Después de ese incómodo y delicioso desayuno, los esposos decidieron dar un pequeño paseo y tomar algunas fotos que serían publicadas en una revista donde ellos darían la primicia, contando como llegaron a ese matrimonio tan repentino para muchos que no conocían esa historia; una de las que seguían reprochando los padres de los dos, aún no estaban del tono convencido de que ellos llevarán un buen matrimonio. Imaginando que solo lo estaba haciendo para llegar a su objetivo, tener el control completo de ambos legados. —Yo solo espero, que mi niña no sufra —advirtió Mario. No imaginaba ver a su hija sufrir por amor. —Entiendo tu miedo Mario, pero veo a mi hijo muy contento, aseguró respetar a tu hija y yo le creo —intervino Juan Carlos muy serio, por esa amenaza que prácticamente hacía él.

