-No mamá, será mejor que te quedes en México, si algo nos pasa eres nuestra única oportunidad de volver a casa, cuento contigo para que armes un escándalo si desaparezco.
-No digas esas cosas pequeña, todo estará bien, fue un gran avance el que te pidieran que fueras a Monterino y que enviarán un avión especial por ti.
-De todas formas hay que estar preparadas para cualquier cosa.
-¿Segura que podrás hacer esto sola?
-Sí, es mejor así.
-¿Va a venir el chico Rogelio a llevarte al aeropuerto?
-Sí, le pedí que me llevara, su esposa y él han sido unos verdaderos amigos después de todo lo que pasó.- Al no haberle contado a sus amigas lo ocurrido y darle un resumen editado a su familia había encontrado alivio al poder hablar con otra persona que le ayudaba a saber que no había alucinado esa historia y que le abrió las puertas de su casa otorgándole la oportunidad única de tener un punto de vista femenino con el cual platicar al respecto. Durante estas terribles y duras semanas habían sido los únicos amigos que realmente habían podido entender su pena y miedos. -Te amo mamá y por favor recuerda.
-Llamar a todos los medios de comunicación y organismos internacionales si pasa algo, lo sé cariño, también te amo.
Salió de su casa rezando para que esa no diera la última vez que viera a su madre. En el camino reviso que llevará todos los papeles necesarios, tenía un as bajo la manga y pensaba aprovecharlo.
Leonardo estaba sumamente nervioso dando vueltas de un lado a otro en el recibidor, el avión que llevaba a su mujer e hijo debía de haber aterrizado hacía más de una hora, nunca debió de escuchar a su hermana y dejarla ir sola para recogerla en el aeropuerto, ella creyó que podría ablandar el camino para él pero algo debía estar muy mal pues habían tardado demasiado.
Para cuando ya iba para la centésima vuelta al sillón las ruedas de los autos sonaron en los adoquines de la entrada, dos automóviles de color n***o estacionaron fuera del palacio y con el corazón latiendo al mil por hora salió a recibir a la mujer que amaba, se sentía sumamente agradecido de que hubiera aceptado la invitación al castillo pero cuando notó que su hermana se adelantaba hasta él y que Denisse iba sin su madre sospecho que las cosas iban mal.
El vuelo hasta allá habría sido muy agradable si no hubiera tenido el estómago contraído, los nervios hacían que las náuseas aumentarán y que tuviera un dolor de cabeza casi todo el tiempo. Una parte de ella estaba muy triste de tener que conocer tan hermoso país en circunstancias tan inciertas, lo poco que había logrado ver le decía que esa pequeña isla era un verdadero paraíso, las casas eran color blanco y daban una apariencia de unión y limpieza, las ventanas tenían balcones llenos de coloridas flores, el aire olía a mar y el clima era hermoso, pe o nada la preparo para ver el palacio de Monterino, con un marcado estilo francés el castillo dominaba la vista, se distinguían por un lado los extensos bosques y jardines para el otro estar justo al borde de un risco con una preciosa vista del mar, se encontraba a casi un kilómetro del poblado más cercano y la extensión del área construida debía cubrir varias hectáreas, era el castillo de un cuento de hadas, las hormonas no la estaban ayudando a mantener la compostura pero acudió en su rescate la ira al ver a los tres hermanos reunidos y a la prometida de Leonardo en las escaleras.
Noto cuando Rosana se acercó a su hermano y le informó del viaje, se preparó para responder las preguntas, se puso unas gafas para sol y salió del auto.
-Gracias por haber venido, no sabía si lo harías. Pero ¿porque quisiste pasar primero a la embajada de tu país?
-Para dejar una carta donde constará a donde había ido por su algo nos pasa a mi hijo o a mi.- Supo ni bien dijo esas palabras que había herido profundamente a Leo, pudo ver cómo sus ojos perdían su brillo y su mirada se oscurecía, en el momento quiso retirar las palabras, abrazarlo y consolarlo, pero se detuvo, debía ser fuerte por su hijo para defenderlo de las pirañas del mundo de los nobles.
-Bueno espero que eso te dé más tranquilidad durante tu estancia. Por favor entra, debes estar cansada ha sido un viaje largo.
