el hombre. Mi madre soltó un jadeo y luego se escuchó un disparo. Me tapé la boca con mis manos, tratando de evitar que el grito que ansiaba salir desde el fondo de mi garganta delatara mi posición.
Aquel hombre había asesinado a mi madre.
—Búsquenla— ordenó aquel hombre, mientras que se escuchaban otros pasos recorriendo la casa. Se escucharon ruidos estruendosos y cosas caerse. Lo estaba destrozando todo. Absolutamente todo.
Yo solo seguía llorando en la oscuridad. Me quede en un pequeño rincón del oscuro sótano, sollozando. Me agache para luego abrazar mis piernas y llorar en silencio. Rogando porque no me encontraran.
Un paso se escuchó arriba de la puerta del sótano. Me asusté, pero luego este siguió de largo. Luego volvió a pisar. Esta vez con más fuerza.
—Hay algo aquí abajo— dijo otro hombre de voz desconocida.
Oh no.
Sentí como el hombre arrastraba la alfombra que se encontraba arriba de mi escondite y la quitaba de ahí. La luz se hizo más presente cuando abrieron la puerta del sótano.
—Esta oscuro aquí, no veo ni una mierda— dijo aquel hombre. Yo lo veía perfectamente, pero al parecer él no a mí y era algo que agradecía por el momento. Estaba en un rincón alejado, oscuro y agachada abrazando mis piernas. —Pásame una linterna o algo.
Otro hombre desconocido le pasó una linterna al otro hombre ¿Cuántos hombres había aquí? Mi corazón se aceleró cuando la linterna empezó a escanear todas las partes del oscuro sótano. Puse mi cabeza en mis piernas y cerré los ojos fuertemente mientras más lágrimas caían por mis mejillas. No quería ver.
Aunque no podía ver nada sentí como la luz de la linterna había caído en mí.
—La hemos encontrado— Dijo la tenebrosa voz —Encontramos a la pequeña.
El ahora.
Había cambiado totalmente. La vida me había puesto muchas piedras en mi camino. Había caído muchas veces, como también muchas veces me había levantado.
Las piedras del pasado me dañaron completamente. Insultos, golpes y cosas que una niña nunca debió haber visto. Tuve que convertirme en una mujer a muy temprana edad.
Pero también me di cuenta de que el infierno en el que se me había puesto sometida, apenas estaba comenzando.
Demian Saint.
Mis ojos se abrían gracias a la pequeña luz que entraba a través de la cortina chocando contra mis ojos. Abriéndolos perezosamente poco a poco los entalle con una de mis manos y luego bostece. j***r ¿Qué hora es? Miro a mi alrededor y veo el reloj en mi mesa de noche. Son las 11:30 a.m. y tengo un jodido dolor en la cabeza.
Destapo mi cuerpo para levantarme y me percato de que al lado de mi cama... ¿Esta es mi cama? Realmente no importa. Hay una chica rubia ¿Cuál era su nombre? Ni siquiera lo recuerdo. Sólo me acuerdo que mientras me la follaba gemía tan fuerte que perfectamente podrían haberse confundido sus gemidos con gritos de dolor. Aunque ambos sabemos que no era dolor lo que le estaba provocando en ese momento.
Más despabilado me levanto de la cama para buscar mi ropa. Pongo mi bóxer y mientras voy caminado encuentro más de mis prendas de vestir esparcidas por el piso. Las recojo y veo que la chica empieza a despertarse.
Mierda, pienso. No quiero ligar con tipas pesadas ahora. La chica desconocida se sienta en la cama y puedo ver su rostro con todo su maquillaje corrido. Sus grandes ojos azules mirándome, aún adormilados.
— ¿Te vas tan pronto?— Ella pregunta tratando de parecer sexy en la mañana. Cariño, no estás en esa posición.
—Si— Le respondo cortante. Me pongo mis pantalones oscuros y mi playera gris.
—Demian...— Dice la rubia mientras giro la perilla para salir de la habitación. Realmente no quiero escucharla y cierro la puerta detrás de mí, dejándola sola en la habitación.
Realmente no siento algún remordimiento al respecto. Las chicas que se meten conmigo saben que es solo por una noche, no deben hacerse ilusiones conmigo.
Sólo es sexo y ya.
No hay sentimientos involucrados, no hay amor. Sólo placer. ¿Es tan difícil entender? No quiero ninguna enfermiza relación de amor.
Me ubico mejor en donde estoy. Claro, estoy en la casa de Steven. Su fiesta de ayer fue salvaje, ya lo recuerdo. Ha medida que voy observando el lugar me doy cuenta del horrible desorden en la casa del chico. Está hecha una total desastre: vasos rojos en todas partes, colillas de cigarrillos y m*******a, gente en los suelos y manchas en las alfombras.
Paciencia hay que tener para hacer grandes fiestas y luego tener que limpiarlo todo, pienso.
El teléfono empieza a vibrar en mi pantalón y mientras abro la puerta para salir de ahí es que contesto.
— ¿Qué pasa, Ryan?— Le digo a mi mejor amigo mientras saco las llaves de mi moto. Mi más preciado tesoro.
—Hey tío, suenas cabreado, ¿Qué pasa? ¿Cómo estuvo la fiesta de anoche?—me pregunta mi amigo en una risa burlona.
—Estuvo de escándalo, no recuerdo nada— Admití con una sonrisa y un dolor repentino de cabeza. Bebí demasiado.
— ¿A cuántas de tiraste?— Inquirió obvio. Me reí.
—Solo a una por esta vez.
— ¿Estas en rehabilitación, Saint?— Me molesta mi amigo. No era normal para mí tirarme solo a una en una fiesta. Como mínimo quizás unas tres, y dependía si eran todas a la vez o por separado.
— ¿Solo vas a molestarme?— Le pregunte más o menos serio. —No creo que me hayas contactado solo para preguntarme si me tire a alguien o no.
—Hoy hay una carrera, cerca del puente ¿te apuntas?— Pregunta. Él sabía exactamente mi respuesta.
Domingo de carreras de motos clandestinas.
Encendí la moto y esta emitió un fuerte rugido
—Me apunto— Dije con decisión.
Abre paréntesis.
Perdonen que esta historia sea tan machista. Hasta a mi me molesta que Demian sea tan mujeriego y que utilice y se refiera a las mujeres de esta forma. Pero no se preocupen, lo haré sufrir para que pague.
Fin del paréntesis.