Los siguientes días pasaron como de costumbre, pero algo dentro de mí no estaba bien, la amargura y la rabia se convirtieron en inquilinas constantes de mi vida. Cuando estaba en casa con Anna, mi cuerpo era una cáscara vacía, mi mente divagaba la mayoría del tiempo. No le prestaba atención a mi novia y la dejaba hablando sola. En los últimos días, Anna prefirió quedarse en su estudio donde supe que tenía una habitación provisional para quedarse cuando fuese necesario. Al parecer tenía que trabajar hasta tarde y se le hacía más cómodo quedarse. Pero sabía a la perfección que era porque ella no soportaba mi mal humor. De hecho, ni yo me soportaba algunas veces. Por otro lado, yo disfrutaba de la soledad, pues así podía concentrarme en mis cosas. Bueno, en realidad en las cosas que me inv

