Capítulo 1

2381 Words
Las mejores historias tienen un comienzo extraño, raro y en algunas ocasiones torpes acompañadas con algo de magia. 💢💢💢💢 Mis manos comienzan a sudar, mi corazón se acelera y poco a poco siento como el miedo comienza a apoderarse de mi cuerpo. Jamás lograré entender el como llego a involucrarme en este tipo de situaciones, a este paso terminaré muerta un día de estos, aun que quizás ese día sea hoy. —¡Vamos, salta! Ni que estuviera tan alto, miedosa —Escucho gritar a Michelle. —¡Salta de una vez!—La apoya Jess—.Llevas cinco minutos ahí ¿Qué tan difícil es saltar desde la azotea?. —¡Ustedes están locas!—Grito. Las miro desde arriba y siento mi estómago hacerse un nudo debido al miedo—¡Ni siquiera sé como me deje convencer!. En caso de que este sea mi último día: Mi nombre es Blake Shepard Town, tengo 17 años y mi vida terminará debido a una contusión cerebral. A pasos lentos y premeditados, me acerco un poco a la orilla para ver la altura a la que me encuentro. Apenas veo la distancia que es, siento como si esta aumentara en picada, tal y como muestran en las películas. Observo a las causantes de esta maldita situación. Michelle sonrie de oreja a oreja al mismo tiempo que levanta ambos pulgares en aprobación mientras tanto Jess solo se dedica a observar con el ceño fruncido. Michelle y Jessenia son mis mejores amigas desde los catorce años, aún que están locas y siempre me involucren en situaciones peligrosas que me llevan a bailar con la muerte, las adoro. Sin duda alguna no entiendo cómo llegamos a ser tan unidas, es decir:cada una de nosotras es muy diferente en todo los sentidos. Somos como los escandalosos, pero nosotras seríamos más escandalosas, y eso lo habían comprobado varios locales de comida, debido a que cuando empezamos un pequeño debate y alguna empieza a perder, lanza comida como si de eso dependiera su vida, sin duda alguna estamos locas. Nuestra amistad es peculiar, somos tan opuestas que por eso encajamos a la perfección. Michelle es más del tipo ruda, tiene activada la sinceridad al máximo y su lengua no posee filtro, normalmente es la causante de nuestras locuras. Luego está Jess: sencilla, a veces tímida, un poco callada, pero dicen que los callados son los peores, y están en lo cierto. Si alguna vez la haces enojar es mejor correr y esconderte porque nunca sabes cómo va a reaccionar, aun que por otro lado también es adorable, el tipo de niña a las que las abuelas vivían apretando sus mejillas. Y por último estoy yo, en realidad no sé como describirme, pero si debo hacerlo en una palabra, sería: temperamental. Soy esa clase de persona que se enoja rápidamente y la mayoría de las veces reacciona a los golpes ¿Qué? ¡No me juzgues! Eso son los daños colaterales de criarse con dos hermanos mayores hombres. Doy una profunda respiración y vuelvo a entrar en pánico. —¡No quiero morir virgen!, ¡Aún no he besado a nadie! —Aunque lo último sonará cliché es cierto. Liam Shephard era el encargado de espantar a cada chico que se me acerque. Ni siquiera el hecho de irse a estudiar lejos de casa le impidió cumplir su cometido, siempre encontraba la manera de hacer que mi vida amorosa fuera inexistente. En fin, volviendo a lo importante... ¡No puedo creer que haya aceptado saltar!¿En qué pensaba?, ¡Por supuesto que no pensaba!. ¡Son como dos metros de altura!mínimo hoy me rompo la cabeza, o tal vez solo una pierna. —No tuvimos opción, Saltamontes, la pequeña panda ganó la partida de UNO y esto escogió como castigo. Así que ponte tus pelotas simbólicas y salta de una vez, ¡no seas llorona!. Yo salté y aquí me ves vivita y coleando —Michelle da una vuelta sobre si misma para comprobar su punto. —¡Te lastimaste la rodilla! —Señalo la pequeña herida que ya ha parado de sangrar. —¡O saltas o subo y te ayudo a saltar! —Grita molesta. Sin duda ya está frustrada pero ¡No todas nos creemos Spiderman o Batman!. —¡Está bien, saltaré!. Empiezo a caminar hacia atrás para poder tomar un poco de impulso. Miro al cielo, espero que Dios escuche mis súplicas, y tal vez me otorgue un superpoder para salir ilesa. Respiro profundo y comienzo a correr, y cuando estoy a centímetros de saltar, alguien grita logrando desconcentrarme. —¡Detente, Blake! —Reconozco la voz de Cody. Intento frenar pero ya es muy tarde, su grito me ha asustado y he perdido el equilibrio, provocando que caiga. En un vano intento por rescatarme como lo hacen en los libros y en las películas de Disney, Cody adopta la posición de los príncipes cuando van a atrapar a su princesa, pero esto es la vida real, por lo tanto las cosas suceden diferente. ¿Lo bueno? Su cuerpo amortiguó mi caída, ¿Lo malo? Lo acabo de dejar como una alfombra. »¿Pero qué diablos te sucede?.