Los días pasaron. Los golpes y el dolor físico desaparecieron, pero el dolor de mi alma, no. Me dediqué a torturar mi psiquis en secreto, viendo películas, entrevistas, fotos… Todo relacionado a Corbin, a la vez que mis lágrimas caían sin cesar. Mi depresión era evidente. Benjamín decidió tomarse sus vacaciones anuales por anticipado para quedarse en Londres junto a Bethany y ayudarla a atenderme. A ambos les pedí que no comentaran nada de mi embarazo frente a mis padres. No quería que ellos supieran nada por el momento. Ya les diría luego. Muchas veces escuché a Benjamín hablando por teléfono o por Skype con alguno de sus colegas psiquiatras y psicólogos, quienes le daban recomendaciones respecto a qué hacer en mi caso. Mis amigos y mis padres hicieron todo lo posible para sacarme de m