Con la mayor entereza que pudo subió la escalinata hasta la puerta, el cuerpo le parecía un poco extraño y sabía que debía estar cansada sin embargo se sentía extrañamente vivaz, debía ser el clima y las hormonas, además de haber dormido la mitad del vuelo.
-Te presento, ya conoces a Ricardo aunque en desafortunadas circunstancias y ella es Aanisa.
-Sí, me imagino quién es. ¿Podríamos hablar en privado? No he venido hasta acá para perder mi tiempo.- La abierta hostilidad que profesaba no le pareció extraña pero cada vez que le dirigía esas frías y ausentes palabras sentía punzadas de dolor en el pecho, había tenido el amor de esa mujer y seguramente ya lo había perdido y todo por el egoísmo de no decirle la verdad hasta estar seguro de que no era una interesada. Con un asentimiento de cabeza la tomo de la espalda y se dirigió hacia su biblioteca personal, dejando a unos angustiados hermanos atrás.
-¿De qué querías hablar?- Pregunto mientras la invitaba a tomar asiento en uno de los enormes sillones de cuero que habían en la habitación.
-Quiero que lleguemos a un trato con respecto al bebé- esas palabras dejaron frío a Leo, jamás pensó que ella pronunciaría esa frase y menos refiriéndose a su hijo, no podría odiarlo tanto que quisiera hacer daño a su bebé ¿o sí?
-Te escucho.
-He traído conmigo papeles que te pueden liberar de responsabilidades, yo jamás te voy a pedir nada y mi hijo no tiene por qué saber nada al respecto de tu corona si firmas, estos papeles me ceden por completo la patria potestad de él bebe. Te juro que jamás aparecerá en tu país exigiendo nada si lo haces. Tú podrás seguir con tus planes y jamás pensar en nosotros.
-¿Y ahora me dirás que ya tienes nuevo padre para mi hijo?
-¿Qué?- Esa pregunta era la última cosa que esperaba oír de él.
-Explícame una cosa, ¿para qué crees que te traje a Monterino?
-Tengo un par de opciones, pero cada una es más angustiante que la anterior. Pero quiero pensar que se conformarían con decir que el bebé es de tu esposa y que yo desaparecer discretamente. Pero eso para mí no es una opción este bebé es mío y no hay fuerza en la tierra que pueda separarme de mi hijo, por eso traje esa propuesta alterna. Todo está preparado, mi hijo será un nacional mexicano y crecerá en un hogar amoroso y lejos de estas intrigas políticas.
-¿Cómo pudiste pensar eso?
-Calla hijo, esta mujer tiene cerebro, y además una solución perfectamente razonable y sería una opción ideal para resolver tu error.
-¿Pero cómo te atreves a hablar así de tu propio nieto padre?- Sin darse cuenta Leo se puso de pie entre ellos para protegerla.
-No puedes estar seguro de que sea tuyo hijo mío, tu hermano me habló de lo que pasó. Incluso tú lo dudas.
-Ese bebé es mío y su madre es la mujer que más amo en mi vida y ambos se van a quedar aquí o yo me iré con ellos.
-No sabes lo que dices niño mejor cállate, no vas a poner en riesgo a tu país por una mujerzuela y su hijo.
Llegando al punto de no retorno Leo se lanzó contra su padre cegado por la furia cuando sintió una suave mano tomándolo del brazo e impidiendo que asestara el puñetazo en el rostro del rey.
-Tranquilo Leo, entiendo las reservas de tu padre aunque me ofende su lenguaje no podemos hacer nada para mejorarlo, si eso los tranquiliza le haremos una prueba de paternidad a mi bebe, sin embargo tendrá que ser hasta que nazca, ya es un embarazo complicado y no pienso arriesgar la vida de mi hijo solo, por el capricho de un maniaco. Y si me disculpan debo ir a un baño.- Los mareos eran ya un problema frecuente para ella y por lo general lograba calmarlos con prontitud pero llevaba ya varias horas sin comer y el cansancio le había pasado factura.
-Por supuesto que sí cariño mío. Padre.- Tomándola en brazos la llevo hasta el baño más cercano, pasando frente a los rostros angustiados de sus hermanos. Sentía que ella quería resistirse y hacer que la bajara pero supuso que se sentía bastante mal si no luchaba por lograrlo.
Con prontitud la llevo hasta el baño y entro con ella, justo cuando iba a retirase escucho como volvía el estómago repetidas veces.
