El despertador sonó por tercera vez en la mañana. Ya eran más de las siete y se suponía que ella debía ir al colegio. No era una escuela cualquiera, se trataba del colegio más caro y prestigioso de París. Una Boucher no podía asistir a cualquier escuela de baja categoría.
Si tuviera que describir su vida, Serene la definiría como el producto de combinar “Adicta por las compras” y “Rapunzel”. Vivía en una casa enorme, la cual sus padres habían constituido con el arduo trabajo mental que significaba desarrollar una revista de moda y una casa de diseño, sin embargo no podía salir de aquella casa a menos que fuera para algo estrictamente necesario; y aun así si padre tenía que acompañarla.
Serene Boucher se levantó para apagar aquel aparato y, acto seguido, se cambió de ropa por el estilizado uniforme de aquel prestigioso colegio. Pero no todo podía ser malo en su vida, sus padres habían amasado una fortuna y ella había cumplido la mayoría de edad, se encontraba en el último semestre de su carrera y, aún mejor, su padre le había permitido ir de compras con su mejor amiga.
Sonaba injusto que a sus veintiún años su padre fuera tan estricto con ella, pero la verdad es que la última vez que había salido sola su padre terminó pagando una enorme cantidad de dinero porque su hija se había excedido comprando toda clase de cosas que, ante la mirada de un hombre, no eran mas que cosas frívolas e inútiles, es decir, ¿para qué necesitaba el mismo modelo de brazalete en tres matices diferentes de rosa?
Ella le echaba toda la culpa a su mejor amiga Pauline, una chica que conoció en su adolescencia y que le había demostrado ser tan fanática de la moda como ella. Si Serene tenía una seria obsesión con los accesorios, Pauline era fanática de los zapatos.
La vida de estas dos mujeres era la envidia de las r************* . Miles de seguidores en i********: hacían crecer el ego de éste par con comentarios como: «Qué envidia», «¿Por qué no puedo verme así?», «¿A quién debo vender mi alma para ser como tú? ».
Una vida de ensueño en un lugar alucinante como París. Ella tenía más de lo que necesitaba, pero lo justo para desenvolverse en el ámbito en el que laboraba.
―¿Qué hay para desayunar? ―interrogó Serene mientras acomodaba su cabello para que el flequillo no le cubriera los hermosos ojos verdes que había heredado de su madre.
―Su padre me ha indicado que le preparara algo balanceado, así que hoy tenemos jugo de naranja, ensalada de lechuga con higos, un caldillo de jitomate con queso, un poco de café y una pieza de pan. También me pidió que le recordara que hoy tiene una cita importante con la señorita Pauline ―respondió la sirvienta mientras se colocaba a un lado de la escalera para que Serene pudiera pasar al comedor.
―¿Es que papá me quiere convertir en un cerdo?, estoy a dos meses de poder ser el platillo principal ésta navidad ―murmuró inconforme.
Sus padres exageraban, ella ya no era una niña, podía ser responsable de su propia vida.
Terminó todo su desayuno, recogió el bolso donde guardaba sus útiles escolares, y salió al garage para que el chofer la llevara a la universidad.
Saint Germain Des Prés era la mejor institución que sus padre pudieron pagar para no tener que mandar a su hija a otro país, ni siquiera la querían dejar mudarse a otra ciudad.
―Señorita, su padre me ordenó que la recoja después de sus clases para llevarla al centro comercial, ¿debemos esperar a alguien más? ―preguntó el chofer mientras maniobraba para estacionar la camioneta entre dos autos compactos.
―Esperaremos a Pauline y nos iremos, si vas a M&M dile a mi padre que ésta vez no me excederé en las comparas, que puede evitarse la molestia de ir a espiar qué es lo que hago.
Serene había visto el estacionamiento repleto, sin embargo no había nadie en el salón de clases. A juzgar por el ambiente, ella había llegado demasiado temprano.
