Eran casi las ocho de la noche y me encontraba a bordo de una limusina, frente al hotel donde se hospedaba Charlotte. Aaron me pidió que pasara por ella. A las ocho en punto, Charlotte abordó el coche. Se veía preciosa con ese vestido rojo que llevaba puesto. Asistiríamos juntos a la cena, por petición de nuestro publicista. Al llegar al lugar pautado, fuimos recibidos por una ráfaga de flashes y los gritos desesperados de una gran fanaticada. Saludé como siempre acostumbraba hacerlo y de inmediato ingresé a las instalaciones del Braserie Chavot con Charlotte de mi brazo. La velada transcurrió con normalidad, mientras Charlotte y yo compartíamos con los demás invitados. Aaron se paseó por el lugar charlando con cuanto “posible cliente” se le cruzaba en el camino. Actrices, actores, músi

