Se encontraba sola, escuchando los motores del jet privado que los llevaba con rumbo a México, hacía casi seis años que no volvía al país y una parte de ella sentía que era un regreso a casa, sin embargo, no podía evitar sentirse sumamente nerviosa y ansiosa, no sabía cómo el pueblo la recibiría o si era en realidad buena idea regresar, quería hacer las paces con su país natal y poder llegar a una cooperación mutua, pero le preocupaba la reacción pública.
-Reina mía, ¿que haces despierta a estas horas? Aún falta un buen rato antes de que aterricemos, deberías tratar de descansar.- Leo se acerco por detrás de ella y la abrazó, colocando sus manos sobre su vientre, preocupado de su esposa embarazada.
-¿Crees que haya sido buena idea traer a los niños? Me preocupa el que la gente los trate mal solo por ser mis hijos.- Soltó un fuerte suspiro que encerraba todo su dolor y preocupación.
-Descuida amor mío, estoy seguro de que todo saldrá bien, ellos están emocionados por conocer el país natal de su madre y por lo demás, nosotros nos encargaremos de que estén siempre a salvo.- Cargándola la coloco sobre sus piernas, acunandola contra su pecho.- Siempre protegeré a mis más grandes tesoros, puedes estar tranquila.
-Gracias por estar en mi vida.- Acurrucándose conté el sintió como poco a poco el reconfortante aroma de su esposo la llevaba al mundo de los sueños.
Algunas horas después, casi a media tarde el avión aterrizaba en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, las manos le temblaban un poco, pero esforzándose al máximo para ocultarlo de sus pequeños hijos, dio los últimos toques a su atuendo, Ricardo era un guapo jovencito de cinco años arreglando con un traje a juego con el de su padre, mientras que su hermanita Alissa de cuatro añitos lucia orgullosa un bello vestido de color blanco, repleto de pedrería pues a la pequeña le encantaba lucir, como ella solía decir, igual que una estrella del cielo, sonriendo para si, Denisse acomodó su vestido y arregló el moño en su cabello, sus pequeños príncipes eran la alegría de sus días, pequeños niños que eran extremadamente tranquilos en público, pero niños felices en privado, se esforzaba porque comprendieran la responsabilidad con la que habían nacido, pero sin dejar de ser niños.
-Mi reina los niños se ven perfectos, puedes estar segura que se ven bellísimos.- Abrazándola le dio un suave beso sobre los labios.
-¡Papi! ¡Papi!- Gritó emocionada Alissa, corriendo a abrazar a su padre haciendo que esté la levantara en brazos. -¿Me veo tan guapa como mamá?- Pregunto con su tierna carita, provocando una leve risa de su padre, al igual que su hijo, ella misma se había vestido con un atuendo que se podía considerar a juego con el de su pequeña, un vestido blanco hasta abajo de las rodillas, con un mucho más ligero brillo, la hizo sentirse bonita.
-Ambas son las más bellas de todo el universo y las mujeres de mis ojos.- Respondió dando un beso en la frente de la pequeña y acomodándola en su brazo para poder llevar de la mano a su mujer.
-Mami…- La voz dudosa de Ricardo la hizo verlo y preocupada se acercó hasta su hijo y se agachó hasta llegar a su rostro.
-¿Qué pasa mi niño?- Preguntó pasando una mano sobre su mejilla cariñosamente.
-Ya no quiero que llores por su culpa, mami no quiero que te hagan daño, así que papi y yo te vamos a proteger.- La sorprendente resolución de su mirada y evidente preocupación la sorprendió y emocionó hasta casi las lágrimas, volteó a ver a su esposo que observaba todo con orgullo en los ojos, el no sabía que su hijo se había dado cuenta de lo mucho que la había afectado lo que había pasado, pero era obvio que lo sabía y su madre le preocupaba.
-Muchas gracias mi niño, tu padre y tú son mis campeones- respondió dando un beso en la mejilla de su pequeño hijo -hagamos esto todos juntos como familia ¿te parece bien? Somos la familia real de Monterino y afrontaremos todo como un equipo, ¿suena bien?
El pequeño príncipe solo asintió seguro y le sonrió a su madre, tomándolo de la mano y con la otra a su esposo, salieron del jet y pisaron suelo mexicano.
Salir al aeropuerto le dijo mucho de lo que podía esperar de su viaje por tierras Aztecas, el público había abarrotado el lugar y las áreas circundantes, entre gritos emocionados y aplausos la familia real fue recibida por el público mexicano, gigantescos carteles que la declaraban la “Reina mexicana” y la “Tlatoani de Monterino”, sintiéndose emocionada y al borde de las lagrimas saludo a los espectadores y dando un paso adelante, dedicó un reverencia a todo aquel que la observaba, el momento fue captado por cientos de reporteros que no perdieron tiempo ni detalle.
-Gracias mi amada gente, mi adorado pueblo,- declaró con voz potente mientras las cámaras la tomaban desde todos ángulos -Gracias a todos por recibirme a mi y a mi familia con la característica hospitalidad mexicana.
