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2136 Words
Aún no podía creer como una chica de diecisiete años pudiera llegar a su casa ebria a las cuatro de la madrugada y que venga justamente de una fiesta o un club, al cual estaba totalmente seguro de que no podía ingresar. La princesita ni podía caminar por sí misma, sus pies casi se volteaban, no se caía sólo porque su novio la sostenía. Jamás había estado de niñero pero sinceramente esta había sido la niña más malcriada que había visto en mi vida, el empleo realmente no lo necesitaba simplemente lo tomé por obligación de mi madre como un agradecimiento al señor Wood. Aún recuerdo la constante discusión entre ambos por yo no querer aceptar sabiendo la situación a la que me enfrentaría. Vi como el idiota la dejó en la cama y besó su frente, salió de la habitación antes de dedicarme una mirada amenazante como de protección y lo entendía completamente, si yo hubiera sido su nocio también me enojaría que tuviera que quedarse sola en casa con otro chico. - ¡Cierra la puerta principal al salir! - Grité y luego pude oír un portazo. Genial si la dañaba me tocaba comprar una nueva a mí. - Adam - Murmuró Amy con los ojos cerrados. -¿Si? - Me acerqué a ella esperando una disculpa por joderme tanto la existencia en tan poco tiempo. Se levantó justo frente a mí y sonrió - Quiero vomit... - No terminó su frase cuando mi camisa estaba completamente empapada, apreté mis ojos con total paciencia recordando las veces que yo me había embriagado para no querer asesinarla. Hice una total mueca de asco y me quité la camiseta para ver como ella se acostaba en la cama y me miraba detenidamente luego de lavar su boca con mucha agua. - Ven - Palmeó el espacio que quedaba en su cama, vacilé unos instantes, tal vez quería aligerar el ambiente y mejorar nuestra relación de "amistad". - Por hoy te salvas de tu regaño, por el estado en el que estás pero mañana hablaremos - Dije fuerte y rió. Me levanté de la cama pero me tomó del brazo - Por favor quédate. Me sorprendí que no me maldijo o simplemente me sacó a patadas de su habitación - ¿Segura? - Pregunté aún sorprendido de su reacción. - Sí Me acosté a su lado, quedando a centímetros una cara de la otra y admirando su belleza. Era una chica muy hermosa de ojos azules con cabello castaño, largas pestañas y pobladas cejas adornaban su cara y muy refinada, sin embargo lo que tenía de hermosa lo tenía de malcriada. - ¿Por qué me odias tanto? - Esa pregunta la tenía desde el día que entré por la puerta de la gigante casa. - No te odio, sólo no acepto la idea de tener un niñero - Balbuceaba respuestas muy concretas - Además quiero que todos hagan lo que yo digo. Me quedé en silencio admirando sus labios que los tenía cada vez más cerca de los míos. - ¿Estás segura?- Pregunté a pocos milímetros de sus labios - No quiero que mañana te arrepientas. No respondió y unió sus labios con los míos yo sólo me deje llevar y seguí su juego, nuestras lenguas encajaban a la perfección, mordí su labio inferior, haciendo que gimiera cosa que me hacía encenderme al cien. La tomé de los muslos para sentarla sobre mi a horcajadas dejando sus piernas a cada lado de mi cintura, comenzó a besar y morder mi cuello donde dejó varios chupones notables. Acarició mi pecho de una forma excitante, la ropa ya sobraba y ella comenzó desabrochando mi pantaloneta para seguidamente besar mi pecho. Cambiamos de posición ahora yo quedando sobre ella, besé su cuello y dejé un moretón igual al que había dejado en el mío cuando pasó sus labios sobre este. Levanté su vestido por completo y besé desde la loma de sus pechos hasta llegar justo anyes de su feminidad. Mi amigo se hizo presente ante la situación y fue cuandl caí en cuenta de lo inconscientemente que se encontraba ella. Me quité de encima suyo y caminé hasta mi habitación rápidamente, temía volverme