Capítulo 2.

3515 Words
Fue justo al día siguiente mientras estaba en su trabajo de medio tiempo que recibió una llamada telefónica de un número privado. En cuanto contesto el teléfono supo que se trataba de Rosana. -¡Hola Deni! Solo llamaba para invitarte, ayer no nos dejaste agradecerte por lo que hiciste por mí así que mi hermano y yo queremos invitarte a comer, tu dinos a qué hora y pasamos por ti. -¡Oh! Rosi eres muy amable pero no es necesario de verdad, te ayude porque quise hacerlo no por ganar nada. -Lo sé, por eso es que debo insistir, te quiero como amiga y salir a comer es un plan perfecto. -Vale ya que insistes, en este momento estoy en el trabajo, así que si quieren pueden pasar por mí- le dio la dirección de la cafetería donde trabajaba y su hora de salida -muy bien nos vemos en un rato. Poco después de colgar la llamada se puso un poco nerviosa, estaba de uniforme, por lo general regresaba a casa para cambiarse de ropa y moverse hacia la escuela, era lo bueno de trabajar cerca del hogar, pero este día tendría que encontrarse con los chicos genes perfectos en uniforme. En fin, ese hombre jamás se fijaría en ella aunque llevará la mejor ropa del mundo. Trabajo las horas que le quedaban y mientras el reloj avanzaba se sentía cada vez más nerviosa, se regañó pensando que era muy tonto ponerse nerviosa por eso, sería solo salir, aunque la verdad es que no recordaba cuando había sido la última vez que había salido. Sus amigas vivían muy lejos de ella, ya que su universidad y todas sus amigas se encontraban en el Estado de México mientras ella vivía en la Ciudad de México, lo que las separaba al menos dos horas de camino, solo las veía en la escuela y su vida social fuera de ella era inexistente. Cuando llegó la hora de su salida un elegante automóvil n***o se estacionó en la acera frente a la cafetería y del auto bajaron Leonardo seguido de Rosana, todos los empleados y clientes de la cafetería se quedaron viendo a la pareja entrar en el establecimiento con la boca abierta, desnudándolos con la mirada pero la cara de incredulidad de todos cuando se acercaron a ella la ofendió y divirtió al mismo tiempo. -Hola. Lista para irnos- le dijo un tanto seco Leonardo. -Si por supuesto, me quito el delantal y nos vamos. ¡Nos vemos mañana Al!- Se despidió de su compañero de trabajo, un joven bastante flaco y con el rostro con marcas por el acné pero un carácter amable y abierto. Se acercó al gran y elegante automóvil, un chofer salió de la puerta delantera y les abrió las de atrás, cuando entro se dio cuenta de que era como una mini limosina el interior, los asientos permitían a los pasajeros verse los unos a los otros y platicar. -No me habías dicho que trabajaras en una cafetería. -No, bueno la verdad es solo un trabajo de medio tiempo, me ayuda a pagar gastos y a quitar presión a mi mama. -Es increíble. -Ustedes deben de ser muy ricos, jamás me había subido a un automóvil así. -No para nada solo lo normal supongo- dijo una inocente Rosana. -Se nota que no has salido mucho de tu mundo, me imagino que así debe ser para ustedes- la sonrisa tierna y condescendiente que le dedico quito el hierro que sus palabras pudieran tener. -En cuanto a mí, es mi primer incursión en el mundo de los ricos. -Ayer mi hermana me comentó un poco de tu carrera, si pudieras elegir el puesto de tus sueños ¿cuál sería?- Era creía ella el primer comentario que él le dirigía con intención de platicar. -Vaya, pues mi más grande sueño sería ser la Secretaria de relaciones exteriores, o la jefa de la secretaria del medio ambiente. Me gustaría poder ayudar a mi país a resolver los problemas medioambientales a los que se enfrenta y realmente creo que la mejor forma de lograrlo es por medio de tratados internacionales que protegieran nuestros recursos, infraestructura y territorio. Aunque para realmente lograr lo que quiero tendría que ser la presidenta o algo parecido. El comentario hizo que Leonardo arqueara una ceja y que Rosi agrandará su sonrisa. Ella sabía lo que ese par veía, una chica con sueños fuera de su alcance, pero él había preguntado y ella no había mentido. -¿Y usted también trabaja en el negocio familiar como Rosi?