Jessica le dio un empujón sutil a Marcus, al caer en cuenta de lo que estaba haciendo. —No —susurró—. Agradezco que me veas de esa manera. Es hermoso que sientas todo eso por mí, pero no puedo. Corbin es mi todo. No puedo siquiera imaginar la vida sin él. Marcus soltó una risa sarcástica. —No puedo creer la suerte que tienen algunos —dijo él. —Lo siento, Marcus, por haber alimentado esto. Me gustas. No pienso negártelo, pero… —Estás enamorada de tu esposo —completó Ward con mordacidad—. De acuerdo. Ya lo entendí. —Lo siento. Marcus se giró y se encaminó hacia la salida. —Puedes quedarte tranquila. No lo demandaré. Dicho eso, se marchó. Lágrimas amargas rodaron por las mejillas de Jessica. No lograba entender porque amaba tanto a ese hombre terco, que se convirtió en un amargado,