Dejó el bolso sobre uno de los pupitres e intentó moverlo para alinearlo, sin embargo sus dedos rozaron algo pegajoso y ella dejó caer la silla de inmediato.
―¡Iug! ―exclamó a sabiendas de que nadie la escucharía.
Sus dedos habían tocado un chicle lleno de cabello y basura de lápiz. Ahora su preciada manicura había quedado contaminada con la saliva de un extraño.
―¿Cómo pueden ser tan asquerosos? ―gritó, pero ésta vez si recibió una respuesta.
―Señorita Boucher, ¿nadie le avisó que hoy su grupo saldría del campus? ―preguntó la asesora del grupo mientras observaba a Serene con reprobación.
―No…no lo sabía.
―No me extraña, usted y su amiga siempre están hablando en las clases, ¿creía que ningún maestro se había quejado?, pues no señorita, esto es inaudito...tendré que llamar a su padre para informarle de su falta y de las quejas de algunos profesores.
―¡No!, no creo que sea necesario, iré a mi auto y alcanzaré a mi grupo en...
―Meilleur Mode señorita Boucher ―finalizó la asesora con una enorme sonrisa en el rostro.
De todas las empresas de la zona a las que podían ir debían elegir la menos conveniente para Serene.
Mellieur Mode era la empresa fundada por su padre, claro que ella prefería decirle M&M, como los chocolates; y se suponía que su padre iba a dar el tour por todo el lugar, ¿qué pensaría si no vier a su hija con todo el contingente?
Serene Boucher bajó como posesa las escaleras y corrió hacia el estacionamiento con la esperanza de que el chofer siguiera ahí.
Su cabello iba ondeando conforme ella corría y el viento le daba de frente, las personas que transitaban por donde ella pasaba sólo se quedaban embobadas viendo a la castaña correr sin parar.
Los pulmones le ardían y sentía el corazón en la garganta, pero eso no la detuvo, quería llegar tan pronto como fuera posible, quería ver al chofer esperando por ella en el estacionamiento.
Para su desgracia eso no sucedió, al llegar solamente vio la fila de camionetas que se utilizaban para las excursiones, y también a los choferes sentados en la banqueta esperando a que su jornada terminara.
―¿Alguien está aquí para llevar a los alumnos resagados de la excursión? ―indagó Serene mientras era observada por los tres señores ahí sentados.
―¿Cuántos alumnos resagados hay?, tenemos autorizado salir si son más de cuatro ―respondió uno de ellos mientras se ponía de pie y se alistaba para subir al auto.
―No, solamente soy yo.
Decidió retirarse del estacionamiento en cuanto escuchó las risas de aquellos hombres, pero tenían razón en burlarse, ¿a quién se le podía olvidar una excursión a la empresa de su familia? Solamente a ella.
Serene siguió andando hasta la parada de los autobuses para poder tomar un taxi, sin embargo se dio cuenta de que no llevaba cartera, y que su teléfono no aguantaría lo suficiente como para pedir un transporte en su aplicación.
Con toda la esperanza que tenía, se aferró al teléfono y comenzó a utilizar la red para poder solicitar un auto pero, justo cuando estaba indicando el punto de partida, el teléfono se apagó y ella se quedó observando el aparato que tenía entre las manos. Por si eso no fuera suficiente, un relámpago cruzó por el cielo y las gotas de lluvia comenzaron a caer.
Poco a poco la ropa se fue adhiriendo a su cuerpo, dándole un aspecto lamentable. Por fortuna su maquillaje era de tan buena calidad que ni el agua había logrado retirarlo.
―Señorita, si quiere la puedo llevar ―dijo alguien dentro de un auto de color blanco.
Los vidrios polarizados impedían que Serene viera a la persona que se encontraba dentro del auto, sin embargo aquella voz tan profunda solamente le podía pertenecer a un hombre, ¿y si quería secuestrarla?, era mejor rechazar la propuesta.
―Señor, ¿a caso me ve mendigando caridad? ―respondió con desdén mientras la lluvia seguía cayendo.
