Al terminar de comer, Benjamín se acercó a mí y me abrazó con cariño, me dio varios besos en el rostro y no dejó de decir lo feliz que se sentía y lo mucho que me amaba. Por una extraña razón, yo no pude decirle lo mismo, solo me limité a sonreír. Él me besó en la frente con tanto cariño, que me hizo sentir muy querida y la forma en que me abrazó me hizo sentir segura. —¡Oh! Lo siento. No sabía que había alguien aquí —una voz interrumpió el momento. Me giré y vi a Corbin, quien nos miraba boquiabierto. Solté a Benjamín y traté de recobrar la compostura. —No pasa nada. Solo somos mi esposa y yo —dijo Benjamín con toda la mala intención del mundo. Giré mi mirada hacia él y lo fulminé con mis ojos. —¡Cállate! —dije entre dientes. —¿Qué? —susurró. Un silencio incómodo se apoderó del lug

