No, no y no. Agité mi cabeza con fuerza para sacarme esos absurdos pensamiento. Jessica no podía estar llorando por mí, porque me vio con Anna. ¡Ella me vio muchas veces con Anna! En los ensayos, en la cena… y nunca la vi llorando por mí. Caí en cuenta al recordar su comportamiento durante la cena, un día antes del estreno de la obra. Ella actuó muy extraño. Volví a sacudir mi cabeza. «Basta de pensar estupideces. Si ella sintiera algo por mí, ya me lo habría demostrado», pensé. Caminé de prisa hacia mi coche, donde me esperaba mi prometida y lo abordé sin más preámbulos. —¿Listo? —Anna me recibió con su dulce voz. —Sí. —¿Qué le sucedió a esa chica? —¿Qué? —mi mente divagó. —La chica salió corriendo e iba llorando. ¿Qué le sucedió? —indagó Anna. Curiosa como siempre. Me encogí d