―Te ves lamentable, pero veo que no necesitas de mi ayuda.
Aquella persona desconocida continuó su camino pero no llegó muy lejos, el color rojo del semáforo detuvo por completo su avance. Mientras esperaba ahí en el tráfico, vio a Serene por el espejo retrovisor.
Aquella chica seguía en la misma posición esperando a alguien. Fue una motocicleta que pasó a un costado, la que le arrojó el lodo de la cuneta directo al uniforme.
Serene no hizo nada más que congelarse ahí mientras todos observaban el espectáculo en el interior de sus autos.
Como si fuera su momento de gloria, el hombre del auto blanco se bajó del transporte con un paraguas en la mano y lo abrió para caminar hacia aquella chica.
―¡¿Estás feliz?! ―le gritó Serene al cielo solamente para descargar su frustración. Era un hecho que iba a llegar tarde a la empresa de su padre, y eso probablemente sería el pretexto perfecto para que su padre la volviera a refundir dentro de casa.
―Ver sufrir a una mujer tan linda no me hace feliz, ¿ahora si quieres que te lleve? ―ofreció el atractivo joven mientras atajaba el agua con el paraguas amarillo que sostenía sobre la cabeza de la joven.
―¿Por qué insiste en llevarme?, ¿por qué debería confiar en usted?
―Porque soy la única persona que se ha dignado en ayudarte y, si quisiera secuestrar a alguien, te aseguro que hubiese elegido a una mujer que por lo menos me pareciese atractiva.
Aquella respuesta no hizo mas que encolerizar a Serene, quien estaba más que ofendida por los insultos que había recibido por parte de aquella persona, sin embargo no pensaba ponerse a pelear en medio de la banqueta. No estaba en posición de indignarse en ese momento.
―Gracias, aceptaré su oferta por ésta vez ―susurró avergonzada y dejó que aquel hombre la guiara hacia su auto.
―¿Puedo saber por qué no pediste un transporte?, a juzgar por el uniforme vienes de aquella universidad y, por lo que tengo entendido, no es una escuela muy barata que digamos.
―Se me acabó la batería. ¿A dónde se dirige? ―preguntó una vez que recordó que se encontraba dentro del auto de ese hombre extraño.
―Iré a mi casa si es que no me dices a dónde quieres ir.
―¿Conoce la empresa Meillieur Mode? ―preguntó esperanzada a que la respuesta fuera que sí.
―Sí, un edificio grande de muchos cristales obscuros, ¿vas ahí?
―Sí, por favor ―dijo susurrando. No le gustaba deberle favores a nadie, porque eso podía significar que tendría que volverlo a ver.
Desde la parte trasera del auto él no se veía nada amenazador. Su cabello castaño pulcramente acomodado, el cuello planchado de una camisa blanca y, por el espejo retrovisor, podía ver sus hermosos ojos color miel observando atentos el camino.
―¿He aprobado la inspección? ―preguntó el hombre, quien había estado sintiendo las constantes miradas de Serene.
―Yo…ah…no, ¿quién eres?
―Yo…ah…no te diré, solamente estoy haciendo mi buena acción del día ¿si?, después de esto espero que no nos encontremos otra vez. No quiero tener nada que ver con una niña mimada.
Y con esa respuesta ambos permanecieron en silencio hasta que llegaron a la empresa del padre de Serene.
―Hemos llegado, suerte con lo que sea que vayas a hacer ―se despidió aquel hombre mientras esperaba a que Serene bajara del auto.
―¿Así nada más?, ¿no vas a abrirme la puerta?
―Veo que tienes dos manos y que funcionan muy bien, creo que eso basta para que puedas abrir tú sola la puerta. Adiós.
La crueldad de aquella persona la molestó, sin embargo no podía ponerse a discutir porque era él quien la estaba ayudando.
―Muchas gracias…¿cómo te llamas?
