Bajamos del auto y entramos al departamento. Nos vestimos con ropas más cómodas y nos dispusimos a cenar y charlar acerca de nuestras vidas. Aprovechamos la noche para conocernos a fondo y afianzar una linda amistad. Los días transcurrieron uno tras otro y era la misma rutina, pero era una rutina que amaba. Despertaba, me vestía, desayunaba y me iba a clases. En la academia aprendía cada día un poco más y mientras más aprendía, más me enamoraba de ese mundo. Descubrí que de verdad poseía un don para la actuación. En las clases de improvisación siempre era la que obtenía los mejores comentarios de la profesora Jones. Poco a poco me fui haciendo amiga de todos los profesores y algunos chicos de los últimos años, quienes eran actores en ascenso y me daban consejos para mejorar mi interpre

