Pido, suplico y espero que puedas guardar mi secreto, cubre los oídos, las bocas y ojos sin respeto, para que no escuchen lo que yo no consiento, para que no vean todo lo que ya siento, para que no puedan escuchar ni siquiera mi aliento, que solo escuchen mi silencio es lo que prometo. El hechizo perfecto apareció frente a mí y lo leí en voz alta como siempre, con la esperanza de que surgiera efecto y nos permitiera la privacidad que necesitamos. Las paredes y las puertas fueron selladas con la promesa del silencio, protegiéndonos de cualquiera que pudiera llegar a escuchar. Me di cuenta que había funcionado porque el ambiente en la habitación se sintió diferente, como si nos hubiéramos aislado de todo el mundo y el silencio reinara a nuestro alrededor. Bastian me miró sorprendido,