- Pregunta en un susurro. Siento todo mi cuerpo doler, ni siquiera me quiero imaginar cómo le duele a él. Me levanto de inmediato ignorando la punzada en mi cabeza acompañado de un dolor en mi costilla. Le ofrezco mi mano para ayudarlo y él no duda en tomarla. —¡Oh!. Eso te pasa por creerte Superman cuando no llegas ni a kick-Ass. ¿Qué haces aquí, imbécil? —Pregunta Michelle con un tono de asco. El desagrado de mis amigas hacía el chico que intentaba algo conmigo no es un secreto para nadie. —¡Oh, tú cállate!. No vine por ti, créeme que si fueras tú la que va a saltar, me pongo un disfraz de animadora y te echo porras para que lo hagas —Y aquí vamos de nuevo, así es como empieza una discusión sin fin entre ambos. Detesto esto. Por una vez quisiera que se lleven bien, tan solo por un momento quisiera ser una adolescente normal sin situaciones en donde juego con la muerte, y que mis amigas se lleven bien con el chico que... ¿Me gusta?. Frustrada por la situación, miro al cielo en busca de ayuda, pero al parecer Dios está de vacaciones. —¡Quisiera ver eso!. Tal vez lo haga para ver cómo te queda la falda ¡¿Pero qué digo?! Tú debes saber como te queda, me contaron que por la noche te vistes de mujer y te paras en las esquinas en busca de atención—Sin duda alguna a veces la bromas de Michelle son malas, pero siempre ofenden a la gente y la cara de disgusto de Cody lo confirma—.Así que, dime, Codo:¿Cómo te queda la falda?. Jess no dice nada solo observa como discuten, al igual que yo. Debo admitir que a veces me divierte pero siempre termino interviniendo para que no digan cosas que sobrepasen el límite. —¡Cállate!. No uso falda, y por última vez, Michelle, ¡Me llamo Cody no Codo! —Grita exasperado. —No me importa, Codo —Contesta con una amplía sonrisa. Está bien, esto ya me cansó. Veo que Cody está apunto de seguir la discusión y decido terminar con esto de una buena vez. —¡Ya basta, Codo digo Cody!. Ambos ya están demasiado grandecitos como para estar peleando por dulces —Llevo mi mano al puente de mi nariz tratando de calmarme. —¡¿Tienes dulces?! —Le dedico una mirada de furia y Michelle levanta las manos en señal de paz—. ¡Es que aún no puedo creer que hayas aceptado salir con un cabeza hueca como él! —Su voz refleja el puro asco y disgusto que causa su presencia del rubio. —En eso estoy de acuerdo contigo — Habla por fin Jess. Michelle sonriente por la reciente confesión de la morena levanta la mano y esta no duda en chocarla. —¡Ya basta, chicas, por favor! —Suplico. No entiendo como pueden etiquetarlo sin siquiera haberlo conocido. Ambas giran los ojos. —Mejor nos vamos —Sueltan ambas al unísono, como si estuvieran sincronizadas. Michelle se me acerca, coloca su mano en mi hombro y me hala hacia ella. —Se supone que tenías que saltar no aplastar una lagartija, pero no te preocupes, lo volverás a intentar otro día —susurra en mi oído. Me dedica una sonrisa malévola, y por supuesto nunca puede faltar la clásica mirada de odio puro a Cody. La verdad es que estos tres no pueden estar ni un minuto en el mismo lugar sin pelear. —Cody—El mencionado deja de mirar el lugar por donde acaban de salir mis amigas y dirige su mirada hacia mi—¿Podrías por favor llevarte bien con ellas?. La verdad ya me tiene harta toda esta situación, apenas empezamos a salir y ya tiene problemas con mis amigas. —Blake, te juro que lo intento ¡Pero es que son imposibles! —Hala sus cabellos de manera exasperada. —Por favor, solo inténtalo ¿si?