Benjamín llegó al día siguiente y Bethany fue a buscarlo porque yo estaba en clases. Cuando llegué al departamento, él me recibió con una gran sonrisa en su rostro, me abrazó y me dio un beso. Por una extraña razón mi corazón se aceleró. Me alegré de verlo. Esa noche salimos a cenar y dar una vuelta por el parque. Con Benjamín podía hacer cosas que con Corbin no, como el simple hecho de caminar con tranquilidad por las calles de Londres, sin tener que escondernos de los paparazzi, o de la decena de chicas que se nos acercaban para pedirle una foto. —Hey —la voz de Benjamín me sacó de mi ensimismamiento. —¿Qué? —sacudí la cabeza. —¿Dónde estabas? —Soltó una carcajada—. Te fuiste. —Solo pienso en… cosas. Benjamín me miró con detenimiento, como tratando de descifrar que era lo que pasa

