El sonido agudo de la alarma de un carro me despertó. Di un brinco del susto y me tapé la cabeza con una almohada. La alarma dejó de sonar. —¿Corbin? —oí en la distancia. Me quedé dormido luego de darme una ducha y de haber atracado la nevera en busca de algo de comer. Un poco de estofado de ternera con ensalada de espinacas y maíz calmaron mi apetito. Mi madre me llamaba desde el piso inferior. Mi presencia era más que evidente, pues dejé mi coche aparcado frente a la casa. Me levanté de prisa y fui a su encuentro. Mientras bajaba las escaleras, reconocí la voz de alguien más. Mi madre no estaba sola. Era una voz familiar y al reconocer quien era, mi corazón se aceleró de alegría. —¡Mamá! Te pasaste con esta sorpresota —Sharon sonó muy emocionada. —No, cariño. Yo no sabía que él