―Te lo diré sólo si me dices tu nombre. Me generas desconfianza ―se rió aquel chico.
Un instante más y Serene hubiera comenzado a babear con la sonrisa de aquel hombre, pero ni eso haría que ella le dijera su nombre.
―No te lo diré, de todas formas, no nos volveremos a ver.
―En ese caso te diré chubasco ―ésta vez soltó un sonido parecido a una risa, ―hasta nunca señorita chubasco.
Serene se quedó con la ira contenida frente al edificio de su padre.
Ignoraría por completo el desagradable comentario de aquel chico, no pensaría más en él y continuaría su camino hacia el interior de la empresa de su padre. Eso era lo que Serene había pensado hacer.
Desgraciadamente ella no tenía demasiado tiempo como para desperdiciarlo pensando en tonterías, necesitaba llegar hasta donde estaban sus compañeros cuanto antes; así que, con todo el orgullo del mundo, se sacudió el lodo que ya se había secado y corrió hacia el interior de la empresa.
―Disculpe señorita, no puedo dejarla pasar sin una cita ―la detuvo la recepcionista antes de que ella lograra dirigirse a los elevadores.
―¡Laura! Soy la hija del jefe, ¿es que no me reconoces? ―reclamó indignada mientras se detenía para que la recepcionista la observara con detenimiento.
―Perdóneme señorita Boucher, no logré reconocerla de ésta forma, ¿desee que llame a su padre para que venga a verla?
―No es necesario, me dirijo a verlo.
―El elevador está en reparación, tendrá que utilizar las escaleras.
Genial, su día iba de mal en peor. La excursión, la batería de su teléfono, el clima…todo parecía estar en su contra, pero no dejaría que su salida con su amiga se sumara a esa lista de infortunios.
Ella subió corriendo las escaleras con la esperanza de llegar antes de que su padre notara su ausencia. Tal vez los empleados no hablarían, no le contarían a su padre que la habían visto llegar tarde a la visita de su salón de clases.
Estaba aún subiendo cuando logró ver el peculiar cabello rizado de su amiga, al fin los había logrado alcanzar.
―¡Pauline! ―gritó de felicidad al verla, pero ella giró con los ojos bien abiertos mientras señalaba hacia el frente.
―C Á L L A T E ―gesticuló la chica, y volvió a mirar al frente.
Serene no sabía qué era lo que estaba pasando, así que siguió subiendo hasta que por fin alcanzó al grupo completo.
Todos estaban ahí parados observando por la puerta al equipo de diseño que se encontraba haciendo bocetos en unos enormes blocs de dibujo. Todos ellos estaban ensimismados y no se percataban de las miradas de asombro de sus espectadores.
―Es sólo el departamento de diseño, si hubiese querido estudiar eso, no estaría en la facultad de administración ―se quejó uno de sus compañeros mientras se alejaba un poco para poder seguir subiendo las escaleras.
―¿A dónde cree que va joven?, debes mantenerte con el grupo o reportaremos esto a la universidad ―intervino el padre de Serene.
Su voz tan gruesa hizo que muchas cabezas se giraran para verlo, pero la más impresionada era Serene, pues su padre le había puesto la mano sobre el hombro mientras regañaba a su compañero.
Los escalofríos le recorrieron todo el cuerpo y, sentir a su padre tan cerca hizo que pegara un pequeño salto debido al susto.
―Están aquí para hablar sobre la administración de ésta marca. Vayamos entonces a mi oficina.
El señor Boucher se retiró de ahí mientras todos se formaban para seguir subiendo. Serene esperó a que pasara su amiga para reunirse con ella.
―¿Dónde estabas? ―preguntó Pauline susurrando para no interrumpir al hombre que los guiaba en el recorrido.
―Se me olvidó el recorrido y alguien me tuvo que traer.
―¿Ese alguien era lindo?
Serene rodó los ojos ante la pregunta de su amiga. «¿Por qué ella siempre tenía que terminar pensando en hombres?», se preguntó Serene mientras su amiga seguía sonriendo en espera de su respuesta.