Después de algunos momentos en que se dio el tiempo de saludar a tanta gente como le fue posible y dejarse tomar algunas fotos por los reporteros, lograron llegar hasta la camioneta limosina que los llevaría hast Palacio Nacional, donde el presidente había insistido se hospedarán.
Las imágenes habían ya dado la vuelta al mundo, las familias pertenecientes a la nobleza solían ser mucho más reservadas y no solían acudir a eventos públicos de ese tipo, pero ella así lo había querido, quería demostrar de alguna forma que solo era una mexicana regresando a casa.
Al llegar a la zona del zócalo fueron sorprendidos por una nueva multitud, todos estaban reunidos para saludar a la que llamaban Tlatoani, el corazón de Mexico la apoyaba y al final eso era lo único que quería, que su gente la volviese a recibir con los brazos abiertos.
Para cuando finalmente lograron reunirse con el presidente era ya una noticia nacional, el como la nueva reina había sido recibida por su gente, y el como ella misma los había abrazado, el pueblo la amaba tanto como ella a ellos, también se mencionaba de sus bellos pequeños hijos y del orgulloso marido que jamás soltaba su mano, su historia se volvía la historia de un éxito que era digna de una telenovela mexicana, una que todos estaban viendo el final en vivo.
La reunión fue oficial y tranquila, habían aprovechado el mes de septiembre Pat hacer la visita y aprovechar de los días festivos, fueron invitados a presenciar el informe de gobierno y a pasar los días que quisieran en el país, y aunque sabían que no podían estar mucho tiempo aprovecharon al máximo de sus días libres.
Como era su costumbre Denisse aprovechó la oportunidad para recorrer de la mano de su esposo Palacio Nacional, contándole la historia de todo el edificio y los momentos históricos de cada rincón, visitaron algunos museos más y hasta fueron invitados de honor en presentaciones musicales.
Pero sin dudarlo su momento preferido fue cuando pudieron salirse un poco del protocolo y visitaron a su familia, hacia mucho que no podía visitar su hogar y tanto ellos como los pequeños niños pudieron disfrutar de ser personas normales.
-¡Vamos! ¡Será emocionante!- Denisse animaba a Leo mientras ambos se vestían lo más normales posible y se disponían a escapar por un rato de las cámaras y los guardias.
-No se como me convenciste de hacer esto.- Replicó el con una sonrisa traviesa.
-Porque amas a tu esposa y tus hijos aún no nacidos se mueren de antojo de comida callejera real.- Respondió sonriendo y dedicando un beso a su esposo, lo había convencido de escapar hasta un puesto cercano donde vendían quesadillas y otras delicias de la gastronomía y la emocionaba la aventura.
Al final los dos disfrutaron de una comida nueva para él y realmente extrañada por ella, l aventura les pareció divertida y amena aunque la seguridad los había encontrado a los pocos minutos, los dejaron disfrutar de su momento cuidándolos de cerca sin ser vistos. Entre risas y besos volvieron hasta la casa familiar, lugar del que disfrutarían una noche más, al día siguiente tenían varias visitas de estado programadas, y poco después volverían a Monterino.
Pero esos días y la brillante sonrisa de su esposa dejó pensando a Leonardo al respecto de la vida que su mujer pudo haber tenido, lo mucho que extrañaba su hogar y lo feliz que lucia entre su propia gente, aunque ella nunca se había quejado y parecía amar a Monterino, sabía que ese toque festivo constante le hacía falta, por lo que comenzó a idear un plan.
Los días posteriores pasaron rápidamente, con el apoyo del gobierno y de las grandes casas universitarias locales lograron hacer acuerdos que les permitían traer muchos de los proyectos que se habían realizado en la paradisiaca isla, inauguraron un refugio animal que contaría con el apoyo de las universidades que enviarían a sus alumnos destacados a realizar sus prácticas en el hospital gratuito, el cual recibiría y buscaría hogar a cualquier animal callejero o en situación de emergencia, contaría con todo el equipo médico necesario; y dieron inicio a las obras de remodelación del hospital de oncología, prometiendo enviar a algunos de los mejores expertos a que enseñarán los nuevos métodos y tecnologías disponibles a los médicos locales.
Habían algunas propuestas más en la mesa, muchas de las cuales habían obtenido reacciones aprobatorias por parte del senado de la República, por lo que pasarían a la acción en poco tiempo, la visita estaba cerrando como un gran éxito en todos los aspectos, solo quedaba un tema sobre la mesa, un tratado de libre comercio entre ambas naciones, y para llevar acabo ese proyecto Leo tenía un último punto que proponer, uno que había dejado como una sorpresa para su esposa.
El día había llegado, regresarían en tan solo cuatro días más, ambos se encontraban realizando los últimos arreglos para que ese tratado fuera una realidad, todos los puntos habían sido aprobados y el beneficio mutuo era más que obvio, ambos países producían productos que en el otro no, por lo que se beneficiarían de una gran variedad de productos de importación a precios altamente competitivos, el joven rey se sentía extremadamente orgulloso de su esposa, pues era ella la que había ideado la mayor parte y lo había expuesto de forma que la nueva nación amiga lo había aceptado todo de buena gana.