a descontrolar y terminar lo que una vez había comenzado. Tragué en seco recordando el roce de mis manos con su piel e inmediatamente tuve que darme una ducha fría para bajar las ganas que poseía por ella. Tampoco quería que pensara que estaría con ella en algo serio, no estaba para soportar a una niña mimada las veinticuatro horas del día, era hermosa y un simple rato como el de ahorita pero con ella extremadamente consciente no caería mal. Amy Los malditos golpes repetitivos se hicieron presentes en mi puerta, sin emitir ningun sonido solo tiré mi almohada en ella haciendo saber que ya estaba despierta. Me senté en la cama y miré que mi vestido no se encontraba posado sobre mi cuerpo. Me dirigí al baño rápidamente y me miré en el espejo para observar como mi cabello se encontraba en una maraña de enredos, en la cara se veía la resaca, mis labios incluso mucho más rosados y abundantes, bajé hasta mi cuello y me alarmé cuando determiné que se encontraba adornado por un moretón. Mi cabeza se inundó de recuerdos sobre la noche anterior, recordaba el club y al llegar a casa, después de eso simples imágenes borrosas que no ayudaban en absoluto a saber la repuesta de ese moretón. Una sola imagen me hizo casi gritarme a mi misma por hacer eso, por besarme con Adam, a mi cabeza llegaron preguntas tales como ¿Y si estuve con él? ¿Y si perdí mi virginidad con él? Tomé una ducha, mis ideas no eran claras, me sentía rara, quería hacer como si nada hubiera pasado. Salí del baño aún estresada y entré al armario para usar un jean con una blusa color rosado pastel y unos tacones muy bajos del color de la blusa. Miré una vez más mi cara y detallé mi cuello para tomar un poco de corrector colocándolo sobre la zona afectada, por último saqué unas gafas de sol estaba perfecta para ocultar la resaca. Tomé mi bolso y salí de mi habitación con el pensamiento de que quería eliminar de mi vida Adam lo más rápido posible, pero como la vida me amaba tanto me lo colocaba justo enfrente saliendo de su habitación. Controlate Amy - Buenos días princesita - Pasó su mano por su cabello despeinándolo - ¿Cómo dormiste? - Preguntó burlón, el dolor de cabeza que tenía y las náuseas se hacían más fuertes a medida que pasaban los minutos. Sin mirarme en un espejo podía saber que mi cara no era la mejor en esos momentos y se debía a la burla que me regalaba desde su sonrisa. - Yo ¿Qué pasó anoche? - Pregunté con miedo de saber la respuesta, casi suplicando que me mientiera si había pasado algo más allá de besos. - ¿No recuerdas como la pasamos anoche? Fue de lo mejor y enserio no te acuerdas - Dijo muy serio, mi corazón se paralizó y yo hice un puchero justo para empezar a llorar. Cuando vio mi cara comenzó a reír a carcajadas - Enserio pensaste que yo estaría contigo en ese estado de embriaguez. Puedo decir que me encantó el show privado que me estabas dando pero no podía hacer eso... - Me señaló la cara con su dedo índice - Así - Bajó las escaleras. Llegué a la cocina y ahí estaba, dejó dos aspirinas en sobre el mesón y me tendió un vaso de agua. Sentía un concierto de rock en mi cerebro. - Quiero que sepas que tienes restricciones a partir se hoy, princesita - Dijo bebiendo una tasa de café. - ¿Perdón? - Pregunté incrédula, para reír con mucha gracia - Estás loco definitivamente. Yo puedo hacer lo que yo quiera porque es mi vida y no puedes restringirme nada. - ¿Estás segura? Porque justo ahora te estoy restringiendo las salidas - Batió las llaves de un auto, me alarmé y revolqué mi bolso verificando que efectivamente esas eran. - ¿Cómo te atreves a esculcar mis cosas? - Peleé tratando de tomar mis llaves, pero este solo reía mientras alzaba si brazo - Eres un idiota, no sabes como te odio. Salí de casa y miré el maldito reloj, justamente las siente en punto. Maldito colegio - Te llevo - Dijo saliendo de la casa y entrando al