Punto de vista de Zane:
—¡Te vas a arrepentir de esto!—Ella gruñe mientras escapo de la habitación, mirando atrás para ver si Luna Sara me estaba siguiendo. —, ¿Me escuchas? ¡Vas a pagar!—Insiste con repugnancia Luna Sara.
Mi instinto de Alfa gruñe hacia ella mientras corro por el pasillo, deseando desafiar sus amenazas, pero sabía que era mejor no dejar que mi lobo se descontrolara y en su lugar lo bloqueé. Me dirijo directamente a la cocina, donde encuentro a Agnes esclavizada preparando el almuerzo para los miembros de la manada. Cada fibra de mi cuerpo me grita que salga de la casa y me aleje lo más posible de Luna Sara, pero no puedo dejar a Agnes sola. Sin tiempo para explicar, simplemente agarro a Agnes por la muñeca y la arrastro hacia la puerta trasera. Ella golpea mi mano para llamar mi atención, pero mantengo la vista hacia adelante mientras la saco de la casa. Frustrada conmigo, hace un fuerte tirón y se libera de mi agarre. Pisa con fuerza en el suelo y exige una explicación de por qué la he sacado.
—Hice algo malo. —Le escribo. —, ¡Tenemos que irnos ahora mismo!
—¿A dónde?—Escribe ella de vuelta, sus ojos llenos de preocupación.
—¡Ahí está!—Una voz llama y me volteo para ver a un grupo de guardias que se dirigen hacia nosotros.
—¡ATRÁPENLO!
—Zane, ¿qué hiciste?—Agnes pregunta mientras la tomo de la muñeca nuevamente y corro.
Corro lo más rápido que puedo, los guardias cada vez más cerca, pero Agnes tiene dificultades para seguirme y tropieza con sus pies. Se desploma en el suelo, lastimando sus rodillas con un montón de escombros. Nos vemos rodeados mientras me agacho para ayudarla a levantarse, pero cualquier posibilidad de escape está bloqueada por unos veinte guardias. Dos de ellos se acercan y arrebatan a Agnes de mis brazos, empujándola hacia un lado para que caiga nuevamente, colapsando en el suelo con un quejido. Un guardia me agarra por detrás y me sujeta los brazos contra mi espalda, mientras otro me sujeta del cuello y me golpea las rodillas hasta que ceden.
Agnes intenta ponerse de pie pero un guardia la patea en el estómago, quitándole el aire de los pulmones. Un gruñido bajo escapa de mis labios mientras ella jadea, varias lágrimas rodando por su mejilla.
—¡Cállate de una vez!—Gruñe un guardia, golpeándome en la mandíbula.
La boca se me llena de sangre mientras varios de los guardias se turnan para golpearme, mi lobo gruñendo y gruñendo para ser liberado y defenderse. Agnes abre la boca en gritos y alaridos silenciosos, intentando agarrar a los guardias o golpear sus brazos, pero ellos simplemente la apartan. Le hago señas con la cabeza para que pare, pero ella solo llora más al no poder ayudarme. Intento luchar pero sin activar a mi lobo ni mi don, soy fácilmente sometido.
Mi ojo izquierdo está casi cerrado por la inflamación y ya no siento mi rostro cuando los guardias tienen piedad y detienen su asalto. Me ponen esposas de plata y me levantan de pie jalándome del cabello.
De repente, los guardias se apartan y dejan pasar a Caine, con Luna Sara justo detrás. Su maquillaje está arruinado mientras solloza incontrolablemente y su vestido está rasgado en el busto y los muslos.
—¿Es él?—Caine gruñe, sus fríos ojos azules nunca apartando la mirada de mí.
—¡Sí!—Llora la Luna. —, él es el culpable. ¡Intentó violarme!
Abro la boca para protestar, pero como siempre, mis palabras se atascan en mi garganta y lo único que sale de mis labios es un pequeño gemido. Agnes, en cambio, se abre paso entre los guardias y se arrodilla frente a Caine, gimiendo en mi defensa.
