Capítulo 4.

2576 Words
-Comienzo a acostumbrarme a esto. -Esa es la idea cariño. Hacía ya tres semanas que salían juntos y todos los días había ido a recogerla al trabajo. -Hola Rogelio- saludo al chofer con una familiaridad que molestaba a Leo, nunca había sido un hombre celoso pero comenzaba a descubrir a su yo macho al que no le gustaba compartir. -Señorita- Rogelio todos los días la saludaba de manera muy correcta y con una inclinación de cabeza. Sin siquiera pensarlo puso una mano en su cadera y la otra tras su nuca y la beso con pasión, sabía que solo estaba marcando territorio pero no pudo evitarlo, sin embargo en cuanto ella respondió a su beso la electricidad abrumó sus sentidos y la excitación hizo presa a su cuerpo, jamás había sido tanto tiempo célibe y a ese paso iba a enloquecer, cada día la atracción era más fuerte, cada segundo de anticipación aumentaba la ansiedad. Con el m*****o completamente erecto detuvo el beso y la metió en el carro. -Se lo que hiciste ahí, me parece demasiado sorprendente que te pongas celoso, yo debería ser la que le gruñe a todas las mujeres que te ven. -No sé de lo que hablas, a tu casa ¿no es así? -Sí, debo cambiarme de ropa y ¿qué te parecería si en lugar de salir te preparo algo de comer? -¿Sabes cocinar? -Claro, viene de familia, te prometo que te gustara. -Nada me hará más feliz que probar algo de tu comida. -Espero que pienses lo mismo después de probarla.- Su risa resultaba contagiosa, era completamente genuina y se había convertido en un sonido adictivo, haría cualquier cosa con tal de hacerla feliz y escuchar ese sonido cada día de su vida. -¿Cuánto tiempo más te queda en la escuela? -Ya casi salgo, son las últimas materias, por fin después de demasiado tiempo acabaré, ha sido todo un reto y creía que jamás acabaría. -¿Es común que tarden tanto aquí en estudiar? -Yo ammm bueno no, no realmente, pero al poco de empezar la carrera tuve que darme de baja temporal, mi mama perdió su empleo y tuve que tomar uno de tiempo completo para pagar la renta. Hasta hace muy poco compramos en el que vivimos ahora. Estuve fuera casi dos años y cuando regrese me costó un poco de trabajo retomar el ritmo, es algo vergonzoso en realidad, me hace sentir vieja. -Fue por una buena causa, estoy seguro de que no afectará tu futuro. -Eso está por verse, ya estoy algo grande para conseguir un trabajo. -Siempre puedes venirte conmigo a Monterino, podrías trabajar en la empresa familiar. -Es tentador, lo hablaremos cuando acabe y me den mi cédula profesional. -¿Y qué te falta? -Solo un par de materias, liberar el inglés, el servicio social y un diplomado. Suena como mucho cuando lo digo. -¿Hay algo en lo que te pueda ayudar? -A menos que me puedas liberar el servicio social en la embajada de tu país lo dudo, pero gracias de todas formas. Para cuándo llegaron al departamento una idea se estaba formando en la cabeza de Leo, debía apresurar el proceso y convertirla en su princesa lo más rápido posible, con solo unas llamadas la ayudaría a acabar más rápido. Era la primera vez que ella le permitía que entrará en su casa siempre la esperaba dentro del coche mientras se cambiaba de ropa, lucía un poco nerviosa y el hecho de pensar en estar con ella a solas y con su cama cerca lo estaba excitando muchísimo. El lugar era muy agradable, tenía un sillón muy grande de color obscuro, una mesa para cuatro personas, un mueble de televisión y algunas plantas, la cocina era un poco pequeña pero limpia y bonita. Por fin conoció a sus dos gatas, ambas eran muy bonitas y con pelajes brillantes, una de ellas muy cariñosa mientras la otra lo vigilaba desde arriba de un librero. -Ponte cómodo- le dijo mientras comenzaba a sacar cosas del refrigerador. -Preferiría ayudar, ¿qué puedo hacer? -Muy bien, ven te enseñaré a preparar enchiladas. Leo se puso junto a ella mientras mezclaba una pasta de color n***o con agua y encendía la lumbre, pronto comenzó a jugar con su cabello y a besar su cuello, sus manos comenzaron a pasear por su cadera, su cintura y subían poco a poco, el dorso de su mano rozó su pecho cuando se percató de que ella se había quedado inmóvil. -Si sigues así no me voy a poder concentrar. -Lo lamento pero no puedo evitarlo, me excitas muchísimo- poso su otra mano sobre su cadera y presionó para apretarla a su cuerpo permitiendo que sintiera su gran erección, lo que arrancó un gemido de los labios de ella que hizo que el perdiera el control, le dio la vuelta y comenzó a besarla con toda su alma sintió como ella lo tocaba con duda al principio y con más frenesí después. -Por favor- no sabía porque rogaba pero estaba desesperado y debía poseerla en ese instante o iba