Capítulo 25 Abro mis ojos soñolientos y me estiro perezosamente. Intento levantarme, pero mi cuerpo cansado vuelve a caer sobre las sábanas. Me doy la vuelta, queriendo quedarme en la cama para siempre, pero de repente mis fosas nasales se llenan con un olor familiar. Fuerzo a mis pesados párpados a abrirse y veo a Dereck acostado a mi lado. Está cubierto hasta la cintura con un edredón gris y está boca arriba, respirando suavemente. Su camiseta negra se eleva ligeramente con cada inhalación que toma y cae cuando exhala. Asuntos tan banales se convierten para mí en algo extraordinario y fascinante. No es frecuente que encuentres a Dereck tan vulnerable y frágil como cuando está durmiendo. El sol se está poniendo lentamente, dejando que los últimos rayos entren en la habitación. El relo
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