—Pongo cara de cachorrito—.Hazlo por mi. Al ver mi expresión chasquea la lengua y asiente. Por esta razón es que acepté salir con él, es comprensivo y alguien en cual puedo confiar. Su móvil empieza a sonar, observa la pantalla y sonríe. —Tengo que irme, hermosa. ¿Sabes? Estaba pasando por tu barrio y lo primero que veo es a ti a punto de suicidarte, deberías dejar de hacer tantas locuras. Rio ante su comentario. —No te prometo nada. Por supuesto que no le voy a prometer que mis locuras acabarán, porque si lo hago le estaría mintiendo. Con las amigas que tengo siempre habrán situaciones riesgosas y locuras incluidas. —Está bien. Cuídate y espero no tener que volver a amortiguar tu caída —deposita un beso en mi frente y se va. 💢💢💢💢 Entro a la cocina y lo primero que hago es abrir la heladera en búsqueda de comida para calmar a la bestia hambrienta que ruge en mi estómago, pero no hay nada. Solo quedan un par de cajas de jugos y puras verduras. Mi ceño se frunce, se supone que mamá recién había hecho compras, entonces ¿Por qué no hay comida?. Un ruido proviniente del segundo piso llama mi atención y entonces me doy cuenta de lo que acaba de pasar: Liam llegó de madrugada y seguro que fue él quien se acabó todos. ¡Maldito barril sin fondo!. Extraño la época en que la comida abundaba y Liam estaba lejos, y eso que solo han pasado unas horas desde su llegada. Cierro la puerta de la heladera de muy malas ganas y me cruzo de brazos molesta. Siento una bola de pelos moverse por mis pies, causando cosquillas. Bajo la mirada y veo a Oliver tratando de llamar mi atención. Me agacho, lo tomo entre mis manos y lo alzo. —¿Quién es el gato más hermoso? —Pregunto, a lo que él animal responde con un fuerte maullido. Eso solo significa que tiene hambre. Miro la hora en el reloj de pared y de la cocina :18:01 pm. Aún falta demasiado para que llegue mi madre, hasta eso me muero de hambre. »¡Liam! -grito con todas mis fuerzas para que me escuche. A los pocos segundos escucho sus pasos y lo veo bajar por la escalera. Su cabello está húmedo y despeinado, y trae puesto solo un shorts. —¿Qué pasa, calabaza? —Se acerca hasta quedar frente a mí. Liam es mayor que yo por cuatro años, el segundo hijo de los Shepard. Es el típico chico por el cual todas las mujeres babean:Atleta, guapo y abdomen de lavadero. No necesita tener los ojos claros o ser rubio, él es perfecto (palabras de las otras mujeres, no mías). —Sucede que tenemos hambre y no hay nada que comer —Apego a Oliver a mi pecho y hago pongo mi cara más tierna. —¿Cómo qué tenemos? —pregunta confundido. —¡Ash!. Me refiero a Oliver y a mi, imbé... digo: querido hermanito. —Ah, ya. ¿Y qué quieres qué haga? —Saca su teléfono y empieza a revisarlo. —Se que me amas y no quieres que tu hermanita se muera por desnutrición, así que supuse que podrías ir a comprar algo para cenar —Pronuncio cada palabra como si fuera una niña. —¿Desnutrición? ¡Pero si estás bien gorda!—Giro los ojos ante su tono de burla—. Agradece que estás de suerte y también tengo hambre. Te propongo esto: yo pago y tú vas a comprar ¿Qué dices?. —Acepto. Liam me dá algo de dinero y vuelve a su habitación. Bajo a Oliver y busco su alimento para luego poner un poco en su plato. Tomo las llaves de mi moto y salgo de mi casa en búsqueda de la pizzería más cercana. Solo tardo quince minutos en llegar. Parqueo la moto en la entrada del local y me bajo. Apenas doy un paso, mi celular comienza vibrar en el bolsillo de mi pantalón. Saco el objeto y miro la pantalla. Un número sin registrar me está llamando, ni siquiera lo dudo antes de colgar. No necesito tener guardado el contacto para saber quien es. Guardo mi teléfono en su lugar y camino hasta la entrada de la pizzería, pero me detengo en seco al ver un empleado poner el cartel de cerrado. —¡¿Pero qué?! —grito molesta. —Lo siento, fiesta privada —Es lo único que dice antes de irse y dejarme como estúpida. ¡Genial!. Ahora tengo que ir a otra pizzería. Mi teléfono vuelve a vibrar y de muy malas ganas lo saco. Al ver que se trata de mi madre decido contestar. En el mismo momento que coloco el teléfono en mi oreja siento chocar a alguien contra mí, logrando que caiga al suelo y cuerpo vuelva a doler como la misma mierda.
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