Daños colaterales.

1741 Words
POV NOAH «¿Qué me pasaba?» Probablemente había pedido un tornillo o en el mejor de los casos anoche me pusieron droga en mi bebida y ahora estaba por ayudar a una periodista. Una sexy y desnuda periodista. «Morin era un completo idiota.» Relamí mis labios y la observé, tenía todo donde debía, no había ni una sola cosa fuera de lugar. Sus curvas se marcaban a la perfección. E incluso, no decepcionaba en la cama. —¡Campbell! Su voz chillona me provoco migraña, estaba acostumbrado al silencio en la mañana, algo que, al parecer no podía hacer. —Maldición ¿Qué te pasa? ¿Se te safo un tornillo? Colocó sus manos en la cintura, algo que provoco que sus pechos subieran y bajaran en un rebote casi hipnótico. «¿Por qué debía ser reportera?» —¿A mí? Estás parado ahí, con la boca medio abierta y mirando… ¿Qué estás mirando? Giró buscando el objeto de mi distracción, lo que me dio un hermoso primer plano de sus glúteos. «Diablos ¿Por qué tenía que trabajar de algo que odia?» Ella y yo no podíamos ser amigos. Aun recordaba su reportaje sobre mi vida y las cosas que dijo, la detestaba y pensaba burlarme de ella por besarme, pero resulto ser buena en ello y calentarme más de lo que esperaba. —¡Campbell! —¿Puedes dejar de gritar por cinco minutos? —Tiré de mi cabello—. Algunas personas apreciamos el silencio. —Sí quieres que deje de gritar, se capaz de seguir la maldita conversación. Levantó los brazos y sus pechos hicieron lo mismo. —No es mi culpa, tú andas desnuda mostrando todo eso —la señale—. En todo caso deberíamos hablar de tu exhibicionismo. Crucé mis brazos. —¿Siempre eres así? Porque con la cara de amargada que sueles llevar, no pareces de estas —levanté la mano—. Choca. —Vete a la mierda. —Bien, no te ayudo. Caminé directo al baño. Yo no le debía nada a esta mujer, no tenía que hacer nada por ella. —Por favor, sal de mi casa. —Dijiste que me llevarían —escuché sus pasos y miré por encima de mi hombro—. Lo siento, no repito. Su boca se abrió y sonreí un poco para prender la ducha. Al parecer no tenía problema con su desnudez, al menos a ella no se le notaba si se excita. —¿Quién dice que quiero hacerlo de nuevo contigo? —Habló indignada. —Me sigues desnuda, no le encuentro motivo. Miró hacía abajo, soltó una maldición y salió dejándome solo. Suspiré mientras prendía el agua fría y me encargaba de mi situación. Me estaba volviendo loco. No podía excitarme la periodista. Me tomé mi tiempo bajo la ducha, esperé que mi cuerpo se calmara y salí aseado para encontrarla vestida y sentada en la cama. —Te dije que te fueras —pasé al cambiador sin mirar atrás. —Madre santa. La miré, pero ella no me observaba, solo miraba a otro lado. —Vete, Clark —me coloqué ropa interior y fui por mi conjunto deportivo—. O voy a pensar que te has enamorado. —En tus sueños —siseó y termine de vestirme—. La verdad es que preferiría estar en una jaula de monos antes que contigo, pero afuera está lleno de periodistas. Subí mis cejas y caminé hasta el balcón para observar los parásitos que se amontonaban en la puerta de mi casa. Mis dientes se apretaron al igual que mis puños, caminé directo a la planta baja encontrándome con mi jefe de seguridad, Travis. —Señor —miró atrás de mí. —Noah, Travis, solo mi nombre —resople ofuscado— ¿Qué tenemos? —Quince periodistas, todos quieren saber que paso con la señora Clark —Señorita —habló—. No estoy casada y no soy tan grande. De nuevo puse los ojos en blanco. —Tampoco se casará, no creo que la soporten. Aclaré a mi amigo que se sorprendió. —Campbell, la forma en que te proyectas es preocupante —se acercó—. Conozco un buen psicólogo ¿Quieres su número? Abrí la boca para responder, pero Travis me interrumpió. —Creo que lo mejor seria que salga ahora usted solo y la señorita espere dos horas más en la casa antes de que la saquemos, eso despejara el lugar, podemos usar uno de nuestros autos personales. —Tengo que ir a trabajar —levantó un dedo. —Visto y considerando que tú nos metiste en este problema —hablé y su dedo se movió. —Momento, momento. Yo no te metí en ningún problema, tú me hablaste. —Te hablé, no me tiré encima de ti y traté de asfixiarte con la lengua —jadeo. —Quizás fueron las arcadas que hice por tu mal aliento —respondió mordaz. —Mi aliento es increíble, chica de la cámara —moví la mano antes de ignorarla. —Mi nombre es Ella. —Me gusta más chica de la cámara. —Cavernícola sobre patines. Me acerqué un paso, mi mano se elevó para golpear su cabeza de nuevo. —Chica de la cámara, los adultos estamos hablando ¿Sí? —Imbécil. La