Caine es un hombre de poca paciencia y sin pensarlo dos veces, le da una bofetada a Agnes en la cara, casi dejándola inconsciente.
—¡Alguien saque a esta puta quejumbrosa de aquí!—Ordena, varios guardias agarrando a Agnes y arrastrándola de vuelta a la casa de la manada mientras ella llora en silencio.
Centrando toda su atención en mí, Caine me agarra por la barbilla y me obliga a mirarlo a los ojos.
—Llévenlo a las mazmorras, pedazo de mierda. —Ordena, una sonrisa petulante en sus labios que me eriza la piel. —, le mostraré qué pasa cuando intentas violar a tu Luna.
Miro a Luna Sara, quien me sonríe pícaramente antes de estallar en lágrimas una vez más, mientras me arrastran al lugar que más temo.
…
Las mazmorras están ubicadas justo debajo de los terrenos de entrenamiento, un laberinto de túneles y trampas interminables que rodean los oscuros bloques de celdas. Solo los miembros de la familia Alfa, incluido yo, conocen las mazmorras de memoria, ya que fueron diseñadas para atrapar incluso a los prisioneros más astutos. Caine nos guía por el pasillo principal y viajamos en completa oscuridad durante lo que parece ser millas antes de ver la luz de las antorchas que iluminan las paredes de la mazmorra en la distancia.
Gemidos y quejas de los pocos prisioneros en las celdas se reflejan en las paredes, y una sensación de angustia me invade.
El hedor de muerte y sangre llega a mis fosas nasales como un camión y controlo las náuseas mientras me arrastran al centro de lo que parece ser una cámara de tortura. Cadenas de plata, látigos, tenazas, palancas y otros instrumentos cuelgan de las paredes, y mi corazón se hunde en el pozo de mi estómago al darme cuenta de lo que estoy a punto de padecer.
Mis manos son liberadas momentoáneamente, los guardias me sujetan por las muñecas a una cadena que cuelga del centro del techo. La cadena se levanta sobre mi cabeza, mis brazos duelen al ser alzados lo suficiente como para que apenas toquen el suelo. El sonido de un látigo de cadena arrastrándose por el frío suelo de cemento hace que se me erice el vello de la nuca.
Por favor, Diosa Luna, le suplico. Por favor, déjame morir rápidamente…
Me estremezco cuando un guardia me arranca la camisa, dejando mi pecho y espalda magullados expuestos ante Caine y su látigo. Luego, el guardia me gira para que me encuentre cara a cara con Luna Sara.
—Debería matarte. —Caine sisea, caminando detrás de mí y posicionándose para aplicar mi castigo.
—Pero primero, creo que voy a disfrutar de esto. —Insiste Caine.
Un fuerte estruendo se escucha por las paredes cuando el látigo entra en contacto con mi carne, una sensación ardiente se extiende por todo mi cuerpo mientras aprieto los dientes y contengo un grito. Mis puños se cierran mientras proceso el dolor, pero pronto otro golpe me hace jadear por aire, mi cuerpo se adelanta por la fuerza del impacto.
El látigo sigue desgarrando mi espalda, pequeños ríos de sangre brotando de mí mientras muerdo mi lengua.
Lágrimas ruedan por las mejillas de Luna Sara al ver mi cuerpo ensangrentado, pero veo el placer en sus ojos a medida que los golpes destrozan mi dolorida carne.
Mis rodillas empiezan a temblar después de quince latigazos en mi espalda, pero me niego a gritar por su deleite. Siento la frustración de Caine con cada golpe y gruñe con disgusto.
—¿Crees que eres muy duro?—Caine gruñe, tirando el látigo a un lado y obligándome a enfrentarlo.
No digo una palabra, enfocándome en cada respiración agotada que tomo para evitar desmayarme. No podría hablar aunque quisiera, mi garganta arde por todos mis gritos sofocados.
—Voy a hacerte hablar, mestizo. —Caine gruñe, pellizcando mi barbilla y clavando sus uñas en mi piel. —, y te haré suplicarme por la muerte. —Se mofa Caine con seguridad en la voz.
