Capítulo 6.

2301 Words
Las semanas se pasaron volando y se sentía en una nube de color rosa, había pasado por muchas cosas en su vida y nunca creyó que alguna vez se sentiría tan feliz y completa, estaba con el hombre más sexy del mundo a su lado y más importante aún, él la amaba, llevaban aproximadamente dos meses saliendo y todo parecía ir muy bien, pronto terminaría con las últimas materias y comenzaría una nueva etapa en la vida y nada la haría más feliz que compartirla con él. Pocos días antes de su cumpleaños veintiséis él propuso un pequeño viaje fuera de la ciudad, como regalo de cumpleaños, ya todos sabían que salían oficialmente como novios por lo que no se opusieron, Rosi se quedaría con la madre de Denisse esos días para que no cometiera una locura y realizarían su primer viaje juntos. Fueron a las paradisiacas playas de Puerto Vallarta, un lugar aún no tan conocido y con mucha más privacidad, nunca olvidaba que corrían el riesgo de que fuera reconocido y provocarán un problema los reporteros, hasta ahora habían tenido mucha suerte, llebavan más de cuatro meses en el país y la prensa local parecía mucho más ocupada con sus artistas locales como para notar la presencia incógnita de dos príncipes en su territorio, la bomba estallaría cuando fuera su prometida oficial. La primer mexicana de nacimiento en convertirse en princesa y futura reina de un país extranjero. Cada día estaba más nervioso por contárselo, ella había sido completamente honesta desde el principio y tal vez no tomará muy bien su mentira. Pasaban los días paseando por el puerto y las playas, por las noches hacían el amor con pasión y desenfreno, cada día se entregaban un poco más el uno al otro. Para su cumpleaños organizó una cena en uno de los restaurantes más exclusivos de la zona y le obsequió las llaves de un Audi. -¡Por todos los cielos! Es demasiado. -Amore mio, no es nada, así ya no tendrás que viajar en transportes públicos y el coche de tu madre podrá descansar de vez en cuando. -No puedo aceptar esto, ya es demasiado, me has dado diamantes y un carro, yo no puedo darte nada parecido. No es justo me has dado tanto y yo no tengo con que responderte. -Pero dolcezza, tú me has dado tu corazón, nunca nadie me había dado nada más valioso que eso. Y si tu interés en mí fuera por las cosas materiales y el dinero la historia sería distinta. -Aun así esto es demasiado. -No quiero escuchar ni una palabra más, el coche es tuyo y espero que le des el uso que se merece. -Eres un tanto mandón ¿lo sabías? -Solo logró salirme con la mía. -Ahhhh...- Suspiro profundamente. -Bien, pero deberás enseñarme a manejar. -Será un placer principessa mía. La noche había sido perfecta y el carro era todo lo que había esperado, lo llevarían con ellos en el jet de la familia cuando regresaran. Poco después de regresar a la habitación del hotel notó que algo no estaba bien, el celular que Leo había dejado cargándose estaba sonando y cuando se acercaron vio que habían veinte llamadas perdidas y varios mensajes de Ricardo pero la preocupación no hizo más que aumentar cuando contesto el teléfono, empezó a hablar en un rápido italiano y a vociferar molesto, sin siquiera prestarle atención se metió a la recámara de la suite y siguió hablando con su hermano, debía ser muy grave si estaba tan alterado. Se acercó al televisor y puso una película a un volumen bajo, podía escuchar la conversación en la otra habitación pero aunque había estado estudiando un poco de italiano aún no tenía el nivel para seguir esa conversación. Un rato después termino la llamada y salió por la puerta doble, camino directamente al mini bar y se sirvió una copa de coñac, lucía algo alterado y un poco preocupado. Y por primera vez ella dudo en sí se debía acercar a él o dejarlo tranquilo, casi como si estuviera fuera de lugar. Tomando un poco de la seguridad que le habían infundado estos meses se acercó y tomó su hombro y espero a que reaccionara a su presencia. -Mi hermano está en la Ciudad de México. Debemos regresar mañana mismo. -¿Qué pasó? ¿Todo está bien en tu casa? -No lo sé, dice que padre ha estado un poco enfermo y que es necesario que vaya. Vino a asegurarse de que regresáramos. -Lo lamento mucho, no