Capítulo 2 —Una nueva oportunidad

1480 Words
Samantha: Sonia no llegó a casa, así que tuve que almorzar sola y eso se sintió mal. Quería tener compañía para al menos desahogar mi desdicha. Tal vez estaba siendo muy dramática, pero no podía evitarlo, se trataba de mi futuro. Entre leer un libro de cocina y comer mi buena dosis de chocolate sentada en mi sofá, viendo también una película dramática, pasé el resto de la tarde evitando pensar en nada. Cuando oscureció, decidí preparar la cena, espaguetis a la boloñesa. No tenía apetito, pero la cocina era lo único que me sacaba de mis problemas. Además, probablemente Sonia tendría hambre cuando llegara. Cosa que no tardo en suceder. La puerta de entrada se abrió con fuerza y la loca de mi amiga llegó gritando mi nombre. —¡Samantha! ¡Samantha! Salí de la cocina asustada con una espátula de madera en mi mano y en el proceso la salsa se regó en el suelo. “Mierd*, mi limpieza se arruinó”, pensé, pero no era momento para molestarme. —¡Sonia! ¡Qué pasa! —dije una vez llegué a su lado. Ella se acercó a mí y puso ambas manos en mis brazos casi sacudiéndome. La loca sonreía. —¡Adivina! —dice con mucho optimismo. Me dejé contagiar por su ánimo, el miedo se fue y le sonreí. —¡Qué! ¡Dime que pasó! —Solo podía pensar en que tenía la solución a mis problemas. Sus ojos cafés brillaron como dos estrellas. —¡Voy a salir con un chico, super guapo! —Ella se alejó de mí y brinco en su lugar. Negué, “esta loca”, mi ánimo se fue al piso y estaba segura de que mi mirada se transformó en una de aburrimiento. Solo pude decir. —Ah. Mi amiga detuvo su baile frenético y me observó ofendida. —Solo vas a decir, ¿ah? Suspiré y me crucé de brazos. ¿Qué quería que dijera? Estaba en problemas y ella me salía con esto. Aun así, respiré profundo, tratando de cambiar mi actitud y le sonreí. —¡Felicidades! —Le dije. Mi amiga no tenía la culpa de mis problemas y de verdad que me alegraba por ella. Su expresión cambió y me dio la misma sonrisa brillante que tenía hace solo unos momentos. —Sí, justo eso, lo conocí cuando fui a una cafetería del centro comercial, era el camarero y…. Se detuvo dramáticamente y solo pude continuar con su juego. —¿Y? —Pregunté con burla esperando que más seguiría. —¡Samantha! —Pronunció mi nombre emocionada—. Me dijo que era guapa y que si le gustaría salir con él. —Su sonrisa boba no se borraba de sus labios rojos. Negué, para Sonia, cualquier halago de un chico guapo, era el mundo para ella. Yo no podía ni pensar en relaciones, no desde mi anterior novio, al cual no quería ni recordar. Dejando mi oscuro pasado en el fondo de mi mente, continué escuchándola parlotear. —¿No crees que es romántico? Lancé una pequeña risa burlona y me dirigí a la cocina. —Pero sí, hasta ahora lo conoces. Ella me siguió y escuché el suspiro ruidoso que soltó a mis espaldas. No le presté atención, dejé la espátula sobre la olla, y apagué el fuego. La miré. —La cena está lista. Sonia se sentó en uno de los taburetes de la isla de la cocina y sus labios se transformaron en una mueca. —¡Oye!, por lo menos ponte feliz por mí. Le di una mirada irritada. —Estoy feliz por ti, solo pienso que primero debes conocerlo. No sabes con quién te vas a encontrar. —La última frase salió amarga en mi boca y Sonia lo notó. Ella abrió la boca y yo solo la detuve con mi mano, me di la vuelta dispuesta a enfocarme en algo más que en mi exnovio, Stefan. Saqué los platos y ella vino ayudarme. —Sam, ¿pero sabes qué más? —Su tono de voz volvió a ser el de siempre y lo aprecié. —¡Qué! —Le pregunté llevando los platos a la isla para empezar a servir mi gloriosa pasta, que no era por nada, pero me quedaba muy deliciosa. —También encontré trabajo para ti. —La observé sorprendida, dejando en el vacío la cuchara con la primera porción de pasta. Sonia se ríe de mi