- No tenía ni idea de porque le había hablado de usted, pero había sido natural, tal vez fuera mejor tratarlo así, le llevaba pocos años, unos tres tal vez pero hacía que se sintiera como una jovencita. -Eh... Si claro, soy el segundo al mando, justo detrás de mi padre. -Pues debe ser una empresa de turismo muy grande, que bueno que sean tan exitosos aunque sea una isla, tan pequeña. -Es una isla con mucho potencial y gran belleza. -Eso he leído sí, me encantaría algún día conocerla, tan aislada y a la vez céntrica, con tanta historia y además realeza, es algo tan único que aún sea regente dentro del gobierno del país su realeza que parece algo sacado de un cuento. -Es un país de tradiciones y cultura arraigada y por eso mantenemos a la realeza en el poder o ¿es que acaso eres de las fanáticas de la modernidad y los nuevos gobiernos? -¿Porque habría de serlo? Hasta donde se Monterino tiene una economía estable, muy alto índice per cápita, bajo índice de pobreza y la mayoría de su población educada, un gobernante justo y el menor índice de corrupción en el mundo, por lo que a mí respecta a su país le va mejor con la centenaria familia real que al mío con su moderna democracia. Nunca nadie me ha calificado de amante de lo moderno, por el contrario, me desagrada desde el arte hasta la moral. Y creo que el concepto de matrimonio se ha perdido, ahora se lo ve como algo pasajero o prescindible, si alguna vez me caso espero que sea para el resto de mi vida y no tener más matrimonios que dedos. Hay cosas buenas claro, pero no todo lo nuevo es mejor ni todo lo moderno es perfecto. -Creo que es la oración más larga que nos has dicho. -¿A sí? Vaya disculpe, la verdad es que soy un tanto tímida con los extraños, pero espere a que les tenga confianza- la sonrisa que le dedico hizo que a Leo se le parara el corazón, esa chica no era la clase de mujeres con las que salía, pero había algo tan autentico en ella que fascinaba y su sonrisa hacia brillar sus ojos de tal forma que resultaba encantadora. -No tienes de qué disculparte, en realidad esperamos que nos tengas confianza, o al menos la suficiente para mostrarnos tu ciudad. -Será un honor para mí mostrárselas. ¿Qué han visto hasta ahora? A Leo le avergonzó un poco darse cuenta de que solo había estado en dos playas, varios antros y un tour, había buscado a la mujer de su futuro en los mismos lugares en que había obtenido las de su pasado. -No hemos estado en muchos lugares, llevamos poco tiempo aquí, hemos ido solo a lo clásico, Coyoacán y el centro pero poco más.- Dijo Rosi salvando la situación. -Entonces tengo mucho de donde elegir para mostrarles.- Llegaron a un restaurante que lucía muy caro no se había dado cuenta de que la llevaran tan lejos, había visto antes ese restaurante pero jamás había entrado. -No sé si esté vestida para la ocasión. -Descuida, lo estás. Iremos a la parte informal. -¿Ya había estado en México señor? -No, pero tengo un buen agente y un chofer preparado, tal vez venga más seguido por acá. Y por favor no me llames señor, soy Leo. -Bien de acuerdo Leo.