─ ¡Lárguense! ─grito colérico con la garganta doliendo, irritado por la culpa y las miradas de pena que se arremolinaban en su espalda, el peso de la culpa se cernía encima de su costado, apretando tan fuerte y doloroso como una daga, clavándose en su corazón y pensar. El rostro pálido encima del suelo daba un aspecto de estar en calma, pero contrario a todo aquello estaba ese pecho que había dejado de respirar desde hacia instantes atrás, solo quedaba ella con el rostro pálido y carente de vida. Los rizos negros se habían quedado en su rostro que echado a un costado estaba pegado al suelo.