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4160 Words
Jiho suspiró cansando cuando vio aquella enorme puerta de roble claro, la cual había traspasado en varias ocasiones y jamás era un gusto para él el hacerlo. Ese día tenía junta con los reinos hermanos, para hablar un poco sobre los lazos que se han formado con el tiempo y las actas, a sí mismo, de las preocupaciones que se mantuvieran sobre aquellos reinos que no pertenecieran a ese grupo más. Realmente esas reuniones no eran negativas, tenía una buena relación con los reyes que pertenecían al grupo, pero sabía que el tema de conversación principal sería el inconveniente que tuvo con el reino de Gwangju, algo de lo que prefería no hablar. ―Mi rey, es hora de entrar―habló Jung Doyun, quien era su chofer y un amigo personal, quien le miraba con una pequeña sonrisa comprensiva, ya que era sabedor de todo lo que había pasado en los últimos días. Días, porque habían pasado tres días desde aquel acontecimiento, en el que Jiho había estado algo ocupado, como para poder mantenerse al lado de Haneul y actualizarlo sobre todo lo que había pasado desde su desaparición. Solo se veían por las noches, pero el alfa se encontraba dormido por los medicamentos nocturnos que debe consumir para recuperarse. ― ¿Puedo dar media vuelta e irme? Sinceramente lo último que quiero hacer es entrar a ese lugar―dijo con un pequeño puchero, acomodando las mangas de su camisa blanca, en acto de nerviosismo. ―Si por mí fuera dejaría que te fueras, mi rey. Pero como no es algo que entre en mis elecciones, pues te recomendaría que entraras, no creo que les haga mucha gracia el que no se presente. Doyun hablaba más formal de lo normal porque se encontraban algunos alfas de la tropa de Ulsan, en donde se había llevado a cabo la reunión. Suspiró y cerró los ojos unos segundos, volviéndolos a abrir mientras colocaba ambas manos sobre las perillas de la puerta, abriendo las de par en par para poder entrar. ―Lamento mucho la tardanza―se disculpó mientras hacía una reverencia, los reyes de otros pueblos levantándose de sus asientos para devolverle la reverencia, como hacían con todos los reyes del grupo. Jiho tomó la silla que se encontraba libre, tragándose sus nervios y manteniéndose sereno ante la situación, colocando sus mano sobre su regazo. ―No se preocupe, rey Park. Igualmente no habíamos comenzado―le sonrió el rey de Ulsan mientras se sentaba, haciendo que se sintiera más tranquilo. ―Bueno, sabemos que estas reuniones normalmente son para actualizarnos sobre los procesos de exportación entre nuestros reinos y los frutos que nuestra unión ha brindado a estos, pero en esta oportunidad me gustaría que conozcamos un poco más de la situación por la cual Busan pasó hace algunos días. Si les parece el tema que ofrezco. Jiho suspiró con algo de cansancio, pero era algo que no podía evitar, ya que conocía que había sido algo público y que causó daños en su reino. No podía molestarse con el rey de Daegu, ya que tenían una buena relación. Sabía que su petición no había sido realizada con malicia, sino, con real preocupación. ―Yo también estoy de acuerdo ¿Lo están los demás? ―accedió el rey de Ulsan, quien tenía el control de la reunión ese día, ya que se encontraban en su reino. Todos asintieron ante sus palabras, mirando a Jiho con atención. ―Bueno, como ustedes conocen recientemente el reino de Busan mantuvo una disputa con el reino de Gwangju. Uno en donde la muerte del príncipe de dicho reino fue entregada como muestra de la seriedad y compromiso ante la seguridad de mi reino. Todos asintieron. ―Hace cinco años atrás, el reino de Gwangju realizó una emboscada maliciosa junto al reino de Anju para dar una desventaja a mi reino, siendo resultado de esto el haber perdido a cuatro de nuestros alfas de calibre de la tropa, uno de ellos la mano derecha de mi difunto padre, que en paz descanse. ―Que en paz descanse. ―El difunto