—Hola, ¿qué tal va tu luna de miel? —pregunto con ánimo. —Leah… —musita. La escucho llorar y el estómago se me encoge de inmediato. —¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? No responde. Solo escucho sus sollozos, cada vez más desesperados y empiezo a inquietarme. —Dime qué sucede, Hayleen —presiono—. Me estás asustando. —Nos acaban de echar del hotel —logra decir al fin. —¿¡Qué!? ¿Por qué? —La tarjeta de Eric se quedó sin crédito y no tenemos cómo pagar los días que faltan para regresar. —¿Y ya tienes los boletos del avión para volver? —Sí, pero son para la próxima semana. —Hayleen… apenas es lunes —resoplo—. Llevas dos días de luna de miel. —Por favor, Leah, deposítame el dinero del hotel, cuando regrese vuelvo a trabajar en la cafetería y me lo descuentas, te pagaré hasta el último centav