Empuja mi rostro y se acerca a la pared de herramientas, selecciona una vara de marca hecha de plata. Sostiene la vara sobre una antorcha hasta que la plata se pone roja por el calor. Mi lobo aúlla violentamente, como suplicándome que luche, pero logro controlarlo y levantar mis barreras como medida de seguridad.
Sabía que él no podía salvarme. Ni siquiera sabíamos cómo usar mis poderes todavía.
Caine acerca la vara incandescente a mí, rozando casi mi rostro, el calor jugueteando con mis mejillas.
—¿Tienes miedo, mestizo?—Caine se burla mientras mi cuerpo tiembla por el agotamiento, gotas de sangre y sudor goteando por mi rostro.
Trago la saliva en mi boca para humedecer mi garganta, pero no digo nada al futuro Alfa, lo que lo enfurece aún más. Mueve la vara por todo mi cuerpo hasta que llega a mi cadera expuesta. Un gemido involuntario escapa de mis labios y él me sonríe.
Sin la menor vacilación, Caine presiona la vara caliente contra mi piel, miles de pequeñas agujas clavándose en mi carne ardiente. Muerdo mi labio hasta que saboreo sangre, pero no grito mientras Caine hunde más la vara caliente en mi cadera.
Jadeo mientras el dolor alcanza su punto máximo, varias lágrimas bañando mis ojos. Un pequeño gemido burbujea en mi garganta, pero respiro hondo para contenerlo.
Pasos atronadores se acercan desde el pasillo y todos los guardias se ponen firmes en reconocimiento de la llegada del Alfa, su Beta y el Gamma. Caine retira la vara ardiente de mi cadera y la deja caer al suelo, molesto por no haber logrado sus objetivos. Respiro con furia mientras la marca roja sigue ardiendo, pero aparto las lágrimas que se habían formado en mis ojos.
Luna Sara se apresura hacia los brazos de mi padre, pero sus ojos fríos están demasiado ocupados mirándome como para darse cuenta de que ella está llorando. No puedo mirar a los ojos de mi Alfa y en su lugar fijo la mirada en el Gamma Wyatt.
Me dirige una mirada de compasión mientras envuelve sus brazos alrededor de Sara y la sujeta.
—Quédate quieta. —Le silba, y Luna Sara gruñe en protesta.
—¿Qué exactamente crees que estás haciendo?—El Alfa pregunta a su hijo divertido.
—¿Cómo lo ves?—Caine le responde bruscamente, instintivamente cubriendo su boca casi al instante en que sus palabras salen de su boca.
Sin embargo, se da cuenta de su error demasiado tarde, pues los ojos de mi padre se estrechan hasta formar rendijas. Se inclina y toma la vara sin decir una palabra, camina hacia la pared y sostiene la vara sobre la llama de la antorcha.
—¿Sabes, hijo?—El Alfa sonríe fríamente. —, ¿Sabes por qué me llaman el Alfa Escarlata?—Le pregunta a Caine.
Caine traga saliva mientras la vara comienza a ponerse roja.
—N-no señor. —Responde Caine débilmente.
Mi padre se ríe entre dientes y en un abrir y cerrar de ojos, se desplaza por la habitación frente a su hijo, presionando la vara contra el pecho de Caine. Caine emite un grito, Luna Sara estallando en lágrimas reales al ver a su hijo en dolor.
—¡Sebastian, detente!—Luna Sara grita. —¡Lo estás lastimando!—Exclama Luna Sara alterada.
El Alfa ignora las súplicas de su esposa y presiona aún más la vara contra el pecho de Caine, quemando su camisa directamente en la herida.
—Es porque derramo sangre ante el primer signo de falta de respeto. — Murmura mi padre, arrojando la vara a un lado y permitiendo que Caine caiga de rodillas. —, recuerda tu lugar, muchacho. —Añade con un gruñido antes de volver su atención hacia mí.