expresión y baja mi mano con la cuchara incluida, hasta que llega al plato. —¡De qué es! —Pregunté emocionada y crucé los dedos, esperando que fuera apto para mí. Ella me quita la cuchara y empieza a servir los espaguetis. —Me lo dio el chico, estaba en el tablero de avisos. Necesitan una chica de limpieza y que sepa cocinar comida gourmet, saludable, ya sabes, para trabajar de lunes a viernes. —¿De sirvienta? —Pregunté irritada. Sonia me dio una mala mirada. —De empleada de servicio, se escucha mejor. Ten, aquí está el número. —Me alcanza un pequeño trozo de papel y lo tomo enseguida. Ella continúa. —Sam, piénsalo, es lo mismo que haces acá en nuestra casa, pero pues te van a pagar por ser chef. ¿No te gusta la idea? —No lo sé…, y si es un mal lugar. —Mis palabras se escucharon inseguras. Sonia niega y termina de servir. —No pierdes nada con llamar. ¿Querías trabajo? Pues ahí lo tienes. Me mordí mi labio inferior, no quería ser quisquillosa, pero… —Si lo sé, pero no sé qué decir. Sonia gruñe soltando la cuchara en el plato y me quita el papel de un tirón. —¡Ah!… Yo lo haré. Eres muy cobarde —dice un tanto irritada. Estreché mi mirada en ella. ¿Cobarde? Yo no era…, “bueno, tal vez un poco”, admití en mi pensamiento. Vi a Sonia marcar y ponerlo en altavoz. No tuvimos que esperar mucho, la llamada fue contestada. —¡Hola! ¡Quién habla! —Responde una mujer algo enojada. Miré a Sonia a los ojos, esa era una mala señal. Ella niega sin darle importancia y continúa. —Hola, buenas noches, soy Samantha Miller, tengo 21 años y estoy interesada para trabajar como empleada y cocinera en su casa. La respuesta de la mujer fue rápida. —¡Oh, claro, maravilloso! —Su tono de voz era más alegre. Sonia me observó con una mirada confiada de, “te lo dije”. La mujer al otro lado de la línea continúa. —Creí que nunca nadie llamaría, es que con ese anuncio tan pobre que hicieron. —Se quejó. Levanté una de mis cejas, “vaya, qué señora tan exigente”. La mujer prosigue. —En fin, anota la dirección. Mañana mismo puedes venir para acordar los términos. ¡Qué! ¿Tan rápido? Sonia no le presta cuidado a mi expresión de sorpresa y empieza a anotar las indicaciones de la mujer. —Bien, bien…, aja. —Respondía mi amiga. —Nos vemos mañana, Samantha —dice por último la mujer y cuelga. Sonia me da la libreta donde apuntó los datos y me sonríe. —Bien, aquí tienes, mañana a las ocho. La tomo con gusto, no podía ser malagradecida. Lo intentaría, necesitaba el dinero. —Ahora, vamos a comer que muero de hambre —dice ella empezando a tomar un tenedor. —Comienza sin mí, ya vuelvo. —Le digo saliendo de la cocina rápidamente rumbo a mi habitación. Tomo mi laptop y regreso a donde Sonia, la cual ya llevaba casi vacío su plato de espaguetis. Sonrió con suficiencia, me encantaba cuando la gente degustaba mi comida con agrado. —¿Qué haces? —Pregunta ella con la boca llena. —Buscar la dirección en la web. Después de unos cuantos clics, las dos nos quedamos mirando la pantalla esperando a que cargara, cuando apareció la imagen, no lo podíamos creer. —Diabl*s Samantha, vas a ir a una casa de gente de dinero. Mira ese lugar, por Dios. Cerré mi boca, antes de que se me metiera un bicho. —Es…, es linda. —Fue lo único que se me ocurrió. —Es maravillosa, amiga. —Responde Sonia, dándole más sentido a mis pensamientos confusos y sorprendidos. Solo pude asentir, era verdad ese adjetivo le quedaba mejor. Sin detenerme, continué buscando más detalles de la casa o más bien la mansión, parecía más eso. Era muy lujosa. Mi amiga continúa. —Sam, no te dejes de esa señora, pide mucho dinero, se ve que tiene de sobra. Fruncí mi ceño, yo no era tan ambiciosa, pero podía empezar a ser un poco más justa con mi trabajo, después de todo lo valía, era la mejor chef en mi clase.
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