Me sentí dentro de un sueño. Miré alrededor y todo era perfecto. El clima, la gente y hasta el mismo suelo de la pista de aterrizaje, era tan espectacular. En definitivo, estaba en otro mundo. —¡Bienvenida a Londres! —dijo el señor Byrne a mi espalda. Al girarme pude ver una enorme sonrisa en su rostro. Hizo un ademán con su mano para enseñarme todo lo que me rodeaba. Mis ojos brillaron como nunca antes lo hicieron. Bajé con cuidado y el señor Byrne me ofreció su brazo para apoyarme, como todo buen caballero británico. Caminamos a lo largo de la pista para ser dirigidos a una puerta que nos llevó hasta un largo pasillo. Tuve que pasar por los tediosos procedimientos por los cuales deben pasar las personas cuando llegan a un país extranjero: entrega de documentación, verificación y la