príncipe de este reino fue advertido por mi parte, ya que sus acciones e intenciones eran amenazadoras contra mi reino y mi persona. Por lo que se habló con el rey Lee sobre las consecuencias que esos comportamientos tendrían si se seguían presentando, siendo la muerte de su hijo uno de los postulados. Todos asintieron en muestra de recordar aquello postulado, ya que justo después de romper lazos con aquel reino, Jiho presentó al grupo todo aquello que habían discutido, presentando la firma de ambos. ―Ayer el difunto príncipe atacó mi reino, atentando contra la vida de mi pueblo y el mío, por lo que requerimos de la ayuda a algunos alfas de Daegu, de lo cual estoy sumamente agradecido―dijo dirigiéndose al rey presente, quien le sonrió. ―Descubrimos en medio de las ejecuciones con la guillotina que uno de los alfas de calibre que creímos muertos, había sido secuestrado por aquella tropa, se mantenía vivo y había logrado escapar de aquel reino. Jiho terminó de narrar, no quería dar demasiados detalles, por lo que se quedaría hasta ahí. Aunque sabía que los mayores querrían saber más. ―Comprendo, nos enteramos de lo sucedido y como reinos hermanos comprendemos la situación y brindaremos nuestra ayuda para recuperar los elementos dañados dentro de su pueblo, según me informaron no fueron demasiados―Jiho asintió. ―Me gustaría saber la identidad del alfa encontrado. Jiho tragó duro, pero no se mostró alterado por la petición. ―Es Min Haneul, el alfa que fue mano derecha de mi padre durante algunos años. Los reyes abrieron los ojos con sorpresa, ya que el nombre del alfa no era precisamente desconocido para ellos. En el grupo se encontraban, tanto reyes jóvenes y algunos mayores, los jóvenes siendo educados sobre la información importante que se compartía en el reino, siendo la muerte de ese alfa en específico algo que marcó un antes y un después en el reino de Busan. ―Oh, es el alfa que lo acompañaría en su reinado ¿No es así? ―preguntó con la mayor precaución posible el rey de JeonJu. Jiho parpadeó rápidamente con disconformidad, pero manteniéndose tranquilo. ―Sí, es él. No quiero que tomemos su retorno como algo que afectará el reinado del pueblo, ya que él no se encuentra en condiciones de si quiera considerar el pertenecer a la realeza. Mi prioridad es ayudarlo a recuperarse, no proclamarlo mi alfa de compañía. La frase de “alfa de compañía” era algo diferente para todos los presentes, los cuales eran únicamente alfas. El omega de compañía era lo que normalmente se usaba en la realeza, pero sabían que con el rey Jiho todo era diferente. ―Comprendemos, queríamos estar al tanto de la situación, ya que el reino de Gwangju siempre ha mostrado rivalidad desde que fue expulsado de la hermandad entre reinos, por lo que estábamos interesados en el desenlace del problema. El rey de Busan asintió con tranquilidad al ver que el tema de conversación se había desviado de su reino, por lo que pudo relajarse ante los terribles nervios que había sentido antes de llegar. Estaba consciente de que lo que había hecho no era algo malo, pero igualmente no quería que lo cuestionaran más de lo debido o lo agobiaran por la noticia de que el alfa destinado a acompañarlo en su reinado ha aparecido nuevamente. La reunión con la hermandad fue tranquila, todos despidiéndose, planeando que la próxima reunión en el siguiente mes sería en el reino de Busan. Jiho sonrió cuando pudo sentarse en el asiento trasero del vehículo, pasando sus manos sobre su rostro para quitar la pereza. Se quitó su corona y la dejó sobre su regazo, sonriendo cuando Doyun se subió en el asiento del conductor, dando marcha. El automóvil iba custodiado por muchos guardias en caballo, por lo que el camino para el rey era seguro. ― ¿Se encuentra mejor, mi rey? ―preguntó con una sonrisa el mayor mientras veía por el retrovisor. ―Ya no es necesario que seas tan formal, hyung. Ya no estamos frente a