sabía que estuviera enfermo de algo. -Yo tampoco. -Está bien cariño, prepararemos las maletas y regresaremos mañana temprano, así podrás hablar con tu hermano ¿de acuerdo? -Sí, está bien, lamento haber arruinado tu cumpleaños. -Nada de eso, fue un día perfecto y fue gracias a ti. Descuida, pase lo que pase estaremos juntos, quita ya esa cara de angustia, verás que todo está bien. -¿Me lo juras? ¿Juras que estarás a mi lado pase lo que pase? -Claro que si ¿hay algo que deba saber? Supo que ese era el momento de decírselo pero por primera vez en su vida sintió miedo tenía miedo de que lo dejara, no estaba listo para enfrentarse a esa posibilidad, no sabía cuándo estaría listo, sin ella su vida perdería sentido y su cuerpo evitaba a toda costa ese dolor, sin poder decir ni una palabra solo la tomo en brazos y la llevo hasta la habitación donde le hizo el amor como si fuera a ser la última vez. Habían pasado ya dos días desde que habían interrumpido su viaje, no tenía noticias suyas desde que la había dejado fuera de su departamento y él se había ido sin más. Le había llamado un par de veces pero no contestan o mandaba directo al buzón de voz, Rosi tampoco contestaba sus llamadas y en un arrebato de pánico por su seguridad había llamado al hotel y preguntado por ellos para que le dijeran que habían abandonado en lugar al poco de que volvieron. “Así es como termina el cuento de hadas” le decía una voz en su cabeza, le costaba trabajo creer que todo fuera solo una mentira pero en ocasiones creía que lo había soñado todo y que simplemente ya había despertado. Casi se convencía de que eso era lo que había pasado cuando un mensajero llego a la puerta de su casa, llevaba un sobre marrón cerrado, tomó el paquete un tanto nerviosa, tenía impreso en la parte delantera el mismo símbolo del anillo que Leo le había dado. Con manos temblorosas rompió el sello del sobre y saco una revista del interior, parecía una revista británica para adolescentes normal, pero cuando vio la portada su mundo se puso de cabeza, la fotografía que estaba era una de Leonardo del brazo de una súper modelo el titular decía “La nueva chica del Príncipe de Monterino”, sin poder creer lo que veía abrió la revista y busco el artículo, con cada vez más incredulidad leyó los párrafos “el rompe corazones del año...” “Siempre sale con mujeres hermosas...” “Se sabe de buena fuente de que busca esposa permisiva...” Todo el reportaje pintaba a un hombre frívolo y calculador. Con lágrimas en los ojos tomó asiento en la primera superficie que encontró, repito lentamente para calmarse, no podía haberle mentido de esa forma ¿o sí? Estaba a punto de tomar su teléfono celular para buscar en internet cuando le llegó un mensaje, era del celular de Leo, solo decía una dirección y una hora en específico, no supo cómo tomar eso, tal vez alguien lo estaba vigilando y era un mensaje encriptado pero era demasiado raro, como solo faltaba poco más de una hora para que diera la del mensaje y la dirección estaba un tanto lejos tomó su bolso y salí de su casa. Pasará lo que pasará en realidad lo descubriría ese día. Llegó al lugar de la cita, uno de los hoteles más lujosos del país, diez minutos antes de la hora y fue directamente hasta la habitación que estaba marcada en el mensaje subió directamente y sin que nadie la detuviera, le pareció muy extraño pero era mejor no tener que dar explicaciones que ni ella comprendía. Cuando llegó al piso correcto noto que un hombre pequeño y con una vibra desagradable caminaba por el pasillo justo delante de ella, casi como si la hubiera esperado, pero al no hablarle ni dar muestras de que la conociera simplemente continuo buscando el número de habitación, vio que el hombre extraño se metía en una con una puerta doble muy lujosa dejándola ligeramente abierta y decidió acercarse a ver, al notar que era el mismo número de habitación supo que algo malo iba a pasar. Justo cuando iba a tocar escucho voces de dos hombres que estaban discutiendo al interior, reconoció al instante la voz de Leo, todo su cuerpo respondía a su voz y lo reconocería aun estando ciega y sorda, sabía que estaba con otros dos hombres, por instinto y contra todo lo que ella pensaba que era