―Eso es lo que menos importa. ¿Mi padre no había venido antes?
―No, pero dime, ¿por qué tu uniforme está sucio con lodo?
―Una motocicleta iba pasando en la carretera y me salpicó lodo, todo porque mi chofer se había ido y yo no tenía batería en mi teléfono como para pedir el transporte.
―¿Entonces quién te trajo?
―Un chico PERO NO CONOZCO SU NOMBRE ―recalcó al ver aquel brillo en los ojos de su amiga. ―Supongo que si alguna vez en mi vida lo vuelvo a ver lo compensaré.
―Qué pena que no te haya dado ni su nombre ni su número, eso solamente lo hace más genia y misterioso, ¿por qué no me pasan esas cosas?
―Porque la vida te ama Pauline. Deja de hablar ya y sigamos con el recorrido.
Durante la visita, el señor Boucher les explicó todo lo que ahí se hacía, el paso a paso del proceso de toma de decisiones y también aprovechó para hablar un poco sobre moda. En algún punto de la explicación pudo ponerle atención a su hija.
Por algún motivo desconocido para él, su hija estaba bañada en lodo, Tenía manchas de tierra en la cara y su cabello estaba obviamente mojado; y él no tenía ni idea de cómo es que ella se encontraba en ese estado y el resto de sus compañeros habían llegado impecables.
Serene notó la mirada de su padre e instintivamente giró hacia el cristal de la puerta para ver su reflejo. Daba asco, tal vez realmente era pena; su cabello mojado y las manchas de mugre en el rostro le daban un aspecto lamentable, no podía estar molesta con el chico que se había apiadado de ella. En realidad si parecía una pordiosera, solamente el escudo del uniforme la salvaba de que todos la tomaran como tal.
La explicación terminó y todos comenzaron a bajar ansiosos por las escaleras, al fin el recorrido había llegado a su fin y podrían volver a la universidad. La idea de volver a estudiar no era tan atractiva, pero por lo menos era mejor que estar observando a personas trabajar e intentar aprender algo de ello.
Una vez que los alumnos subieron a las camionetas que los llevaron, Pauline comenzó a reír como loca mientras se agarraba el estómago debido al dolor.
―¿Y ahora qué te pasa? ―interrogó Serene avergonzada porque todos ahí las estaban viendo.
―Es que no puedo creer que te veas así, ¡Mírate! ―y volvió a reír descontrolada, ―y un desconocido te trajo aquí, ¿es que no te parece gracioso?
―Claro que no, deja de hablar de eso o no iremos de compras.
―¿Vas a venir? ―interrogó de golpe mientras dejaba de reír. Era en verdad impactante escuchar eso, a su amiga normalmente no la dejaban salir.
―Sí, hoy me dieron permiso.
Cuando llegaron a su salón de clases, la asesora los estaba esperando para avisarles que podían retirarse a sus casas debido a que pensaban que el recorrido tardaría más.
Serene bajó feliz para encontrarse con el chofer, quien al verla soltó una risa incontenible.
―Lo siento señorita, pero es que se ve…extraña ―explicó mientras abría la puerta del auto para dejarla pasar.
―Gracias. ¿Dónde estabas?, necesitaba que me llevaras a la empresa de papá y cuando vine a verte ya te habías ido.
―Hice unos recados para su padre, ¿desea que esperemos aquí a su amiga?
―No, hay un cambio de planes, vayamos a casa.
―Como ordene señorita.
El auto avanzó de prisa por las calles de París hasta que llegaron a la casa de los Boucher.
Serene salió del auto y entró a la casa, donde su madre estaba esperando sentada sola en la enorme mesa donde se suponía que la familia debía sentarse a comer.
―Hola cari…¡¿Qué te ha pasado?!, ¡¿alguien te asaltó?! ―interrogó asustada mientras se acercaba a Serene para revisarla meticulosamente.
