Capítulo 3.

1976 Words
Al día siguiente a las tres en punto estaban estacionando una camioneta de lujo preparada para llevar a un pequeño regimiento, de prisa ambos hermanos se bajaron de los asientos delanteros y fueron a llamar al timbre, ambas mujeres tardaron poco más de cinco minutos en bajar y la presencia de los hermanos dejó con los ojos como platos a la madre de Denisse, no era común ver a ese tipo de personas por ahí. -Ma ellos son Leonardo y Rosana, los chicos de los que te hable, chicos ella es mi mama Martha. ¿Les importaría si pasamos por el resto de mi familia? -Es un placer señora- su mama era una mujer aún joven y muy bella, casi idéntica a su hija, una versión mayor de ella y se sintió complacido con lo que vio, si así luciría su mujer cuando tuviera cuarenta y pocos estaría orgulloso de estar a su lado y envejecer juntos. Al principio fue un poco incómodo, él quería besarla profundamente en cuanto la vio pero supuso que no sería muy correcto frente a su madre y más aun sabiendo que todavía no tenía el derecho para reclamarla como suya, primero debía formalizar una relación, pero en cuanto ella lo saludo como si lo de anoche no hubiera pasado él decidió seguirle la corriente por ahora. -No hay ningún problema, tú dime hacia dónde y yo conduzco. -Muy bien, ¿hoy no hay chofer? -Me gusta conducir de vez en cuando. Lo dirigió hacia una zona residencial muy bonita con casas de los años sesenta y setenta pero bien conservadas, la casa frente a la que se detuvieron era de tres pisos de color amarillo y con una larga tira de ladrillos que llegaba hasta el techo, se ubicaba en una esquina lo que le permitía tener un amplio jardín y los automóviles frente a ella le decía que habían al menos unas cuatro personas viviendo en ella. La primera en recibirlos fue una pequeña perrita yorkie muy juguetona llamada Princesa, el nombre hizo sonreír a los dos hermanos, se notaba que el perrito estaba muy consentido y a decir por la forma en que se recibieron mutuamente Denisse adoraba a los animales. -No sabía que te gustaran los perros. -Adoro a los animales, en casa tengo dos gatitas que son nuestra adoración. -¿De qué r**a son? -Recogidas, a las dos las rescatamos de la calle. Quizá algún día te las presente. Las siguientes pasajeras tardaron un poco más en bajar por lo que los hicieron pasar a la sala en lo que esperaban, la casa era acogedora y en seguida los hicieron sentir cómodos, podían escuchar todo el ajetreo del piso de arriba y como las otras dos mujeres terminaban de preparase. Él nunca había pensado en la familia de su futura esposa, ni en cómo le gustaría que fueran, pero se dio cuenta de que era muy importante que tuviera una buena relación con su familia, eso significaba que sería una mujer cariñosa y una madre cercana a sus hijos, le gustaba pensar en que sus futuros hijos tendrían una familia grande y amorosa rodeándolos, y a diferencia de la suya esta parecía serlo. Le debía un gran favor a su hermana y seguramente ella lo sabía. -Disculpen la tardanza, ya saben cómo es esto. Es un verdadero placer el conocerlos. -Ellas son mi tía Mónica y mi abuelita Martha, les presento a Leonardo y Rosana mis nuevos amigos que quieren conocer la ciudad. -Vaya que bueno que mi nieta se consiguió un amigo tan guapo, es un verdadero placer el conocerlos. El comentar llevo una serie de colores al rostro de su nieta, desde el rojo hasta el morado, para terminar dejándola pálida, Leo solo se río ante el la situación y decidió calmarla un poco o tal vez ponerla más nerviosa, la tomo de la mano y la sintió helada, apretó un poco los dedos y le guiñó un ojo, si la familia noto el intercambio esta vez no dijo nada. Emprendieron el camino en el coche, él iba de conductor y Denisse de copiloto, las demás mujeres parecían estar llevándose bien, afortunadamente la mama sabía hablar bien en inglés y ayudaba a que su hermana pudiera participar en la conversación, Denisse les explico a donde los llevaba, un lugar llamado trajineras, ni siquiera sabía que habían embarcaderos dentro de la ciudad, jamás lo hubiese imaginado, aunque recordaba algo haber escuchado antes acerca del Venecia en América. La tarde la pasaron en un hermoso lugar paseando por los canales de Xochimilco, las áreas verdes y los cientos de colores que coexistían en las chinampas daban un toque mágico a la vista, fue un paseo agradable y tranquilo disfrutando de una plática amena y de unas personas muy agradables, en definitiva podría acostumbrase a llamarlas familia, aunque le parecía extraño ser el único hombre rodeado de tantas mujeres. En definitiva había sido una tarde única y hubiera sido perfecta si todos sus avances no hubieran sido rechazados, cada vez que intentaba acercarse, tomar su mano o simplemente sentarse juntos, ella lo evitaba, rechazaba o evadía. Nunca había sufrido de una situación igual, ninguna mujer se le había resistido jamás, por el contrario él tenía que quitárselas de encima y este cambio resultaba frustrante. Era ya muy entrada la noche cuando, llevaron de regreso a casa a todas y cuando llego el turno de que se despidieran Leo la llevo aparte y dejó que su madre se adelantara. Necesitaban hablar y lo necesitaban ahora. -Gracias por una tarde tan agradable, definitivamente mi hermana se topó con la persona adecuada. -Me alegra que lo hayan disfrutado, deberé pensar en más lugares a los cuales llevarlos. -Sí, escucha yo quisiera hablar, sé que lo de anoche fue inesperado pero en definitiva es desconcertante que hoy apenas me dirigieras la palabra después de haber respondido a mi beso. -No quisiera ofenderte, pero conozco a los de tu tipo, solo quieres una aventura pasajera y por una razón que escapa a mi entendimiento quieres tenerla conmigo, pero yo no soy así, no tengo aventuras de una noche y definitivamente no me acuesto con cualquier extraño. No estoy interesada en una aventura de verano. -Me alegra mucho escuchar eso. Pero has malinterpretado por completo mis intenciones, yo no quiero una aventura de verano. -¿A no?