Los días pasaron a toda velocidad. Día tras días nos dedicamos a amarnos de todas las maneras posibles. No tardaron los encabezados de revistas amarillistas tildando nuestra relación como algo de mera conveniencia, pues para algunos, era inconcebible que me relacionara con una mujer casi diez años menor que yo y que apenas estaba dándose a conocer como actriz. Otros se atrevieron a decir que Jessica solo me usaba para escalar posiciones dentro de la industria del cine. Toda una falsedad. Por orden de mi publicista, me distancié de los medios, pues el acoso era extremo, a tal punto que los paparazzi dormían en las puertas de mi residencia con la convicción de obtener una foto de Windsor y su pareja. Fue tormentoso encender la televisión y ver el montón de programas faranduleros, donde el

