Capítulo 1.

1825 Words
No podía ser, otra vez tarde, últimamente siempre se le hace tarde pero no podía evitar quedarse platicando con el señor Gilberto en las escaleras del tren ligero, hacía ya varios meses que había “adoptado” aún anciano vagabundo, no hacía más que dedicarle un poco de su tiempo, platicar con él y regalarle uno que otro cigarro, pero una vez que empezaba a hablar era difícil callarlo, por lo que ahora siempre se le hacía tarde para llegar a la escuela. Corrió en el último tramo de las escaleras que llevaban a hacía los andenes y atravesó volando Taxqueña, si se apresuraba subiría al metro que acababa de llegar, o eso habría logrado si una joven rubia, increíblemente alta y con cara de niña extraviada no se le hubiera atravesado. Turistas, siempre se metían en líos, no podía dejar a la chica a su suerte, al parecer iba sola, con ropa de marca, buen celular y con una cara de perrito, así no duraría ni un segundo. Contra su propio buen juicio se detuvo, sabía que podía ser un error, la mayoría de los extranjeros solían ser muy prepotentes e incluso groseros cuando lo único que uno quería era ayudar, pero bueno, su corazón de pollo no iba a permitir que esa chica se quedara sola sin siquiera intentar ayudarla. -Hola, ¿necesitas ayuda?- Le pregunto con su mejor inglés, afortunadamente era una de las personas con la suerte de hablar dos idiomas, aunque su inglés no era perfecto se podía defender bastante bien. -¡Oh! Si, muchas gracias.- Respondió la joven en el mismo idioma con cara de alivio. -Verás, me escape de mi hermano y me perdí, fui a un lugar llamado Coyoacán y tratando de regresar termine aquí y no sé cómo llegar a mi hotel. -¿Y cuál es el nombre de tu hotel? -Estamos en el hotel del Zócalo o algo así. -¡Vaya! Deben tener mucho dinero en tu familia. ¿No te han dicho que es increíblemente peligroso que salgas tú sola? -Suenas como mi hermano.- El celular de la chica comenzó a sonar. -Y parece que lo has invocado. La joven rubia comenzó a hablar por el celular en un idioma que ella identificó como italiano aunque tenía un acento curioso que no había escuchado nunca antes. En cuanto la joven termino la llamada supo que ese día llegaría muy tarde a la escuela. -Le dije a mi hermano que una buena samaritana me ayudaría a llegar, me dijo que nos veíamos frente a una Catedral, ¿sabes dónde queda? -Todos los capitalinos sabemos llegar ahí descuida, vamos yo te llevo.- Le parecía un poco extraño que la joven no supiera de la catedral, su hotel tenía vista directa a la plaza del zócalo y a la catedral, si estaba de turista debería ya saber al menos eso. Pero sería educada, al fin y al cabo para eso estaba entrenada. -Y ¿cómo te llamas?- Inició la plática mientras ponían rumbo al centro histórico a través del sistema metro. -Soy la pri... Soy Rosana. ¿Y tú? -Ah... Muy bien, pues soy Denisse.- La duda en la voz de la joven Rosana le llamó la atención, pero si ella no quería hablar de algo no se lo preguntaría. -¿De dónde eres Rosana? -Llámame Rosi, sospecho que seremos amigas- la sonrisa que le dedico aumento las sospechas, fue extraño, Denisse decidió irse con mucho cuidado, uno no sabe la clase de locos que pueden haber por la calle -soy de un pequeño país llamado Monterino. ¿Lo conoces? -Nunca he ido, pero sé que es una isla localizada entre las costas de Italia y Grecia, su forma de gobierno es un reinado que ha existido por más de cuatro siglos y que es el único país que no se ha visto afectado por la recesión. -Pues sabes mucho, más de lo que sería de esperarse. ¿Has investigado mucho al país? -Bueno es mi trabajo, debo conocer esa clase de datos de todos los países del mundo, aunque para ser honesta muchos aún me fallan y estoy un poco más centrada en los países que salen más en las noticias por su relevancia y acciones a nivel internacional y Monterino hace ya tiempo que no tiene una noticia especial. -Solo su príncipe ¿no? Es muy escandaloso. -¿De verdad? No me extraña, pero la verdad es que no sé nada acerca de sus príncipes. -Has de ser la única mujer que no conoce a sus príncipes. Pero dime ¿qué clase de trabajo tienes para que tengas que saber todo eso? -Soy apenas una estudiante pero mi carrera es Relaciones Internacionales, nos dedicamos a analizar las coyunturas y sucesos internacionales y basándonos en los datos, antecedentes y reacciones los analizamos con el fin de poder predecir posibles soluciones o conclusiones, entre otras cosas. -Es interesantísimo. Ni sabía que eso existía como carrera. Y ¿te gusta lo que haces? -Me fascina, es mi gran pasión y espero algún día poder dedicarme a eso. Por desgracia la vida decidió que terminara la carrera muy tarde, ya estoy algo grande y apenas estoy por terminar. -Oh descuida tú cumplirás tu sueño, se nota que te gusta lo que haces y eso es lo que importa. -Gracias. ¿Y tú a qué te dedicas? -Ah. Pues yo me tomé un tiempo libre para viajar con mi hermano, pero por lo general ayudo con el negocio familiar, nos amm dedicamos al turismo en Monterino, organizamos viajes y así.