- Cuando ella dijo su nombre lo hizo en un tono tan sensual que llevo imágenes de ella diciéndolo bajo, sobre y junto a él, escenas eróticas llenaron su mente. No podía creer que una mujer así lo atrajera tanto, no podía seguirlo negando, ella lo atraía por una razón que desconocía. En parte por eso había sido hostil al principio pero decidió darle una oportunidad, era la única chica que había demostrado aptitudes para ser la futura reina de Monterino. Eso debía ser, la chica lo atraía y era muy inteligente, era bonita, en realidad su cara era hermosa a una manera muy única y su sonrisa capaz de quitar el aliento. Cuando entraron al local noto que varios la vieron por encima del hombro, ella pareció acostumbrada a la situación y la ignoro con elegancia mientras platicaba con su hermana, pero para él no fue tan fácil pasar por alto esa grosería, sin siquiera pensar en lo que estaba por hacer la tomo de la mano mientras seguían a la hostes, cuando lo hizo sintió como ella pego un brinco y se le quedo viendo a su mano, cuando llegaron a la mesa tomo una silla y la abrió para ella, después para su hermana y finalmente tomó asiento junto a Denisse. Podía notar la incredulidad de la empleada la cual en realidad hubiera quedado mejor con sus estándares pasados, tenía un cuerpo perfecto y un cabello rojo que llamaba la atención pero ahora se daba cuenta que también era una mujer desagradable e interesada. Bajo la atenta y agresiva mirada de esa mujer volvió a tomar la mano de Denisse que había escondido bajo la mesa y entre sus piernas, la llevo a sus labios y la beso, imágenes de sus piernas rodeándolo inundaron su mente, pero con decisión las alejo, no era el momento, sin embargo con toda la intención de ser escuchado mientras la hostes les llevaba la carta dijo -Si te gusta el restaurante cariño mío o prefieres otro lugar. Denisse se había quedado viendo sus manos juntas sobre la mesa y tardo un poco en reaccionar, sin embargo su actuación sorprendió y enorgulleció a Leo, con voz clara y firme hablo -o no, estoy segura de que todo será perfecto de ahora en más ¿no es así?- Dirigió la mirada hacia una hostes escarmentada y mostrando su mejor sonrisa falsa. El resto de la comida paso con tranquilidad y naturalidad y solo interrumpido por uno que otro gesto de afecto de Leo para ella, él descubrió que se sentía bien, muy bien en realidad, como si así es como debiera ser siempre, era una mujer que podía hablar de todo y que sabía de todo un poco, escuchaba atentamente cuando alguien hablaba y aprendía con genuino interés. Inteligente, bella y preparada, definitivamente podría enamorarse de esa mujer, su hermana había tenido razón, el físico en realidad no importaba, podría ver ese rostro el resto de sus días y mientras lo viera feliz él mismo sería feliz. Estaba decidido, enamoraría a esa mujer, pero quería mantenerlo auténtico, hacer que se enamorara de él y no de su corona, que viera al hombre que había detrás de la fachada de libertino, quería dejarla entrar donde nadie más que sus hermanos había entrado jamás. Por lo que mantendrían en secreto quienes eran realmente. Se lo diría después de que estuviera seguro de que ella era genuina. -Quisiera darte las gracias por lo que hiciste en el restaurante, les enseñaste una lección a todos ellos.- Le dijo una vez que estuvieron de regreso en el coche. -Descuida, se lo ganaron, nunca debieron ser groseros contigo. ¿Te llevamos a la escuela o a algún lugar en especial? -Oh no descuida, hoy es viernes, deja le aviso a mi mama donde estoy para que no se preocupe y soy toda suya el resto del día, podremos hacer lo que quieran. A Leo se le ocurrieron unas buenas ideas de lo que podían hacer ellos solos pero estaba seguro de que a eso no se refería. Escucho como hablaba con su futura suegra y le decía que había salido con amigos, el color rojo que tomó su cara con la respuesta de su madre la hizo ver adorable, quiso saber que era lo que había dicho que la puso así. -Bueno chicos ¿qué les gustaría hacer?- dijo regresando al inglés para que Rosi participara. -En realidad escogimos al azar el destino para nuestras vacaciones así que mi hermano y yo no hicimos una buena documentación al respecto, ¿porque no nos llevas a donde creas que la pasaremos mejor? -Carta blanca para mí entonces, perfecto. Conozco el lugar ideal para que aprendan y se enamoren un poco de mi país. Estamos cerca y les va a encantar.