auto. - Prefiero caminar - Seguí avanzando. - ¡Princesita, nadie te pregunto si querias, sólo te estoy diciendo que vas a ir conmigo en el carro! - Gritó por la ventana encendiendo el motor, arrancó el auto y justo lo frenó frente a mí, casi atropeyandome por lo que di un brinco del susto. - Y yo dije que iría caminando - Contesté de igual forma luego de recuperarme del susto. Todo pasó extremadamente rápido, bajó del auto y corrió a mi lado para subirme a su hombro como un bulto de papas y terminar dentro del auto con un seguro de niños y cinturón asegurado camino al colegio. Dios si no le sacas una buena, le doy contra el asfalto - Prefiero estar completamente seguro de que vas a estar en el colegio - Susurró y no reproché para simplemente estar en paz un momento. En el camino de vez en cuando me detallaba la cara con mucho detenimiento como si analizara lo que pensaba, lo veía y simplemente me dedicaba una sonrisa que yo ya estaba pensando en la manera de quitarla con un muy sutil y delicado puño. Llegamos al colegio y a propósito di un portazo sonriendo de manera descarada al oír el sonido de la puerta golpear. - ¡Quedó mal cerrado! - Exclamó con sarcasmo viéndome desde la ventana del puesto de copiloto. Me volteé y lo miré detenidamente para abrirla y cerrarla aún más duro de lo que había hecho la primera vez dedicándole una sonrisa como las que él acostumbraba a darme y visualizar una mueca de entre enojo y dolor por su parte. Te metiste con su bebé Apenas entré al colegio me llegó una notificación de mensaje suyo que decía "Niña malcriada yo te recogeré" Lo ignoré y guardé mi celular en el bolsillo trasero del jean. Los pasillos ya ae encontraban totalmente vacíos, luego de verificar mi horario pude observar que tenía Física así que caminé hasta el aula esperando tener la suerte de que el maestro no haya llegado aún. Sin embargo no obtuve suerte. - Señorita Wood, llega tarde a mi clase - Mierda, lo que menos quería. - Disculpeme profesor tuve un percance - Me disculpé aún de pie en la puerta. - Señorita Wood sus percances se estan volviendo muy seguidos ¿Qué le parece una visita al director para resolver sus llegadas tarde? - Puto. Culpa de Adam. En ese momento quería enterrae en su ojo el maldito lápiz con el que se encontraba jugando y sentado en su escritorio. Caminé a dirección y me senté en la banca esperando a que me dieran paso. - Señorita Wood, puede pasar, el director la espera - Dijo la secretaria de unos treinta años, con sus labios color rojo e iba vestida con una falda negra y una blusa blanca más corta. Rumores descataban al director en las aulas de clases alegando que era su amante y la razón por la que trabaja en el colegio era debido a su relación sentimental. Pasé a la oficina y forcé un sonrisa - Buenos días director. - Buenos días Amy, ¿Qué hace por aquí tan temprano? - Comenzó a firmar unos papeles y quité mis gafas de sol. - Bueno señor director usted también fue adolescente y sabrá entonces que el año se comienza con una buena fiesta que deja secuelas tales como la resaca y hacen que nuestro siguiente día se convierta en un terrible infierno - Levantó su vista y negó con la cabeza mientras reía - Bueno, mi día de infierno es hoy y realmente sabe usted lo terrible que es eso como para aceptar un castigo más. - Nadie más tiene ese poder de convencimiento - Siguió firmando papeles - Amy esta la pasaré, pero la próxima hay detención. Los maestros usualmente piden castigos justos a sus estudiantes y no puedo dejar de dárselos a usted. - Muchas gracias director y no se preocupe que no habrá próxima - Me despedí y salí de su oficina. Esa era una de las consecuencias que más llamaba mi atención cuando mis padres donaban fondos a la institución con el fin de una mejor calidad, claro. Me coloqué mis gafas y continué caminado
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