Ella El silencio del departamento ya no pesa igual después de escuchar un corazón latir. Todavía lo tengo metido en el cuerpo, como un eco que no se va. El sonido es pequeño, rápido, insistente. No se parece a nada que haya escuchado antes, y sin embargo ahora lo reconozco como si siempre hubiera estado ahí, esperando que yo me detuviera a oírlo. Ayer Noah estaba a mi lado cuando pasó, me tomó la mano, compartió las sensaciones conmigo. Hoy llega otra vez. No trae flores ni gestos simbólicos. Trae bolsas de supermercado. Varias. Demasiadas. Se queda parado en la puerta cuando abro, como si todavía estuviera aprendiendo dónde termina su lugar. —La doctora fue bastante específica —dice, levantando apenas una de las bolsas—. Yo… anoté todo. Me corro para dejarlo pasar. —Puedes entrar