nadie―Doyun asintió, manteniendo la vista sobre el camino, para garantizar un viaje seguro. ―Estaba asquerosamente nervioso, pero las cosas no han salido mal, pero no sé qué tan bueno es que los demás reinos sepan de la vuelta de Haneul. El beta rubio asintió, comprendiendo totalmente. ―Sabes que nadie puede ejercer presión sobre ti y tus decisiones más, mucho menos sobre un tema del cual todos los reinos han sido notificados. Así que no te angusties por eso. Jiho suspiró mientras veía por la ventanilla, mordiéndose el labio inferior. ―Creo que su regreso puede significar algo bueno para ambos ¿No? ―Claro que significa algo bueno, Doyun. Él fue mi mejor amigo desde que éramos pequeños y es mi amor platónico desde los trece. Además de que sería mi alfa de compañía. Sabes que su muerte me dolió muchísimo. El beta sonrió pequeño, siendo más una sonrisa triste que de felicidad. No llevaba tanto tiempo conociendo al rey, de forma íntima, pero los meses que habían interaccionado como amigos le había hecho saber que Jiho era una gran persona, un joven omega que ha tomado un cargo sumamente importante. Solo tenía veintiún años, pero era capaz de lograr grandes cosas, claramente fruto de grandes sacrificios. ―Lo sé, sé que has pasado por mucho desde ese entonces, pero creo que esto es algo bueno para ambos, en cuanto a sus lobos. Jiho suspiró mientras colocaba una mano sobre su pecho, sintiendo un pequeño punzón. Su omega realmente no tenía intenciones de interactuar nuevamente con él, por lo que no estaba seguro de nada. ―Creo que sí, pero ambos tenemos a nuestros lobos escondidos y sin ganas de dar presencia, así que no sé de qué tanta ayuda podemos ser para el otro. Sabiendo el animal interior que estaban hablando de él, causó un pequeño dolor en el pecho del humano, quien se quejó bajo, ya que no era la primera vez. ―Sabes que tu lobo fue domado por completo, no le diste ninguna oportunidad para dar presencia y por eso es por lo que ahora no tiene intenciones de salir. Lo has disciplinado demasiado y ambos lo sabemos. Eso realmente no hizo que el dolor dejara de aparecer, aunque sabía que eso no era culpa de su lobo, sino de su propia carga moral. No le interesaban muchas cosas en la vida, ya que se había forzado a no sentirlo realmente, pero su lobo era algo que sí le afectaba. ―Bueno, que pase lo que tenga que pasar―dijo Jiho suspirando, acomodándose en el asiento para poder dormir un rato. Ya que tenía algunas cosas que resolver con Haneul en su llegada. Ese día quería pasársela solamente con el alfa, saber qué es lo que había pasado realmente y si cabía la posibilidad de que los otros alfas atacados de la tropa estuvieran con vida. Realmente no lo consideraba tanto, ya que si fuera así, Haneul lo hubiera comentado en sus primeros días de estabilidad. Igualmente quería saber. También implicaba el hecho de que se sentía totalmente a gusto con el mayor a su lado, ambos hablando tranquilamente, como hacían años atrás. Era algo que había extrañado en esos cinco años, por lo que quería tener una excusa para pasar toda la tarde con él. ―Me sorprende escuchar esas palabras de tu boca, Haneul―dijo el mayor, interrumpiendo los pensamientos del rey. Pero sin abrir los ojos. ―No lo esperaba del calculador Jiho, a quien no le gusta dejar su vida a la deriva. Jiho soltó una pequeña risa, pensando en que si nada de eso hubiera ocurrido, probablemente sería el mismo, quien mantenía un estricto horario sobre sus quehaceres y mandatos como rey. ―Ahora ya no sé cómo llevar las cosas en orden, hyung. Créeme que esto es algo que se sale de mis manos, después de todo sigo siendo humano. A Jiho le encantaría tener ese pensamiento de sí mismo y su humanidad presente todo el tiempo, pero cuando era hora de presionarse a sí mismo, no tomaba en cuenta esa variable. ―Lograrás encontrar un orden, Jiho. Siempre lo haces. •••     Sonrió pequeño mientras veía al pequeño niño