- Se acercó con seguridad al chofer, le pregunto cómo se llamaba y le pidió que los llevara al castillo de Chapultepec. La facilidad con que se dirigió al chofer sorprendió mucho a los dos hermanos, sabían que él era mexicano y le hablaban por su apellido, el cual el secretario les había dado pero ella tenía mucho que enseñarles con respecto a cómo tratar a las personas. Se empezaban a dar cuenta de que su vida había sido muy solitaria y alejada la gente que la rodeaba. Cuando regresó con ellos les contó un poco de lo que iban a ver. A pesar de que ellos estaban acostumbrados a vivir en un castillo muy antiguo y rodeados de bellezas de épocas pasadas se sorprendieron al ver el lugar del que les hablo, estaba lleno de gente disfrutando de una bella tarde soleada corriendo por un parque gigante y comiendo cosas que ellos jamás habían visto u olido, los llevo directamente al castillo que ahora es un museo y les contó acerca de su historia, de los grandes y trágicos sucesos que había visto y de la relevancia actual del edificio. Disfrutaron de la exposición teniendo a la mejor guía de turistas, parecía estar disfrutando mucho con lo que hacía y sabía de todo, les enseñaba los objetos como joyas, vestidos, armas y demás hablándoles de sus historias, casi siendo capaz de transportarlos mágicamente a ese tiempo, así de increíble era su pasión al hablar de la historia del país. Leo intento en varias ocasiones tomar su mano o agarrarla por la cintura pero ella hábilmente se escabullía, lucia nerviosa cada vez que la tocaba y casi incrédula de que él tratara de acercarse a ella. -¿Y bien les ha gustado el recorrido?- Les pregunto mientras se sentaban en unos bancos frente al lago de Chapultepec y comían unos helados increíblemente deliciosos que habían conseguido en un carrito cercano. -Ha sido maravilloso, tienen los objetos en un estado de conservación fantástico y el lugar es impresionante, el lago es bellísimo. ¿Te imaginas Leo si pudiéramos poner un lago así en cas... en la casa? Se vería bellísimo. -Si luciría muy hermoso pero tendrás que conformarte con la vista al mar porque veo difícil poner uno así. -¿Su casa tiene vista al mar? Debe ser precioso, siempre he querido vivir en un lugar así, el mar es mi verdadero amor. Cuéntenme más sobre su país, creo que han escuchado suficiente de el mío por un día.- El corazón de Leo había empezado a latir con velocidad cuando ella dijo eso, era una excelente noticia que quisiera vivir en un lugar con mar, pero sintió celos cuando dijo que era su verdadero amor, ese título solo lo podía tener él, algún día al menos, pero competir contra el poder del mar sería imposible, él quería que tuviera esa mirada cuando hablara de él y no del mar. -Me encanta escucharte hablar de tu país y su historia, te apasiona y se nota ojalá la pequeña Rosi también supiera tanto del nuestro, ella siempre está demasiado ocupada viajando por todos lados como para enamorarse tanto de su casa. Denisse río un poco, Rosi le daba ternura pero también la notaba un poco perdida, como si aún no estuviera segura de su mayor deseo, no era como su hermano que conocía bien su lugar en el mundo y actuaba en consecuencia. -Estoy segura de que si tuviera la oportunidad también viajaría por todas partes y aprendería de cualquier lugar. Pero por el momento me conformo con conocer lo más posible de esta ciudad que tiene infinidad de historias ocultas y lugares especiales. Pero anda cuéntame, quiero saberlo todo de Monterino. -¿Qué te puedo decir? Pues verás, como ya sabes somos una isla, fuimos alguna vez miembros primero de Grecia y luego de Roma, tuvimos un breve periodo de domino turco pero al final Italia nos conquistó, el país se independizó hacia los 1600, los libros varían con respecto a las fechas exactas; y desde entonces la familia Coristos gobierna esas tierras, tenemos a la familia real más longeva de toda Europa. -Eso es increíble, llevan muchos años en el poder, deben ser buenos gobernantes y grandes guerreros si han defendido por tanto tiempo a su país. -Sí, son unos buenos gobernantes. ¿Alguna vez los has visto?