Llegué a Londres casi a las cuatro de la mañana, hora local. Bajé del avión y sin perder tiempo, decidí ir a mi departamento y dormir un par de horas, hasta que fuese una hora modesta para llamar a Emily. Programé mi alarma para que sonara a las ocho en punto, eso me daría chance de descansar un poco, pues durante el vuelo no pude dormir nada, entre la ansiedad de llegar y los constantes movimientos bruscos por turbulencias. Desperté gracias a un molesto ruido proveniente del exterior. Al parecer, a mi vecino le provocó hacer remodelaciones en su jardín. ¿A quién carajo se le ocurre usar la sierra eléctrica, un viernes a las siete de la mañana? A mi vecino. Salí refunfuñando de la cama mientras encendía la radio. Estaba sonando una linda canción, interpretada por una chica. Reí al perc