- Frunció un poco el ceño e hizo un puchero con la boca que a Leo le parecieron simplemente fascinantes y enternecedores. -No, quiero que seas mi novia y que tal vez en un futuro pasemos a algo más serio. Ella abrió los ojos por completo y la carcajada un tanto amarga que salió de su boca molestando un poco a Leo ¿qué había de malo en él para que reaccionara así? -No le encuentro la gracia, estoy hablando enserio. -Si, por supuesto, ¿dónde está la cámara escondida eh? Esta broma debe ser la más cruel que se haya visto. -Te estoy diciendo que hablo muy enserio. Oye si hay algo malo conmigo mejor dímelo y así tal vez pueda entender tu reacción. -No hay nada malo contigo, tú eres perfecto. Aunque quizá ese es el problema, los hombres como tú no salen con mujeres como yo. Eres demasiado guapo y perfecto para mí. -Yo no estoy de acuerdo, eres la mujer más especial que he conocido y la única con la que me he preguntado cómo serían nuestros hijos- la cara que ella puso le dijo que había hablado demasiado y demasiado rápido, no quería espantarla pero parecía que eso era exactamente lo que hacía. -¿Y cómo? -¿Cómo qué? -¿Cómo serían nuestros hijos? -Serían inteligentes, amables, apasionados y brillantes como su madre, tendrían tono de piel blanco como leche, tu color de cabello porque me recuerda al chocolate y esa mirada inteligente y mordaz que tienes.- Una sonrisa soñadora había empezado a asomar a sus labios mientras hacía esa descripción de una imagen que se había formado en su cabeza, la de un bebé de ambos entre sus brazos, una imagen que calentó su corazón y le hizo desear ese futuro. -Eso suena como a mis hijos y los podría tener con cualquiera. ¿Porque tú? ¿Qué me aseguraría de que no vas a cambiarme por el primer culo bonito y firme que se pase por tu camino? -Eso no va a pasar, yo jamás te cambiaría, ese tipo de mujeres suelen estar muy huecas y fijase solo en el dinero, tú sin embargo luces más preocupada por no aburrirme que por sacarme hasta el último céntimo. Eso es algo de lo que me gusta de ti. -¿Estás seguro de que no eres ciego o algo así? -¿De qué hablas? -Bueno pues mírame. -Veo a una mujer hermosa, tienes un rostro muy atractivo y bello, unos pechos para comerse y unas piernas que... -Basta, ya entendí. Aun así ¿cómo sería? Vivimos al otro lado del mundo y no es que me sobre el dinero como para viajar. -Estaré aquí varios meses aún, empecemos por ahí y una vez que estés lista vendrás conmigo a Monterino y decidirás entonces. -¿Así de fácil? ¿Unos meses a ver si funcionamos juntos? -Sé que funcionamos juntos, solo falta que lo sepas tú. ¿Qué me dices saldrás conmigo? -Hace tanto tiempo que no tengo un novio que la verdad he olvidado cómo es. Pero supongo que puedo intentar. -Gracias- decidió cerrar el trato con un beso apasionado que le mostraría lo bien que estaban juntos, sus cuerpos se amoldaban a la perfección, como si estuvieran hechos para estar así, las chispas de excitación saltaban y su m*****o se puso por completo erecto con ese único contacto, sin pensar en lo que hacía y concentrándose solo en su boca gimió y presionó la cadera de ella contra su erección, quería demostrarle lo bella que le parecía, su cuerpo no era perfecto, pero era natural al igual que toda ella y sus respuestas auténticas lo excitaban con mucha rapidez, se había acostumbrado tanto a las mujeres plásticas y falsas con besos ensayados y preparados que besarla a ella era como un respiro de aire fresco, su cuerpo desprendía un olor dulce y hogareño, como a vainilla y frutos frescos, a hierva húmeda y al mar en días de tormenta, era como estar en casa. Con mucha dificultad se alejó un poco de ella, quizá no fuera perfecta para el estereotipo, pero era suya y era perfecta para él. Denisse subió con dificultad la escalera hasta su casa ¿de verdad acabada de acceder a ser la novia de un hombre que conocía hacía dos días? Esto no era nada común en ella, solo había tenido tres parejas en su vida y las tres habían terminado en catástrofe, ya había perdido la esperanza de encontrar a alguien y ahora aparecía ese hombre que parecía un dios Griego que le ofrecía todo con lo que siempre había soñado, un hogar propio, familia y un marido cariñoso. No es que fuera desconfiada pero algo no cuadraba, sabía que un dato estaba fuera de su radar y que algo no estaba bien pero no podía descubrir que. En una decisión rápida prefirió no decirle nada a nadie aún, si todo salía mal no tendrían por qué saberlo y si salía bien, bueno en ese caso improvisaría sobre la marcha, al fin y al cabo estaba acostumbrada a resolver sus asuntos sola, amaba a su madre y su familia era agradable pero nunca habían visto la vida como ella la veía y la subestimaban con frecuencia, así que si se trataba de un tema más allá de lo meramente superficial o ligeramente académico prefería guardarlo para sí misma. Si metía la pata otra vez solo ella lo sabría.
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