ignoré antes de volver a hablar con Travis, iba a tener que hablar con ellos, o… —Mejor digo que estaba ebria y me ataco en la barra, me ofreció sexo a cambio de dinero y acepte porque sabía que llevaba años enamorada de mí. —¡¿¿Qué??! —su mano me golpeo el brazo y Tyson apareció gruñendo. Ella gritó y saltó antes de ir detrás de Travis y ponerlo como escudo. Temblaba, entera. —Bonito, perrito. Bonito, perrito —movió a Travis—. Travis, has algo. —Tú no le das indicaciones a mis guardaespaldas, además me has atacado, podrías haberme provocado una lesión. Salió de atrás de mi guardaespaldas y mi amigo volvió a gruñir, no le gustaba que me tocaran y Ella lo iba a aprender por las malas. —Tranquilo, tranquilo —se acercó a mí y más gruño. —Creo que deberías alejarte. —Dile que pare, Noah —dude—. Noah, por favor. Su labio salió mientras me observaba, tenía los ojos llenos de súplica. Dude unos segundos antes de tomar su mano y colocarla a mi espalda. —Tyson, sentado. Ella suspiró cuando me hizo caso, su brazo me envolvió mientras seguía aferrada a mí. Travis miró nuestro agarre, pero no dijo nada, solo espero indicaciones. —Entonces, ¿Cómo procedemos? Miré a mi guardia, luego a la mujer a mi lado. No sabía si debía preocuparme por los periodista o por ella. En ambos casos la explosión era inminente. —Encierra a Tyson, deja a la periodista aquí, saldremos primero —miré nuestro agarre— ¿Me devuelves mi brazo? Tomé su mano solo con la punta de mis dedos, arqueo su ceja molesta y se apartó con la mirada llena de enojo. —Bien, haremos lo siguiente —tomé aire—. Te quedaras aquí, diré que me pediste una entrevista y solo te dije que no educadamente. —Voy a ser la periodista de Edmonton. Solté una blasfemia por lo bajo. —Bueno, acostumbrate, porque no te daré entrevistas nunca —sonreí. —Tendrás que hacerlo, porque es parte de la promoción del club. —Del club, no mía —sonreí—. Yo me promociono solo, así que, majestad de micrófono, no tendrá notas conmigo. Comencé a caminar a la salida. —De hecho, agradecería que no aparecieras más en mi vida. Chau chica de la cámara. Moví la mano con indiferencia y caminé fuera. Necesitaba poner distancia de su presencia y su olor. Mi maldita casa olía a flores o algo parecido. —Recuérdame no meterme de nuevo en estas cosas, Travis. —Claro, señor. Me monté en mi coche, los periodistas se alborotaron, ambos fuimos directo a la entrada, moviéndonos lentos, porque atropellar era un delito, aun cuando yo lo quisiera hacer. En el club las cosas no estaban mejor. Ese grupo de chupasangres intentaba dar con mis declaraciones. Pero no iban a obtener nada. —Señor Campbell, ¿pueden decir que hacía con la reportera Clark? —Señor Campbell ¿Está saliendo con Ella Clark? —¿Ella Clark salía con usted desde hace mucho? —¿Eran amantes? No los miré, no respondí, solo entre sintiendo aquel olor. La mezcla familiar de hielo recién pulido, goma quemada de los patines y un leve aroma metálico. Lo que definía como olor a hogar. Los tonos naranja, blanco y negros se extendía mientras caminaba al vestuario, aunque no llegué. —Campbell —el entrenador se acercó furioso—. ¿Me quieres explicar por qué sales en todos los malditos medios? Bien, estaba arruinado, al menos que se me ocurriera una excusa perfecta, mi cabeza rodaría. —¿Yo? —Me hice el desentendido. —¿Vas a decir que no viste los reporteros en la entrada? —Señalo la pantalla con las preguntas que me hicieron hace solo dos segundos. —Ah, eso —carraspeé—. La verdad no los entiendo, anoche salí con los chicos, la reportera me informó que cubriría a nuestro equipo. —¿Crees que me voy a creer eso? Cruzó sus brazos molesto. Estaba en problemas, o encontraba la excusa perfecta o moriría en el intento. Sin tan solo no me hubiese distraído con su cuerpo desnudo. —¡Campbell! —Me pidió una nota especial para su editorial, al parecer la pusieron acá porque todo terminó con Morin y quieren ver como la chica se venga con la competencia. No tenía idea de si eso era así, pero parecía. —Me propuso eso para limpiar su nombre y el mío. Acepte. —¿Aceptaste? Maldición, que estaba haciendo. No podía pasar tiempo con ella. —Campbell, si esto es otra mentira tuya para no admitir que te acostaste con esa mujer, pierdes tu puesto. —No es así. Sabes que odio a los periodistas ¿Por qué me acostaría con una? —Perfecto, le informaremos a los medios del acuerdo que tienes con ella, que hacían y te conviene no haberte acostado con ella, o dejas de ser capitán. ¿Qué fue lo que hice?
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