—¡Oh! ¡Aquí estás! Por fin te encuentro —la voz de Aaron me recordó donde estaba. Lo fulminé con la mirada. —Como si no supieras donde he estado. —¿Qué? No sé de qué hablas —fingió inocencia. —¡Basta! No te hagas el tonto conmigo —mi mirada acusadora lo hizo ponerse nervioso—. Los planeaste todo, pero te lo digo de nuevo. Entre Adeline y yo no pasará nada. Eso quedó en el pasado. —Discúlpame, Corbin. Pensé que sería buena idea que tú y… —Sé que tus intenciones son buenas —lo interrumpí—, pero no puedes ir por allí, tratando de emparejarme con mujeres, que según tú, le hacen bien a mi imagen. Con Adeline no hay retorno. Eso se acabó. Lo que teníamos que vivir lo vivimos—le dije y me di la vuelta. —¿A dónde vas? —preguntó él. —Tu objetivo con esta velada no fue alcanzado y no quiero

