La noche comenzó de una manera muy divertida y ver a Jessica haciéndome una escena de celos, lejos de parecerme perturbador, se me hizo de lo más adorable. La mujer que caminaba a mi lado era sublime y elegante. Mi corazón se sentía orgulloso de amar a una mujer así. Caminamos entre tantos colegas que no tuve tiempo para saludarlos a todos. La presencia de destacadas figuras de la escena despertó en mí, cierto sentimiento de añoranza, de aquellos años en los cuales me limitaba a verlos a través de una pantalla de televisión, deseando estar allí. Una exuberante morena de cabello caoba nos indicó donde debíamos sentarnos y no tardé en darme cuenta de que estábamos rodeados de personas excepcionales. Saludé con un abrazo a mi antiguo colega de teatro, Dixon Farrell, quien se encontraba en