correr con varias mantas en sus manos, sabiendo que estaba ayudando a su madre, la cual era una de las sirvientas. Se encontraba bastante aburrido, si era sincero. Toda la vida había sido alguien bastante activo, cumpliendo con las tareas y actividades que la tropa de Busan le exigía, siendo algo que complementaba su día de forma satisfactoria, sintiéndose útil. Claramente las cosas habían cambiado cuando fue raptado, pero igualmente intentaba distraer su mente para no pensar en la mierda que se había vuelto su vida en aquel entonces. Se sentía sumamente agradecido con la diosa Luna por haberse salvado, pero eso no eliminaba todos los recuerdos espantosos que había formado en Gwangju. El niño detuvo su recorrido cuando notó su presencia, lo que lo hizo detenerse de golpe para verlo con temor, al menos eso era lo que lograba descifrar de esos pequeños ojos almendrados. Se sintió un poco mal con la mala mirada, por lo que intentó acercarse lentamente el niño, pero este chillo y salió corriendo. Apretó la mandíbula con vergüenza, dando el paso hacia atrás. Se encontraba en el marco de la puerta de la habitación de Jiho, ya que se la pasaba encerrado casi todo el día ahí. Comprendía que debía sanar sus heridas y consumir el medicamento, igualmente salía de vez en cuando. No comprendía por qué los sirvientes y empleados huían de él, como si fuera alguien malvado. Sabía que muchos de los que se encontraban ahí sabían de su historia, otros no, pero igualmente no había hecho algo que les infundiera miedo. El día en que el reino fue atacado por la tropa contraria, él se había mantenido escondido en todo el ataque, solo uniéndose al grupo cuando fueron a proteger al ex príncipe del reino, se coló entre los atacantes y recibió la paliza de su vida cuando los alfas de la tropa de Busan lo atraparon. Todo el dolor físico había valido la pena, pero por eso mismo no comprendía el por qué todos le temían. Suspiró con cansancio e hizo el movimiento de entrar a la habitación, pero una mano sobre su muñeca lo hizo detenerse, viendo el rostro sonriente de Yejun. ― ¿Quieres algo de compañía? Debe ser aburrido mantenerte todo el día aquí solo―Haneul sonrió pequeño y asintió, dejando un espacio para que el omega entrara, cerrando la puerta detrás de él. Yejun se sentó en el borde de la cama, colocando sus manos sobre su regazo. ― ¿Cómo te has sentido, hyung? Sé que algunas de las medicinas que te han recetado son bastante fuertes―Haneul se sentó frente a él, asintiendo. ―Paso la mayoría del tiempo durmiendo y el poco tiempo que me mantengo despierto me aburro mucho―dijo con algo de pena, intentando no demostrar realmente lo que sentía. ―No me estoy quejando, realmente prefiero esto mil veces más que permanecer en el otro reino, pero te lo comento. Yejun asintió en comprensión, dándole una sonrisa empática. ―Juwon me comentó lo que había pasado, realmente creo que has sido muy fuerte en todos estos años, yo realmente me hubiera muerto―dijo con una sonrisa apenada. ―Definitivamente Jiho y tú son de las personas más fuertes que he conocido. Haneul sonrió enternecido ante esas palabras de su menor, definitivamente algunas palabras de aliento después de tanto tiempo habían conseguido animarle. ―Te lo agradezco, pero tú no te quedas atrás, has hecho que la granja y las cosechas de tus padres prosperaran y gracias a ti ahora viven en el centro del pueblo. Además que has aguantado una flecha que casi te mata desangrado―dijo con una sonrisa, haciendo que el menor suspirara. ―Creo que este lugar está lleno de valientes, eso es algo bueno. Yejun suspiró con tranquilidad, viendo de reojo los brazos de Haneul, los cuales estaban llenos de marcas. ―No le hagas caso a lo que dicen, hyung. Los empleados solamente están algo asustados. Haneul levantó la mirada con duda, como si el chico hubiera leído sus inseguridades. ―También hablaron de mí cuando comencé a salir con Juwon, ya