―No me pasó nada. A mi también me da gusto verte ―respondió con sarcasmo mientras guardaba su bolso en el armario detrás de la puerta.
―Lo siento cariño, pero es que me sorprendió verte…así, ¿no te regañó tu padre?
―No, estaba muy entretenido hablando de su trabajo como para aprovechar la oportunidad.
―¿Tienes prisa? ―insistió al ver que su hija quería ir a su habitación.
―Saldré de compras con Pauline. Vine nada más para ducharme y cambiar de ropa, no quiero andar sucia y con el uniforme en el centro comercial.
Serene pasó derecho hacia su habitación para poder arreglarse. Había decidido utilizar un vestido corto de Versace que su padre le había regalado por su cumpleaños. No había tenido oportunidad de estrenarlo.
Bajó feliz, por primera vez iba a poder salir de ahí sin que su padre la siguiera, sin que alguien le dijera «ya es hora de volver» cada cinco minutos.
―¿Ya está lista señorita? ―preguntó el chofer como siempre.
―Lista, vayamos al centro comercial.
―Su padre me dijo que debía ir a recogerla dentro de tres horas, ¿quiere que vayamos a recoger a su amiga?
―No hace falta, iremos directo y ahí nos encontraremos.
―Recuerde abrocharse el cinturón y mantener el teléfono encendido en caso de que su familia quiera ponerse en contacto con usted.
―Sí, ya cargué un poco la batería, creo que con la mitad será suficiente.
El auto volvió a circular por las calles hasta el centro comercial. Realmente no se encontraba lejos, pero Serene no quería llegar sudando ahora que se había arreglado para verse increíble mientras iba de compras.
Rara vez Serene visitaba a éste sitio porque solía pedir cosas por internet, siempre resultaba más barato. Pero para ella nada sustituía el placer de pasearse entre pasillos llenos de ropa, descolgar prendas e ir a los probadores para medirse la ropa.
―Me comunicaré con usted media hora antes de que llegue al centro comercial para que me pase su ubicación, ¿le parece bien señorita?
―Sí, mantendré la ubicación activa mientras ande por aquí.
Serene salió del auto y corrió al interior del centro comercial. Había cambiado tanto, muchas tiendas nuevas habían abierto ahí dentro y otras se habían mudado.
Las luces se parecían a las de las pasarelas a las que su madre solía llevarla, y habían tantas personas que parecía que realmente estaba en una de esas películas en las que las mujeres corren como locas para aprovechar las ofertas.
―¡Llegaste! ―gritó Pauline haciéndole señas para que se acercara.
―Así es, ¿ya vamos a ir de lleno a comprar?
Y, como si fuera una espada, Pauline blandió su tarjeta de crédito en el aire y caminó enganchando a su amiga del brazo.
El par daba vueltas de aquí para allá. Se probaban pares y pares de zapatos hasta que eligieron los que más le gustaron; también ingresaron a una tienda de muchos accesorios y salieron cargadas de pequeñas bolsas.
―Nunca creí que venir a comprar así sería tan cansado ―comentó Serene mientras se sentaba en una de las bancas de madera para poder descansar los pies.
―No fue broma cuando te dije que me servía de ejercicio.
―¿Vamos a ir a comer?, tengo mucha hambre.
―Iremos por unas hamburguesas, tengo que recuperar esas calorías que he perdido ―bromeó Pauline tirando del brazo a su amiga para ayudarla a levantarse.
Ambas se dirigían al área de los restaurantes y se quedaron paradas observando si alguna mesa estaba disponible, pero parecía ser que no.
Justo antes de que ellas se dieran la vuelta, una señora se levantó con su charola de comida y fue a depositar la basura en su lugar, al no ver que regresara a sentarse, Serene se lanzó para apartar esa mesa.
Ella estaba a punto de sentarse cuando alguien le quitó la silla, ella se estrelló de lleno contra el suelo y sus compras se cayeron de las bolsas
―Perdone señorita, no me fije que usted se iba a sentar ―explicó el joven que se encontraba de pie detrás de ella. ―¿Te encuentras bien?
