—Ana, es hora. La rubia seguía distraída en sus pensamientos y Camila se dio cuenta. Así como Ana la había apoyado en varias ocasiones era su momento. —¿Qué sucede? —Camila se sentó frente a Ana, dispuesta a saber la verdad. —Nada lo juro, ya nos vamos. —Aún tenemos tiempo y no me digas mentiras —Ana levanto la mirada rápidamente y sonrío—. Yo no lo hago. —Si, es mi hermano, Wilson. Me preocupa —Camila se arrepintió de haber preguntado. —No puedo aconsejarte, no tengo hermanos, mi única familia es Miguel. —Tienes razón —entonces Camila se puso de pie—. Pero puedes escucharme, por favor. Ella sabía que debía escuchar a su amiga, porque en eso se había convertido Ana, con la excepción de no contarle que conocía a Wilson. —Te escucho. —Mi hermano, nunca fue el rebelde de la cas