sabes, el granjero de la cuidad con un alfa de calibre como él. Después de que Jiho me presentara como su compañía, dejaron de hablar cosas malas de mí y tuve la oportunidad de conocerlos mejor, ahora nos llevamos bien. ― ¿Cómo sabes que eso me está molestando? No soy una persona transparente―dijo con algo de confusión, pero agradecido igualmente. ―Porque eres más transparente de lo que crees, además, es algo por lo que yo también tuve que pasar, pero entiendo que contigo sea peor, debido a lo que pasó. En ese momento la puerta se abrió, mostrando el rostro de Jiho asomarse, el cual sonrió al verlos juntos. ― ¡Jiho! Por fin has regresado―dijo Yejun animado, haciendo que su sonrisa se contagiara a los presentes. ―Dos días de viaje no es poco, realmente estoy muerto del sueño―dijo mientras entraba a su alcoba, quitándose su abrigo para poder dejarlo en la cesta para lavar, quitándose los zapatos después. ―Lo sabemos, debes descansar todo el día, lánzate sobre la cama―invitó el menor, dándole espacio para que su mejor amigo se lanzara sobre el colchón, riendo cuando lo hizo. ― ¿Cómo te fue en la reunión? ¿Hubo algún problema con los reinos hermanos? ―preguntó Haneul por primera vez, ya que se había quedado admirando la ropa formal que Jiho tenía puesta ese día. Jiho se elevó ligeramente, quitándose el cinturón. ―Por fortuna entendieron que mis acciones tenían justificación, además que en los acuerdos estaban estipuladas las consecuencias de la desobediencia de Lee, así que todo en orden. Tanto Haneul como Yejun sonrieron aliviados por la noticia. ― ¿No te cuestionaron tu puesto en la realeza? Ya sabes, intentar que Haneul se vuelva el alfa rey y tú su acompañante―preguntó Yejun sin temor, ya que el buen humor denotaba que no había ocurrido nada malo. ―No lo han hecho, saben que esto fue estipulado desde antes de mi coronación, por lo que ellos no tienen voz ni voto en esto. Si yo quisiera cambiar algo, lo puedo hacer, pero ellos no pueden decirme nada. Yejun asintió ante la respuesta, manteniéndose un momento callado, notando que tanto su mejor amigo como el alfa se veían de una forma peculiar. Era la quinta rueda del automóvil, por lo que sería mejor el salir. ―Bueno, iré a buscar a Juwonie, creo que su turno ha terminado―Jiho miró a su mejor amigo con una sonrisa, tendiéndole la mano para que le diera un apretón amistoso. ―Nos vemos mañana, Yejunie, toma tus medicamentos y descansa mucho―el castaño asintió mientras daba una pequeña reverencia, para poder retirarse. ―Gracias por la compañía y por tus palabras, lo aprecio mucho―dijo Haneul antes de que el castaño se fuera, haciendo que el omega sonriera y terminara de despedirse, saliendo de la alcoba. Jiho suspiró y se levantó de la cama, para encaminarse a su armario y sacar su pijama. Aún era algo temprano, pero no le interesaba. ―Lamento mucho el que tengas que quedarte en mi alcoba encerrado, espero que los avances en tu salud sean rápidos para que puedas salir, hyung. Haneul sonrió y negó, aún cuando el menor estaba de espaldas y no podía verlo. ―No te preocupes, entiendo que debo recuperarme lo mejor posible. Igualmente paso la mayoría del tiempo dormido, no llego a aburrirme demasiado. Jiho asintió y se acercó a la cama, colocando tanto su pijama como la de Haneul sobre el colchón. ―Mañana podemos salir un rato, dar una vuelta por el jardín trasero―intentó darle una sonrisa confortante, entregándole las prendas. ―La próxima semana podemos ir a visitar a tus padres y hermanos, les notifiqué que iría a visitarlos próximamente y ellos estaban muy contentos. No saben la sorpresa con la que se toparán. Haneul sonrió emocionado, tenía muchas ganas de verlos y que ellos supieran que estaba bien, que en ese momento se encontraba bien. ―Me encantaría, gracias por la oportunidad. Jiho sonrió y dejó un pequeño beso en la mejilla pálida, encaminándose al baño para poder colocarse su pijama. Desde que