―No ¿Cómo crees que voy a estar bien si me acabo de golpear el trasero por tu culpa?, eres un idio…¡TÚ!
La persona que estaba detrás de ella era el mismo joven que la había ayudado llevándola a la empresa de su padre, el destino se había encaprichado en volverlos a reunir.
―¡Chubasco, eres tú!, te ves muy diferente cuando no estás usando el uniforme.
―Déjame en paz ―murmuró la joven mientras intentaba guardar sus cosas dentro de las bolsas.
―Yo te ayudo con eso, haste a un lado. Ésta vez no es porque te tenga lástima chubasco.
―¿Qué pasó?, ¿quién es él? ―preguntó Pauline, quien iba cargando la charola con la hamburguesa.
―Soy Ferdinand Cordier ―se presentó el joven, ―por accidente hice que tu amiga, chubasco, se cayera y le ayudo a levantar sus cosas.
―Mucho gusto. Soy Pauline, la amiga de ‘chubasco’, ¿por qué le dices así?
Al parecer Pauline había olvidado por completo que su amiga estaba en el suelo intentando guardar sus cosas.
―Ésta mañana la llevé a un lugar en mi auto. La pobre lucía lamentable.
―¡Oigan!, ¿pueden dejar de actuar como si yo no existiera? ―gritó Serene ofendida por la actitud de esos dos.
―Lo siento Ser. Parece ser que hoy no es tu día.
―¿Te llamas Ser?
―No, y no planeo decirte mi nombre, FER-DI-NAND ―contestó recalcando el nombre del chico al que acababa de conocer.
―Para compensarte esto, ¿qué te parece si las invito a comer algo?, ¿tal vez unas papas? ―ofreció el joven esperanzado a que aceptara, no le gustaba tener adeudos con las personas.
―¡Es perfecto! ―intervino Pauline antes de que Serene pudiese rechazar la oferta.
―¿Ahora sí me vas a decir tu nombre? ―preguntó Ferdinand mientras volvía a agacharse junto a Serene.
―Ni muerta.
―En ese caso te llamaré preciosa, te queda mejor que chubasco.
―¡Serene!, me llamo Serene. No vuelvas a decirme así.
La joven recogió todas sus pertenencias, jaló la silla de regreso a su lugar y se quedó ahí sentada.
―”Serene”…no suena mal, pero creo que te queda mejor ‘preciosa’ ―sonrió y se dio la vuelta para poder ir hacia el local de postres que estaba cerca.
Pauline estaba embobada observando cada paso que daba Ferdinand, no podía creer que su amiga conociera a un hombre tan lindo y no se lo hubiera dicho.
―¡Preséntamelo! ―chilló Pauline mientras juntaba las palmas a modo de súplica.
―¿Es que tienes que utilizar lentes?, ¡velo bien!, es la clase de chico que solamente quiere jugar con las mujeres ―atacó Serene sin piedad, ―mira su forma de caminar, todo un seductor.
―Tú eres la que debe ir al oculista amiga, ¡mira cómo camina!, apuesto mi vida a que es un modelo, eso explicaría muchas cosas para mi…¿o será un príncipe?
―Me da igual quién sea o qué sea él, para mi no es mas que una sujeto arrogante y engreído.
―Si tan mal te cae ¿por qué no te negaste al postre?
―Porque mis padres me educaron con buenos modales.
―Entonces, si en verdad no estás interesada, ¿puedo ir por él?
Pauline se levantó de la silla y caminó hacia Feridnand para hacerle compañía mientras esperaba su turno.
Serene estaba molesta por el comportamiento de Pauline, estaba tan irritada que tomó sus bolsas y se levantó de la silla dispuesta a salir del centro comercial para volver a casa.
Ella estaba acomodando las bolsas de vuelta en sus manos cuando Pauline la detuvo.
