Noah Nunca pensé que el silencio pudiera pesar tanto. No el silencio cómodo de los vestuarios antes de un partido importante. Ese lo conozco. Ese se carga de expectativa, de respiraciones medidas, de miradas que dicen todavía no, pero ya casi. Esto era distinto. Era el silencio de los pasillos federales, era frio, seco y con un aire cargado de gas que parecía toxico. Ella caminaba a mi lado. No delante. No detrás. A mi lado. Y, aun así, sentía que estaba a años luz. La observé firmar documentos sin titubear, asentir a indicaciones que nadie le explicaba del todo, aceptar restricciones que yo jamás hubiera aceptado sin protestar. No preguntó “por qué”, “desde cuándo”. No pidió garantías, solo hablo de plazos. Lo quería ahora, no quería esperar. Era la primera vez que entendía, d