correcto se quedó atrás de la puerta y escucho lo que pasaba. -Tú le prometiste a padre que le darías una oportunidad a tu prometida. -Ella no es mi prometida Ricardo y habíamos quedado en que me daría seis meses. -Sí, porque creyó que buscarías a una cualquiera como, siempre y sería obvio quien era más apropiada para ser reina, nunca espero que te buscaras a una desconocida de un país pobre solo para molestarlo. -No es para molestarlo, es mucho más complicado que eso. -No debiste hacerle promesas que no vas a cumplir, el trato era que volverías a casa para darle una oportunidad a Aanisa y después decidirías por el bien del país. -¿Estás loco? Si hubiera regresado me habría comprometido con esa mujer a los pocos segundos aún siquiera darme oportunidad de pelear. -Habría hecho bien, esa mujer es una criatura encantadora ¿de verdad cambiaras a una mujer que nació para ser de la realeza por esa ballena tuya? No es fea de la cara con unos kilos de menos seguro que consigue a cualquiera, tal vez hasta a uno rico pero déjala ir no tiene madera de reina. -¡Cállate! No vuelvas a hablar así de ella. -Debes estar idiota ¿vas a preferir a una extraña antes que a tu familia? -Él no va a tener que elegir nada- sin poder soportarlo más Denisse entró a la habitación, con un panorama completo de la escena pudo darse cuenta de que ambos hermanos estaban parados frente a un gran balcón con unas copas de líquido ambarino en las manos ambos casi vacíos y que el extraño secretario había desaparecido en algún lugar de la habitación. -Yo no los conozco y esto jamás paso, eres libre de ir y cumplir con tu deber- dijo mientras salía y se quitaba el anillo sello del dedo y lo dejaba en una mesa cerca de la entrada. -No espera cariño.- Fue lo último que escucho antes de echarse a correr hacia el elevador abierto y pulsar con velocidad para que se cerraran las puertas. Leo sintió pánico cuando ella interrumpió la conversación, sintió como su corazón se aceleró al verla dejar el anillo, pero cuando intento ir tras ella las piernas cedieron bajo su peso y la cabeza comenzó a darle vueltas, fue entonces cuando se percató de que su hermano había hablado en español y por fuerza de costumbre él también, se dio la vuelta con la interrogación en el rostro justo para ver a su hermano cuando le dijo -lo siento, pero padre te necesita y teníamos que hacer lo que fuera necesario para llevarte de regreso- antes de desmallarse. Para cuando llegó al lobby del hotel se dio cuenta de que una gran cantidad de periodistas estaban justo en las puertas, un hombre bajo y de acento italiano se acercó a ella y en un extraño lenguaje le dijo “puerta de atrás”, ella estuvo a punto de ir con ese hombre pero al final decidió que no tenía nada que esconder y que si no era a ella a la que buscaban simplemente encontraría una manera de salir de la marea de pirañas. -¿Usted es la novia del príncipe?- La primer pregunta le dijo todo lo que debía saber, ignoro un par de preguntas más pero al ver que no la dejarían pasar tomó una técnica más eficaz. -Lo lamento, no sé de lo que hablan, yo fui contratada por la embajada de Monterino para dar un tour a los príncipes en su visita. No sé nada más.- Tras esas palabras los reporteros la dejaron pasar, soltaron unas cuantas más al aire pero con toda la fuerza de voluntad que tenía simplemente sonrío y encogió los hombros. Para su sorpresa al llegar al final de la escalera se encontró con Rogelio, el joven simplemente la tomo del hombro y la guio hacia un viejo automóvil cercano dejando el Audi olvidado en algún lugar del estacionamiento del hotel, sería mejor así, no quería nada de él. -Lo lamento señorita, no sabía nada de esto, me enteré hoy en la mañana cuando me finiquitaron. -Por favor, llámame Denisse, siempre te lo he dicho y ahora puedes sentirte libre de hacerlo. Y no tienes por qué disculparte, yo debo agradecerte por ayudarme a salir de ahí. -Una actuación ejemplar si me permites decirlo, nadie sabría decir que tienes el corazón roto. -Gracias- la sonrisa que le dedico fue débil y al estar necesitada de un amigo recargo la cabeza en su hombro mientras arrancaba para alejarse de ese lugar.
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