- La joven era pésima mintiendo y Denisse muy buena detectando mentiras pero se notaba que la chica tenía dinero así que era comprensible que no quisiera dar todos los datos. -Pues eres muy afortunada, aprovecha esta oportunidad. -Lo sé, lo haré, tu país es hermoso y quiero conocer lo más posible de él, quizá tú podrías ayudarme. ¿Crees que te sería posible hacer de guía de un par de turistas extranjeros? Tú sabes, mostrarnos lo que vale la pena ver aquí.- La princesa Rosana estaba ideando un plan sobre la marcha, esta chica le gustaba, tenía un buen presentimiento de ella, ya habían perdido muchísimo tiempo con el método de su hermano, era tiempo de tomar el control, Denisse con su estatura de un metro sesenta y algo, cabello castaño, ojos cafés, piel blanca cual porcelana y notable sobre peso; era el exacto opuesto a lo que su hermano siempre buscaba en una mujer pero sabía que esta chica era especial, solo debía decidir si lo suficiente. -Aquí estamos, vamos bajemos de una vez.- Bajaron las dos en la estación del metro Zócalo y la guío escaleras arriba, mientras esperaban el cambio del semáforo para poder pasar hacia la plancha del zócalo Rosara aprovechó y le pidió su teléfono celular, al principio Denisse dudo un poco pero termino dándole su número, quién sabe, podría ser que tuviera una experiencia fantástica con un par de turistas y todo saliera bien. Continuaron platicando de todo y nada mientras caminaban hacia la catedral, Denisse le dio un breve resumen de la historia del edificio y su construcción así como del terreno sobre el cual está construida, información que al parecer Rosana aceptaba admirablemente bien y hacia las preguntas correctas, hecho que hizo la sospechar que esa joven rubia era mucho más inteligente de lo que quería aparentar en un principio. Platicaron hasta que un joven se acercó a ellas, Rosana lo vio primero ya que llegó desde atrás de Denisse por lo que ella se tuvo que voltear para poder verlo, la imagen de ese hombre le produjo una sensación de nerviosismo como si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo, le comenzó a latir con velocidad el corazón y todo el aire salió de sus pulmones de un golpe, no se quedó con la boca abierta solo porque Dios es grande. -¡Leo! Me alegro tanto de verte. Ven te presento a mi nueva amiga Denisse, amiga mía te presento a mi hermano. -Hola Leonardo es un placer en conocerte- dijo en el mejor inglés que pudo dadas las circunstancias. -El placer es todo mío, muchas gracias por haber ayudado a mi hermana- respondió el con un perfecto español con un ligero acento de España. El alivio que sintió fue indescriptible, su cerebro estaba demasiado nervioso como para seguir hablando en inglés y agradeció que él hablara su idioma. -Ha sido genial, es una chica adorable. Pues espero que pasen unas maravillosas vacaciones chicos. Adiós. -Espera, tú has hecho mucho por mi hermana, deja que te lleve a dónde vas. Regla número uno para sobrevivir en una ciudad, nunca te subas al coche de un extraño, las reglas que Denisse se había auto impuesto le habían ayudado a sobrevivir sin casi incidentes en esa tan complicada ciudad y no pensaba pasarlas por alto solo por un chico lindo. Bueno para ser justos, un chico perfecto. -Oh no de ninguna forma, no hay problema, llegaré mucho más rápido viajando por metro descuida, ayudar a tu hermana fue un gusto. Bueno encanto tienes mi teléfono, si alguna vez deseas ir a algún lugar márcame, así tu hermano sabrá que estás en buenas manos.- No estaba segura de porque había dicho eso de esa manera, excluyendo por completo al hermano del tour, pero tenía un don para alejar a los chicos de ella, sobre todo a los lindos, ellos nunca se fijaban en mujeres como ella y era mejor mantenerlos lejos para conservar la cordura. Despidiéndose con la mano se alejó de los hermanos antes de que pudieran detenerla perdiéndose entre la masa de personas que estaban por allí y camino rápidamente de regreso al metro, pasó todo el camino recreando al joven Leonardo, nunca en toda su vida había visto en persona a un hombre así, parecía un playboy recién sacado de un anuncio de ropa interior masculina. Era mucho más alto que ella le sacaba más de una cabeza, tenía un cabello n***o corto y peinado a la perfección, unos ojos azules del color del cielo nocturno, una tez blanca ligeramente bronceada seguramente ese debía ser el efecto de vivir en esa paradisíaca isla mediterránea, tenía un cuerpo que lucía atlético de anchos hombros y estrechas caderas, con músculos bien marcados pero no excesivos, vestía de manera impecable, con un traje a la medida y un aura de segura masculinidad que no se ve todos los días, como si fuera un hombre acostumbrado a dominar al mundo y se supiera con derecho a hacerlo. Leonardo se parecía poco a su hermana mucho más delicada y rubia perfecta de ojos cual es esmeraldas. Ellos pertenecían al mundo de la gente de genes perfectos y nunca eran más que amigos de las personas ordinarias como ella, pero se valía soñar. Quizá debería pedirles una foto para tener de recuerdo que alguna vez conoció al hombre más guapo del mundo.
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