—Mamá, necesito tu ayuda. —Thomas, ¿estás bien? —No —el labio de Thomas temblaba, tenía el corazón y la vida hecha pedazos, no sabía que estaba pasando, nunca antes había sentido un dolor igual. —¿Qué sucede hijo? Su madre, que siempre estaba preparada para lo peor, sabía que había algo diferente en su hijo, no era una mujer que lo controlara a pesar de las incontables fallas que tenía el muchacho, pero se había dado cuenta que desde su llegada a ese extraño y lejano pueblo, las cuentas eran cada vez con menos ceros, los pagos que ella debía depositar eran solo para comida y vivienda. No sabía si había sido por voluntad o por amor. Pero agradecía que su hijo fuese ahora un joven más considerado con la vida, con su propia vida. —Hijo, sabes que puedes contar conmigo para lo que se