a explotar, con un poco de duda apago la estufa y lo guío hasta su recámara, no tuvo tiempo de analizar el lugar, con manos inquietas la desnudo hasta dejar solo la ropa interior, entre los dos se arrancaban la ropa, tomándola por la cadera la tumbo sobre la cama y empezó a recorrer su cuerpo, todos sus sentidos estaban inundados en su olor bajo poco a poco la cabeza besando cada rincón de su cuerpo, ella se puso muy nerviosa y sospecho que se trataba de sus inseguridades, debía demostrarle que su cuerpo era perfecto como estaba, tomó sus pechos y metió sus pezones a la boca succionando hasta dejarlos bien efectos, tenía unos pechos hermosos, grandes y suaves con perfecto pezones tono roza, ella tomó su erección entre las manos abrió mucho los ojos al notar su tamaño provocando un tremendo orgullo masculino. Era el hombre más perfecto que había visto jamás, sus pectorales eran perfectos todo en él era duro y fuerte, sentía el poder de sus brazos rodeándola, acariciaba su erección tomándolo con la mano era muy grueso y grande, duro como un hierro, al verlo con la frente perlada en sudor y respirando de manera agitada se sintió poderosa, no era el primer hombre con el que estaba pero definitivamente era el primero que se merecía ese apelativo. Todo fueron manos y lenguas, respiraciones agitadas y excitación, cuando finalmente el penetro en ella con los dedos simplemente perdió el control de su cuerpo, para bien o para mal ella le pertenecía, se estaba enamorando de él y no quería pelear contra el sentimiento, dejo que sus sentidos se llenarán con él. -Estas tan mojada, tan preparada para mí.- El ambiente estaba impregnado con el olor de la excitación de ambos cuando con una fuerte embestida la penetro a fondo, ella se sintió completa y con suaves jadeos le dio la bienvenida. -Dios estás tan estrecha, nunca había estado con alguien como tú, eres especial y eres mía, solo mía. Como si fuera un hechizo sus palabras hicieron que ella tuviera un orgasmo tan fuerte que le dejo las piernas temblorosas, él se quedó quieto en su interior sintiendo los espasmos y como disminuían, con una sonrisa asomando sus labios retomó el ritmo de las embestidas y sentía como la excitación de su compañera volvía a crecer. -Vamos quiero que termines otra vez, dámelo amor mío- con esas palabras explotaron los dos al mismo tiempo. -Dios santo, te amo tanto, eres la mujer más maravillosa del mundo. -¿Qué.. Que fue lo que dijiste?- Aún seguían unidos de manera íntima y ella abrazaba su cabeza cuando se percató de lo que había dicho, con suavidad levanto su mirada y viendo fijamente esos ojos castaños repitió sus palabras. -Dije que te amo, eres la mujer más especial que he conocido y quiero que seas mi esposa. -Pero si apenas nos conocemos ¿cómo puedes decir eso? -Porque siento que te conozco de toda la vida y que nos pertenecemos mutuamente, no te voy a pedir que nos casemos mañana pero quiero que seas solo mía y quiero que sea pronto. Hey no llores amor mío ¿qué pasa? Sé que fue muy pronto pero es la verdad, pero si no quieres yo... Antes de que tuviera tiempo de separase y alejarse tomó su cara entre las manos y lo beso con todo su amor mientras sentía como aún dentro de ella su erección crecía nuevamente. -Claro que quiero, en definitiva esperaremos un poco o mi familia se va a oponer rotundamente, pero estaré feliz de ser tu prometida, yo también te amo. Esas eran las palabras que había estado esperando, pero su mente rápidamente se ocupó en otra cosa, comenzó a embestir nuevamente pero estaba tan cerca del borde que no aguantaría mucho más puso su dedo subiré el inflamado clítoris y comenzó a masajearlo moviendo de arriba a abajo al ritmo de las embestidas sin dejar de besarla, la marea crecí con mucha velocidad y ambos explotaron a la vez en una marea de amor y satisfacción. Pasaron algunos minutos adormilados uno en brazos del otro cuando se dio cuenta de que no habían usado protección, haría casi imposible que su padre se opusiera si ella estaba embarazada, un futuro heredero en camino aseguraría su aceptación, pero sería mejor esperar hasta la boda para hacer público algo así. -Quiero darte algo- se levantó de prisa y tomó la cartera que estaba en sus pantalones -no lo había planeado así y por eso no estaba preparado, pero quiero que tengas algo para que sepas que es enserio, no es un anillo de compromiso de verdad pero es algo mío y quiero que lo tengas. Con un rostro muy serio tomo un anillo que parecía uno de esos que se usaban para sellar cartas y se lo puso en el dedo anular, era un anillo muy grande y un poco tosco, muy masculino y le bailaba un poco en el dedo, pero era perfecto. -Es el escudo de