-Y como último punto, espero que disfruten de la feria majestades, tal como lo pidió el rey Leonardo los preparativos fueron llevados acabo y la feria en celebración de la cooperación mutua “La Tlatoani” espera de su presencia para abrir sus puertas.- El regente mexicano sonreía mientras estrechaba la mano de Leonardo, y las fotos eran tomadas por todo medio de comunicación.
-¿De que feria hablaba ese?- Susurro Denisse a su esposo en cuanto pudo, una sonrisa tensa y nerviosa se extendía en su rostro, no le gustaba sentir que se estaba perdiendo de algo.
-De la feria que a partir de hoy se celebrará en tu honor amor mío.- Dijo mientras la tomaba de la mano y agarrando a sus pequeños cómplices, sacó a su familia de Palacio Nacional, los niños sabían que su padre había preparado una sorpresa y se emocionaron al ver las carpas cubriendo la explanada del zócalo y las largas filas de personas que esperaban para poder acceder.
-¿Qué es todo esto?- Observó ella sombrada de lo que sus ojos veían, decenas de puestos variados con todas las variedades de artesanías, delicias gastronómicas y exclusividades de Monterino, todas expuestas al expectante público mexicano.
-Me si cuenta de lo mucho que extrañas tu hogar y sus tradiciones, así que decidí fregar un punto al tratado y ahora cada año celebraremos por quince días la feria de “La Tlatoani”, tiempo en que en México podrán disfrutar de un poco de Monterino y…
-Monterino podrá disfrutar de un poco de Mexico…- Interrumpió ella sonriendo emocionada y con lágrimas en los ojos, sin dudar ni un segundo en demostrar afecto en público abrazó a su esposo, llena de gratitud. -Eso es lo más hermoso que me podría imaginar, muchas gracias.- El sentimiento se podía oír en su temblorosa voz.
-Me alegro que te guste mi idea amor mío,- pronunció devolviéndole el abrazo -también les he ofrecido facilidades a las personas que decida quedarse en nuestra isla a abrir negocios propios especialmente de comida mexicana, con el fin de que puedas disfrutar de tus antojos cada vez que se ocurra.
-Eres simplemente lo mejor que me ha pasado en la vida- exclamo sonriente y dedicando un apasionado beso a su esposo, beso aclamado por la multitud y provocando sonrisas condescendientes de Los Altos mandos que observaban divertidos la escena.
-Ahora puedo ver porque elegiste a este jovencito por sobre todo lo demás- mencionó el regente mexicano -fue la decisión acertada. Pero ahora el público espera a que la transmisión en vivo de inicio con las celebraciones.
Dando una señal, la transmisión en vivo fue iniciada, habían colocado unas lonas gigantes para proyectarla a todo el público, una muy sonriente Rossana apareció en cada pantalla, la joven princesa dedicó unas palabras de agradecimiento y un saludo a su cuñada para dar inicio a la feria en su territorio.
-Ahora es tu turno amor mío.- Le dijo Leonardo a su esposa.
-De ninguna forma mi amor, esta fue tu idea y me la dedicas a mi, te cedo el honor de dar el discurso de apertura.- El gesto le había resultado tan romántico y dulce que quería que el mundo supiera quien era él y lo bello de ese momento, por lo que camino con él, entrelazando los dedos de sus manos, hasta el escenario y le sonrió cuando tomó el micrófono.
-Antes que nada, gracias México- inició su discurso con voz potente y observando a todos los presentes, sabiendo que estaría en transmisión en vivo frente a sus hermanos también -Gracias por haberme dejado conocer a la fantástica mujer que tengo el honor de llamar mi esposa,- dirigió su atención hasta la mujer a su lado y llevo su mano hasta sus labios y le besó el dorso de la mano con gran afecto -es por ella que estamos hoy aquí, dando el inicio a lo que espero sea una larga tradición que celebrará la amistad entre nuestras naciones y la comunión de nuestras culturas, espero que todos puedan disfrutar de el evento tanto como yo he disfrutado de mi vida marital.
Con una última sonrisa dedicada a su sonrojada esposa, dio inicio la feria, la primera de muchas más por venir, sellando de esa forma todo aspereza que hubiese podido existir, y haciendo a su mujer tan feliz como ella lo hacía a él cada día.
Muchas gracias a todas las que se hayan animado a leer esta historia hasta el final!
De corazón se los agradezco, quise hacer una historia sencilla pero bonita, una que se pudiera disfrutar en una tarde tranquila y que te dejara con una sonrisa en los labios, espero haberlo logrado.
Las dejo con una invitación a que dejen sus comentarios y consejos, todos serán considerados.
Y cierro con mi más grande y sincero agradecimiento.
Excelente lectura a todas!