Mientras regresaba el poco contenido de su esto algo sintió como una toalla húmeda se posaba sobre su frente y se sintió realmente incomoda.
-Sal de aquí.
-No me iré a ningún lado, esta vez nadie logrará hacer que me aleje de ti.
-No te quiero aquí así que fuera.- Las arcadas comenzaban a remitir pero su cuerpo se sentía muy debilitado. Intentó levantarse pero las piernas se resistieron por lo que Leo la tomo de la cintura y la ayudo a ponerse en pie. -Necesito agua.
-De acuerdo vamos.- la ayudo a tomar un poco de agua del lavamanos y en cuanto termino volvió a tomarla en brazos.
-Puedo caminar.
-No es lo que parecía hace un rato. Escucha amore mio, porque no dejas de pelear y te dejas consentir ¿eh? Te llevaré hasta nuestra suite y hablaremos más tranquilos.
-No me llames así.
-¿Cómo?
-Amor. Yo no soy tu amor. Y no quiero que vuelvas a llamarme así.
-Pero principessa eres mi amor.
-Si lo fuera no me habrías mentido desde el principio. Sabía que tenían dinero pero esto es ridículo. Por todos los cielos ¡vives en un castillo! Y eres un príncipe. Yo no soy para ti.
-Tú estás hecha para mí. Mira ponte cómoda y hablaremos después de que descanses un poco.- Leo había preparado todo para que estuviera cómoda, el equipaje ya estaba en la alcoba que le había asignado, en contra de los deseos de su pare la había puesto en su sección del palacio que constaba de un recibidor común, dos habitaciones conectadas por una puerta, dos armarios y dos baños. La suite estaba hecha para el príncipe y su consorte y así era como se ocuparía.
-Bien, la verdad si estoy muy cansada.- Los ojos se le cerraban solos, ya llevaba varios días padeciendo por eso, tenía sueño a todas horas y dormía mucho más de lo común. La llevo hasta una habitación muy amplia de colores crema, lilas y morados, una enorme cama con dosel y flores perfumado todo; las enormes ventanas daban hacia el océano y tenía una imponente terraza que permitía admirar el mar, le dieron unas inmensas ganas de llorar pues esa era la habitación de sus sueños y podría tenerla aunque fuera por poco tiempo.
-¿Qué pasa amore no te gusta?
-No, no es eso, es hermosa. Pero últimamente lloro por todo lo lamento.
-No tienes por qué disculparte, el baño está por esa puerta, tú ropa está en ese armario y esta otra dirige hacia mi dormitorio por si necesitas algo. Descansa, vendré a verte en un rato y si te da hambre solo toca la campañilla.
-De acuerdo.
El sueño fue por ella casi de inmediato por lo que decidió confrontar a su padre y exigirle una explicación, nunca había sido tan grosero y no permitiría que esa afrenta quedara impune.
Encontró a su familia reunida en la sala del trono, una habitación inmensa e impresionante que había sido construida hace doscientos años al estilo victoriano y que no había tenido grandes cambios a lo largo de los años, los colores dorados de las molduras y decoraciones aún brillaban sobre los tonos hueso más claros del resto de las paredes, los vitrales que mostraban escenas de las antiguas Roma y Grecia aún parecían recién pintadas mientras iluminaban la habitación con sus cientos de colores, el mármol del piso resonó con sus pisadas mientras se acercaba a ellos, su padre siempre los llamaba a ese lugar cuando los quería reprender o comunicar algo de gran importancia, gracias a su lejanía con el resto del palacio y sus insonorizadas paredes era el lugar perfecto para cuando su padre quería algo de ellos.
-Me alegra que nos encontraras hijo, creo que es tiempo que hablemos. Su hermano ya sabe lo que se hablara aquí y quiero que sepan que es por ese motivo que actuó de una manera tan radical, no es lo que hubiera pensado pero le había dado permiso de hacer lo que fuera necesario.
-Yo jamás imaginé que te enamorarías de la chica y mucho menos que fueran a tener un hijo.
-Ya habrá tiempo de eso Ricardo, por el momento es importante que les expliquemos la importancia de lo que pasa. Hace aproximadamente ocho meses me detectaron cáncer terminal y me dijeron que me quedaba poco más de un año de vida.