Caminé hasta los asientos de traseros y me senté en uno de ellos para sacar mi Ipod, era el único aparato electrónico que estaba segura de que Adam desconocía, así que tomé mis audífonos y los conecté en él para luego posarlos en mi oídos sintiendo el extasis que producía la música en ellos. - Señorita Wood ¿Si sabe usted que estamos en detención? No es ninguna fiesta para que ande con esa cosa, guarde ese aparato o se lo quito - Alcé mis cejas ante la queja del anciano que se encontraba en el escritorio viéndome detenidamente y resoplé para guardarlo, era mi única entretención en casa y no me podía dar el lujo de regalar lo más preciado que tenía en ese instante. Me dedicó una última mirada de alerta y yo simplemente bajé la capucha del abrigo para destinarme a dormir. *** - Señorita Wood, tengo entendido que su castigo es hasta las dos si quiere quedarse hasta más tarde ya no es mi problema - Levanté mi cabeza al oír la frustrante voz del maestro y bostecé viendo la hora en el reloj de la pared que marcaba las dos y quince exactamente. Salí del aula viendo como sólo quedaban dos adolescentes en el aula de detención maldiciendo por tener que esperar más tiempo para poder irse. Salí de del colegio y allí estaba el idiota de Adam dentro de su auto frustrado. - ¿Dónde andabas metida? Llevo esperándote más de quince minutos y déjame contarte que odio esperar - Dijo encendiendo el auto. - Me quedé dormida y si no te gusta esperar puedes dejarme en mi casa e irte - Sonreí esperando un si como respuesta. - Vamos princesita sé que estas enojada conmigo pero no lo estarás toda la vida - Dijo mirándome impaciente como si la situación lo exasperara y suspiré, tuvo un poco de compasión al hablarme así que no iba a dañar la paz que se producía en el auto. - Ahora no quiero nada, sólo tuve un pésimo día - Contesté sin querer discutir por el momento. - Está bien peincesita, puedes recibir visitas - Lo miré con los ojos abiertos y una sonrisa gigante - Menos de tu novio, no quiero escenas porno, a menos que sea conmigo claro - Tan bueno no podía ser verdad. Rodé lo ojos - ¿Por qué no? Si es mi amigo. - Porque no me cae bien princesita - Dijo entre dientes. - ¿Eso a mi me importa?¿Pregúntame? - Gruñí. - Es eso o nada, tú decides bonita - Dijo y resoplé. - Tan bueno y viniendo de ti no podía ser verdad. Está bien hoy me vestí de blanco y no pelearé - Me resigné y rió. Su risa sincera era algo tierna, quería decir tal vez escandalosa pero cuando reía achinaba sus ojos y se formaban dos oyuelos muy atractivos. Llegamos y entré a la cocina buscando con la mirada algo para regalarle a mi preciado estómago. - Puedo hacerte almuerzo - Dijo y me sorprendí. - ¿No te queda grande? - Pregunté y me miró mal para yo soltar una carcajada. - Que chistosa, ja ja ja - Se rió sarcásticamente - Eso sí, no te puedo ofrecer un menú cinco estrellas princesita ¿Qué quieres entonces? - Puede ser arroz con pollo - Contesté pensando en la delicia de comida que extrañaba comer de las manos de mi madre. Usualmente hablabamos todos los días un par de minutos y me recordaban lo mucho que me amaban para sacarme una sonrisa. - Nena esa es mi especialidad - Era la primera vez que me decía nena y no princesita - Podemos hacer un postre de galletas. Asentí con la cabeza para sacar algunas verduras y dejarlas sobre la tabla para picar. - ¿Vas a picar cebolla? No te da miedo entonces untarte - Se burló y me pareció gracioso aunque no se lo demostré. - Pico mil veces mejor que tú - Lo señalé con el cuchillo. - Hey hey mejor baja eso - Me lo quitó de las manos y lo dejó sobre el mesón - Lo haré yo y tú comienza desgranando las arvejas. Cuando todo estuvo en la olla tapado y con el ánimo de dejarlo cocinar lo suficiente, comenzamos a hacer el postre. Tomé un cucharón y comencé a revolver poco a poco la mezcla que anteriormente habíamos hecho cuando justo cayó sobre mi ropa un poco de harina, dejé el cucharón a un lado y miré a Adam detenidamente que reía sosteniendo harina en sus manos. - Oh, hiciste una apuesta con el diablo - Hablé y tomé harina de la bolsa que se encontraba justo a mi lado para tirarla a su cara y reírme fuertemente al ver sus gestos. La risa no me duró casi nada cuando sentí el polvo blanco estamparse en las mía, comencé a toser para expulsar la harina que habían recibido mis pulmones y ahora él se carcajeaba de mí - ¡Eres un idiota! - Chillé riendo para oír su risa de respuesta. Tomé la bolsa y en un sólo movimiento quedó completamente lleno de harina. - Mierda - Dijo al verse empapado del suave polvo blanco y cuando se acercó a mí con sus brazos abiertos en señal de abrazarme para ensuciarme salí corriendo hasta la sala - ¡No corras que igual te voy a alcanzar princesita, te voy a llenar si lo deseas precisamente no de harina! - Exclamó e ignoré su comentario para verle corriendo detrás de mí. Cuando lo vi enfrente grité - ¡Espera! - Cerré los ojos y tapé mi cara con las manos, levanté la mirada y lo vi con una ceja alzada. Me quité los tacos y los dejé a un lado - Cuenta hasta cinco - Lo señalé - Sin trampa. - Princesita no sé porqué te esmeras en escapar si igual te voy a alcanzar - Se encogió de hombros - Uno - Comenzó a contar. Salí corriendo hasta el patio y me detuve detrás de la barra de licores. 