eran pequeños solían tener esos detalles cariñosos son problemas, besitos en la mejilla o en la nariz, era algo bastante común para ellos. Claramente se ponían bastante nerviosos, ya que su amistad no opacaban sus sentimientos por el otro, pero igualmente era algo que no podían evitar. Jiho salió del baño con su pijama de seda, ayudando a Haneul a colocarse el ungüento en las heridas que no podía alcanzar. Su brazo había sanado con los días, siempre presentaba un poco de dolor al levantar mucho los brazos, pero no se comparaba en absoluto al dolor de tenerlo dislocado. ―Bien, estaba pensando en que podemos quedarnos hoy aquí, escuchar algo de música y dormir ¿Te parece bien? Haneul asintió, acomodándose en el que se había convertido en su lado de la cama. Jiho colocó la música en el tocadiscos, colocando su disco favorito. Apagó las luces de la habitación y al dejar la ventana con las cortinas abiertas, la luz entraba. Bajando al mismo tiempo que el resplandor del sol. El omega se acomodó sobre el colchón, quedando con su cabeza sobre el pecho del alfa, siendo muy cuidadoso con sus movimientos. Haneul sonrió y pasó un brazo por la cintura del menor, abrazándolo de vuelta. ―Cuando mejores, podrías retomar tu trabajo como mano derecha conmigo. No estoy seguro si podrías volver a la tropa, sinceramente no me gustaría que lo hicieras, pero todo es bajo tu elección. Haneul suspiró mientras acariciaba descuidadamente la cintura del menor, pensando. ―Tienes razón, definitivamente volver a la tropa no es algo que me haga bien, definitivamente no. Jiho asintió, acariciando el cuello del alfa. ―Cuando mejores, puedes darte una vuelta por el castillo, conocer a algunos de los empleados y encontrarás el puesto que deseas cumplir. Eso hizo que el alfa recordara su conversación con Yejun, por lo que se mordió el labio inferior sin tanta fuerza. ―No creo que los empleados quieran conocerme, me tienen miedo. Eso hizo que Jiho levantara la cabeza con el ceño fruncido, viendo al mayor a los ojos. ― ¿Por qué dices eso? ¿Te han dicho algo malo? El alfa negó levemente, acariciando los cabellos de Jiho, para que se acomodara nuevamente sobre su pecho. ―Solamente no son muy buenos disimulando, cuando no estás dejan mi comida en la puerta y a veces ni siquiera tocan la puerta para saber que está ahí. Asusté a un niño con tan solo dar un paso y dos sirvientas cuchichearon sobre la cicatriz de mi hombro. Pero nada grave. Jiho bufó con molestia por aquellas palabras, sabiendo que eso era totalmente impermisible, en especial cuando las personas del castillo sabían lo que había pasado con Haneul en primer lugar. ―Hablaré con ellos, eso no es correcto―su voz expresó su molestia, por lo que Haneul lo abrazó. ―Independientemente de quién seas, si te he dejado quedarte aquí es porque tienes permitido hacerlo y no has cometido nada malo. Pasó lo mismo con Yejun y eso que él solo veía a visitar a Juwon. Haneul sonrió al escuchar la voz firme del menor, ya que eso le había hecho recordar los tiempos en los que ambos eran más pequeños y el menor temía en hacer su voz demasiado dura o alzar la voz.  Había cambiado mucho y eso le gustaba. ―No te preocupes, ellos saben que yo estaba con el reino contrario, es normal que me teman. No los riñas. El omega asintió para tranquilizar al mayor, pero no tenía intenciones de quedarse callado, claramente diría algo al respecto. ― ¿Por qué no dormimos un poco? Mis medicamentos me ponen muy tonto y el ambiente no me ayuda a mantenerme despierto. El omega rio bajito y asintió, estirando su cuello para dejarle un pequeño beso en la mandíbula, retomando su lugar en el pecho del mayor. Haneul sonrió y dejó un beso en su frente, acomodándose para dormir. El calor corporal y el olor natural del contrario siempre sería un perfecto somnífero, ambos durmiendo con el corazón y el alma cálidos.    
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