Finalmente salieron de la Esmeralda y llegaron al pueblo un atardecer en Trigo Dorado siempre era un placer ya que tanto era el cereal sembrado allí que los cultivos impregnaban su aroma en el viento a través de la distancia dejando este buqué por ciento de kilómetros. Al llegar al pueblo Thomas dijo a Fabio: —¡Para en la restaurante de Luigui y Rogelio! —¡Entendido señor! —respondió Fabio al volante. Doña María y Melanei se miraron a la cara diciendose así mismas que su madrina no se había equivocado. —¡Hoy se sellará tu compromiso! —dijo Tatacoa mientras echaba las cartas a Melanei. Melanei veía a su madrina como una inocente anciana supertisiosa que disfrutaba de vivir en soledad y a amaba la naturaleza sin embargo no tenía idea lo que era capaz de hacer. Una vez llegaron al res