armas de mi familia, ha pertenecido a los hombres de la familia por generaciones, mi padre me lo dio cuando cumplí veintiuno y ahora quiero que lo cuides por mí hasta que tenga tu anillo, de compromiso real. -Lo cuidare con mi vida- se acercó a él y lo volvió a besar, se sentía tan emocionada y feliz que creyó que podría volar si se lo propusiera en ese instante. -Entonces, futura esposa mía, ¿regresamos a la cocina? Muero de hambre. Con una sonrisa se puso de pie se vistieron otra vez y regresaron a la cocina. La comida fue especial, platicaron mucho y por primera vez él le contó historias de sus hermanos cuando eran chicos, sintió como la última barrera entre ellos caía poco a poco pero dejando una cortina de humo extraña que aún ocultaba algo. Él le rogó que se fueran a su hotel pero con la promesa de que se quedaría a dormir el resto de la semana con él en su habitación le permitió quedarse en casa. -Debo explicarle algo a mi madre, es una madre mexicana y no creo que vaya a estar muy de acuerdo con que me quede contigo ¿crees que tu hermana podría ser la tapadera? -Estoy seguro de que si, le pediré que venga por ti, ya tú sabrás cómo manejas a tu madre. Al día siguiente como habían acordado Rosi fue por ella, no tuvo que dar demasiadas explicaciones, al fin y al cabo ya tenía veinticinco años y su mama lo sabía, pero al ser la primera vez que hacía algo parecido se había puesto muy nerviosa. En cuanto el carro arranco llevándolas hacia el hotel otro estacionó en su lugar, Leo bajo del automóvil y fue hasta el apartamento para hablar con su futura suegra, era importante dejar las cosas claras desde el principio. -Vaya hola Leonardo no te esperaba por aquí, mi hija se acaba de ir con tu hermana. -Si señora lo sé, sé que van a pasar unos días juntas. -Pasa por favor. Entraron a la casa y timaron asiento, negó la bebida que la señora le ofreció y se arrepintió al instante pues se le puso la garganta seca, era una mujer amable y joven pero a la vez tenía un aire bastante intimidante y protector. -Iré al grano señora, quiero pedirle permiso para cortejar a su hija y en un futuro próximo pedir su mano. -¿No crees que es demasiado pronto para eso? Aún ni siquiera conoces sus malos hábitos, ni ella los tuyos. Se conocen desde hace muy poco tiempo. -Y eso lo entiendo, comprendo sus dudas pero siento que la conozco de toda la vida y estoy enamorado de ella, quiero tener una vida a su lado y tendremos mucho más tiempo para conocernos, pero sé que ella no se irá sin usted y por eso la invito a que venga con nosotros, así se sentirá más segura y su hija mucho más cómoda. -¿Irse a dónde? -Yo deberé volver a Monterino y si su hija accede a ser mi esposa también vivirá allá. Usted podrá tener una casa donde lo desee y vigilarme desde ahí si lo desea. -Hace solo un mes que te conozco y ya me estás hablando de un futuro muy lejano ¿no crees? -Señora, cómo sabrá no me hago más joven y deseo iniciar una vida con su hija lo más pronto posible, la verdad me cuesta demasiado trabajo dejarla aquí lejos de mí cada día. Quiero que ella sea lo primero y lo último que vea cada día. -¿Y ella sabe todo esto? -No, aún no lo sabe todo. Pero sabe que estoy enamorado y que quiero un futuro a su lado. -Tú no necesitas mi bendición, pero si es verdad todo lo que dices la tienes, puedes salir con ella y si te acepta casarse. Pero te lo advierto si lastimas a mi hija de cualquier manera te daré caza y haré que sufras como ninguna policía rusa ha hecho jamás ¿comprendes? -Muy claro, señora. Ambos sabían que ella cumpliría la promesa era una mujer protectora y que amaba con locura a su hija, sabía que sería una abuela maravillosa y que había sido el ejemplo, perfecto de cómo debía ser una madre, estaba aún más seguro de que Denisse sería mejor madre que la que él había tenido, sería amorosa pero estricta y muy protectora con sus niños. Con una gran sonrisa y esperanzas en el futuro puso rumbo de regreso al hotel, ansiaba estos días y aún más sus noches junto a ella. -Ricardo, como sabes tus hermanos se fueron en una misión imposible hace más de tres meses, están a la mitad de su tiempo y seguimos sin tener noticias de ellos, por lo que he ordenado que traigan a la princesa Aanisa la próxima semana, tu deber será entretenerla hasta que tus hermanos regresen. Leonardo debe cumplir su palabra y una vez que crea que ha encontrado a la mujer correcta deberá volver y salir con la princesa para comparar cual mujer le conviene más. -Si padre, como desee. -Conociendo a tu hermano se ha buscado una sesgo hueco que solo quiere convertirse en princesa. La decisión será obvia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD