Al llegar a mi residencia, pude ver unos cuantos coches estacionados frente a mi domicilio, entre los cuales pude reconocer la lujosa Range Rover Evoque color verde olivo de Eddie, quien se aproximaba con un trago de whisky en la mano. —¡Por fin llegas! ¿Dónde rayos te metes el teléfono? —inquirió Ed en tono divertido. —¿Por qué? ¿Qué sucede? —Te fuiste sin siquiera despedirte de tu madre y tu hermana. ¡j***r! Me llevé las manos a la cabeza. —Me olvidé por completo de ellas —confesé. —Todos nos dimos cuenta. Estabas muy concentrado en llevar a esa muchacha a su casa —el comentario de Eddie fue malicioso—. Espero que hayas logrado pasar de segunda base, al menos. —¿Qué? No es lo que estás pensando —argumenté. —Para haber dejado tirada a tu propia madre, debe gustarte mucho esa muje