- Sabía que esa pregunta podría jugar en su contra, si ella llegaba a decidir buscarlos en internet el juego acababa, pero debía saber si ella los estaba engañando o simplemente no los conocía de verdad. -He visto al Rey en algunas ocasiones, es muy famoso por sus discursos en las plataformas internacionales pero me temo que al resto de la familia no, deben ser muy reservados con su privacidad o los hijos simplemente no van a esos simposios. -Pues me imagino que no tanto- ambos hermanos se sintieron un poco avergonzados, se dieron cuenta de lo desapegados que estaban al verdadero gobierno del país y sus relaciones con el mundo, se habían enfocado tanto en vivir la vida que habían pasado poco tiempo aprendiendo a gobernar el país que algún día sería su responsabilidad. Ahora comenzaba Leo a entender las palabras de su padre, al considerarlo inadecuado y poco preparado para sus responsabilidades, era solo un Playboy muy afortunado, todo este tiempo lo había estado ocupando en viajar y seducir mujeres hermosas por todo el mundo creyéndose con derecho a hacerlo, pero ¿qué pasaría el día de mañana cuando su padre no estuviera y fuera él quien tomará las decisiones? Quizá era verdad de que ese era el momento de casarse y regresar a casa para ocuparse de ser un verdadero príncipe y no sólo de disfrutar del título y sus beneficios. Ya anocheciendo la llevaron de regreso a casa, los dirigió hacia un conjunto habitacional que constaba de varios edificios de departamentos rodeados de áreas verdes y con juegos infantiles a la entrada, se pudo imaginar a sus hijos jugando y corriendo ahí, por desgracia eso jamás sería posible. Aparcaron justo frente a uno de los edificios y ambos se bajaron del coche quedándose Rosi dentro, su hermana era lista, Leo la acompaño hasta la puerta principal del edificio de departamentos en que ella vivía manteniendo una mano en su espalda mientras caminaban. -Gracias por el tour, fue toda una experiencia, ¿crees que podamos contar con tu tiempo el día de mañana? -Bien yo ammm... Si no les importa conocer a mi familia quizá podría hacer algo al respecto. Lo que pasa es que el fin de semana lo dedico a ellos porque entre semana casi no los veo. -Claro que sí, nos encantará conocer a tu gente, será un honor para nosotros te lo aseguro. -¡Genial! Creo que sé el lugar perfecto al que los puedo llevar, ¿te parece si nos vemos aquí mañana cerca de las tres? -Me suena a que tenemos un plan. Nos vemos mañana.- Al terminar esa oración inclinó la cabeza y tomó sus labios, fue un beso breve e intenso pero justo cuando iba a alzar la cabeza ella abrió los labios soltando un suspiro y él aprovechó para profundizar el beso, cubrió su cuerpo con sus brazos y sintió cuando ella se rindió al poner los suyos alrededor de su cuello y respondiendo al juego de lenguas, fue la experiencia más excitante de su vida, tenía el m*****o por completo erecto y deseaba ponerla contra la pared y tomarla ahí mismo, sacando fuerzas se obligó a interrumpir el beso o perdería en control, le dio un par de besos más sobre sus sensuales labios y se alejó de regreso al coche. -Hasta mañana encanto.- Fue lo último que le dijo a una muy confundida y sorprendida cara. -Te dije que tenía razón, ella es perfecta ¿no crees? -Sí, es perfecta.- Le respondió a su hermana mientras cerraba la puerta del coche y arrancaban de regreso al hotel, alcanzó a ver cómo subía las escaleras de su edificio mientras se tocaba los labios un sentimiento de orgullo y posesión lleno su pecho, pero sería mejor no pensar más en ese beso y su apasionada respuesta o tendría que tomar una ducha helada para bajar su excitación.
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