Sus fríos ojos marrones hacen que cada fibra de mi cuerpo tiemble de miedo, y por primera vez en años, contemplo la posibilidad de gritar. Inspecciona las heridas en mi pecho y espalda y silba para sí mismo.
—¿Dijo algo?—Pregunta el Alfa sin dirigirse a nadie en particular.
—N-no señor. —Responde Caine, apartando las lágrimas que se habían formado en sus ojos.
Mi padre chasquea la lengua insatisfecho.
—¿Y cuál fue el crimen que merecía tal castigo?—Pregunta, colocando un solo dedo sobre mi pecho.
—¡Intentó aprovecharse de mí!—Llora Luna Sara, finalmente liberándose del agarre de Gamma Wyatt y acurrucándose junto al pecho de mi padre. —, ¡No podemos tener a un monstruo entre nosotros! Si pudo intentar herirme a mí, ¿quién dice que no lastimará a otra mujer o peor, a un niño!
Mi padre se tensa de sorpresa y agarra a su esposa por los hombros.
—¿Qué dijiste?—Le interroga.
Luna Sara respira profundamente y solloza, el sonido me hace estremecer por su falsedad.
—É-el intentó lastimarme.
Mi padre instantáneamente sabe que está mintiendo, sus labios fruncidos como siempre lo hacían cuando estaba enfadado, pero no iba a contradecir a su Luna frente a sus guardias o su hijo. Deja que sus ojos vuelvan a mí y por un instante, veo tristeza brillar en sus ojos.
—Entonces tienes razón. —Dice mi padre, su rostro volviéndose nuevamente de piedra. —, no podemos tener un monstruo entre nosotros.
Luna Sara sonríe satisfecha pero su expresión se desvanece rápidamente cuando mi padre ordena a los guardias que me liberen.
—Espera, ¿qué?—Exige, mirando horrorizada mientras los guardias me bajan de la cadena y me ayudan a ponerme de pie. —¿Por qué lo estás dejando…?—Le pregunta Luna Sara perpleja.
Su voz se detiene abruptamente cuando el Alfa la fulmina con la mirada, recordándole con una sola mirada que no debía ser cuestionado.
—A partir de ahora, este mestizo mudo ha sido despojado de su título de Omega. —Declara mi padre, su voz resonando en las paredes de piedra.
—, ahora es un renegado y si alguna vez pone un pie en este territorio de nuevo. —Advierte, sus ojos posándose en mí. —, debe ser asesinado a primera vista.
Mi corazón se rompe mientras sus palabras se registran en mi cabeza. No había nada peor que ser declarado un renegado. Era prácticamente una sentencia de muerte. El mundo de los Renegados era cruel y mortal, cada perro rabioso por sí mismo y nadie más.
Una parte de mí quiere suplicar y gritarle a mi padre por piedad, que me mate en su lugar, pero como siempre, mis palabras se quedan en la punta de mi lengua, sin escapar nunca de los confines de mi boca.
—Todos afuera, ahora. —Ordena mi padre. —, quiero unas palabras con el renegado.
Los guardias y el Beta salen casi de inmediato, Caine siguiéndolos, acariciando la herida sangrante en su pecho. Luna Sara mira furiosamente a mi padre, pero Gamma Wyatt logra sacarla de la habitación sin mucho alboroto. Con solo mi padre y yo quedamos, la habitación de repente se siente más fría, mi piel cruda cubriéndose de escalofríos.
Abro mi boca, pero una mirada de mi padre me obliga a cerrarla de nuevo.
—No pienses ni por un segundo que te estoy perdonando. —Gruñe. —, sigues siendo el mayor fracaso de mi vida y nada me hace más feliz que finalmente deshacerme de ti.
Sus palabras duelen más que las heridas abiertas en mi espalda y simplemente asiento en reconocimiento de sus palabras.
—Puedes llevarte a Agnes contigo. No la necesito aquí. —Suspira mientras se dirige hacia la puerta. —, y espero nunca volver a verte, a ninguno de los dos.