2 3 4 5 Caminó hasta la piscina con otra bolsa de harina en sus manos, mordí mi labio para no reír pero fue en vano porque un estornudo hizo que me encontrara. - No se vale - Reí cuando se acercó lentamente a mí dejando la harina en el suelo, pasó sus brazos a mi alrededor y me quejé por mi ropa, él simplemente rió para posar una mano en mi mejilla y con la otra acariciar mi nuca, se comenzó a acercar lentamente pidiendo permiso para unir sus labios con los míos y por algún extraño motivo quise que los juntara. Su respiración estaba lo suficientemente cerca como para sentirla chocar y dirigió su mirada a mis labios para luego estampar los suyos con gran deseo. En ese momento no sabía que estaba pasando ni yo que estaba haciendo, pero tampoco tenía la suficiente fuerza de voluntad para dejar de hacerlo, colocó sus manos en mi cintura y yo pasé mis brazos por su cuello. El oxígeno hacía falta ya, nos separamos para vernos por un momento hasta que el olor a quemado se hizo presente, lo empujé con fuerza y corrí a la cocina para apagar la olla, pude observar que sólo se había quemado la parte inferior y el resto estaba en perfecto estado. - Yo sirvo - Dije y se quedó de pie a mi lado. - Te ayudo princesita, no vaya a ser que se te caiga una uña - Dijo y tomó los platos para yo ir a su lado con los jugos. La masa de pastel aún seguía en el mesón de la cocina así que la tapé y la guardé para otra comida. Caminé hasta el comedor y allí estaba sentado con una sonrisa como siempre, se la devolví y me senté justo enfrente suyo. - Si mi madre supiera que llenaste su costosa silla de comedor, te mataría por seguro y yo pagaría por verlo - Me burlé y rió. - Se cumpliría tu anhelado sueño de desaparecerme - Me preocupé cuando me di cuenta que tal vez ya no quería que se fuera y me agradaba su presencia, sin embargo sólo me callé para comenzar a almorzar en cualquier tema de conversación. Reí al ver que estaba escogiendo las arvejas del arroz y rodé pensando luego en lo tonto que era y lo lindo que se veía. Adam como que estás más lindo estos días - ¿Si has tenido en cuenta lo de la foto? - Preguntó burlón y rodé los ojos. - Miraba como tienes comida en la barbilla - Mentí y se limpió. Terminamos de almorzar, subí a mi habitación y me coloqué una pijama para hacer los extensos deberes, dos horas más tarde Adam se asomó en la puerta de mi habitación. - Me aseguraba de que la princesita no se escapara de nuevo - Rió y entró, se sentó en mi cama para tomar un cuaderno - Era mi mejor materia - Dijo pasando su mano por su cabello mojado. El resto de la tarde la pasé haciendo deberes con ayuda de Adam que de vez en cuando se disponía a entretenerme con sus charlas o a buscar en internet algunas consas que no entendía bien. - ¿Quieres un helado?. - Estaría bien uno - Contesté esperando por fin salir de casa. - Cambiate y te espero abajo princesita eso sí, nada de tacones ni vestidos de fiesta - Rodé los ojos y salió de mi habitación. Me quité rápidamente la pijama para ir al armario y elegir un conjunto cómodo. Decidí por una camisa rosada con un short de Jean y unos tenis blancos. - Raro verte sin tantas cosas encima - Se burló y caminamos hasta su auto para subirnos e ir a una heladería cercana a la casa. Cuando llegamos pedimos los helados y nos sentamos para conversar de cualquier tema interesante que llegara a nuestros cerebros, era llamtivo poder tener una conversación sin alguna pelea tonta y poder tener temas conjuntos que nos relacionaran a ambos. Era divertido poder hablar con él. - Tienes veinte años, vives con tus padres tienes un hermano de dieciséis y estudias economía - Rehice su vida. - Exactamente princesita por lo menos retienes las cosas, pensé que el tinte podría tal vez llegar a tu cerebro - Dejó su lengua entre los dientes evitando reirse. - Primero que todo, mi cabello es castaño muy claro natural y segundo, me va bien en retención de cosas y memoria - Metí el helado a mi boca y rió. Terminamos nuestros helados y nos dirigimos de nuevo hasta la casa, cuando llegamos vimos algunas películas en la sala para luego subir cada uno a su respectiva habitación y descansar. Adam, era lindo y creía... Tan sólo creía que me atraía