―¿Ya te vas? ―interrogó mientras dejaba las rebanadas de pastel sobre la mesa.
―Sí, mi papá acaba de decirme que debo regresar a casa, ya sabes cómo es él.
―¿Entonces ya no nos vamos a volver a ver? ―preguntó Ferdinand.
―No, con algo de suerte jamás nos volveremos a ver ―culminó Serene y comenzó a avanzar hacia el estacionamiento.
―Yo te llevo a tu casa, ya que no pudiste comer el pastel, entonces déjame llevarte a casa ―ofreció Ferdinand.
―Gracias, pero mi chofer está esperando afuera.
En ese momento Serene recordó que no había contactado con el chofer para que fuera a recogerla más temprano, pero Ferdinand no tenía por qué saber eso. Ya se le ocurriría algo para volver a casa sin parecer vergonzosa.
―En ese caso permíteme ayudarte con las bolsas, ¿en qué parte del estacionamiento te están esperando?
Ferdinand comenzó a quitarle algunas bolsas mientras esperaba que Serene avanzara hacia el auto en el que se iría, solamente que no sabía que no existía ningún auto esperándola ahí.
―¿Cuál es el auto? ―preguntó con las bolsas en la mano.
―Creo que no ha llegado, tendré que tomar un taxi ―mintió Serene.
―No lo creo. Vayamos a mi auto, yo te llevaré.
―No pienso subir otra vez a tu auto.
―Como desees, entonces no te devolveré tus bolsas.
―Ferdinand, no estoy jugando ―masculló molesta.
―Yo tampoco. Tenemos tanto en común ―bromeó el joven mientras caminaba hacia su auto.
―Deja de bromear y devuélveme mis cosas, o tendré que llamar a alguien de seguridad.
―Te devolveré las cosas hasta que subas al auto, y no te preocupes por tu amiga ―comentó al ver que ella estaba buscando a alguien con la vista, ―ella me dijo que se quedaría a comprar un par de cosas más.
―Está bien, llévame al edificio donde me dejaste la otra vez ―respondió Serene molesta.
―No creo que vivas ahí, a menos que seas la veladora.
―Claro que no vivo ahí, pero puedo tomar el transporte desde ahí.
―Si no me dices dónde vives tendré que llevarte a mi departamento ―volvió a amenazar.
Avanzaron un par de calles mientras ella dudaba si decirle su dirección o no, claro que no quería ir a su departamento, pero tampoco deseaba que sus padres la vieran llegar en el auto de un extraño.
―Está bien, dirígete al sitio donde me encontraste ésta mañana ―bufó Serene.
Él condujo hacia esa dirección concentrado en el camino, de Serene no se podía decir lo mismo, ella estaba apresurada mandándole mensajes al chofer para avisarle que había tomado un auto para volver a casa. Obviamente el chofer se iba a alterar porque ella tenía activada la ubicación en el teléfono.
―Tampoco creo que vivas en tu escuela ―comentó Ferdinand una vez que ella apartó la vista del teléfono.
―No, vivo en Boulevard Haussmann ―respondió distraída.
―Iremos para allá.
No tardaron mucho en llegar hasta la casa de Serene. Aquella construcción dejó sorprendido al chico en cuestión.
Si ella le había indicado ese lugar solamente significaba que ella vivía con personas acaudaladas, sin embargo no se imaginaba que llevara el estilo de vida que estaba contemplando en ese momento.
―¿Vives con ricos?
―Así es, nos vemos ―musitó mientras abría la puerta para bajarse del auto.
―Nos vemos preciosa,
―Ya te dije que no me digas así.
―Ya te dije que me gusta más que tu nombre ―dijo intentando imitar la voz de Serene.
Cuando la chica entró a su casa, se encontró con su padre parado en medio de la sala con los brazos cruzados. La postura no podía indicar nada más que malas noticias, y el hecho de que la mirada que le dirigía no era amable, significaba entonces que esas malas noticias la involucraban.