Samantha:
Después de que me enseñaron los miles de cuartos lujosos, que había en esta casa, llegamos por último a la cocina, mi lugar de trabajo. Estaba segura de que este momento tenía la boca abierta, era enorme, las encimeras y la isla de la cocina, estaban hechas de granito n*gro que hacía ver todo el espacio sofisticado, y ¿los electrodomésticos?… Sí, esos eran los más caros que había visto. Con ese horno, podía cumplir cada uno de mis sueños en la cocina y hacer los más grandiosos pasteles, galletas...
—¿Samantha? —Escuché la voz gruesa y totalmente atractiva de mi jefe llamándome.
Me sobresalté y volví a sentir mis mejillas calentarse. Mierd*, ¿por qué me intimidaba este hombre?
“Oh, no sé, ¿talvez por qué es super atractivo y guapo?”, me cuestionó mi mente.
Tenía razón, aparte de tener una cara que cualquier modelo envidiaría, también pude ver los grandes músculos que se marcaban bajo su camisa de trabajo. No dudada que su estómago y el resto de su cuerpo, estuviera bien trabajado….
Sacudí mi cabeza, “¡no es momento de pensar en esto!”, me reprendí.
Enfocándome, me di la vuelta para ver al señor Alexander muy cerca de mí y con una sonrisa divertida en sus labios, completamente besables…
Gruñí mentalmente, “¡debes dejar de pensar en eso!”, me regañé nuevamente.
En su lugar carraspeé para aliviar la incomodidad y le sonreí tímidamente.
—Siento haberme distraído, es que tienen una cocina fabulosa —dije mirando a mi jefe como también a su esposa, que estaba pasando uno de sus dedos por las encimeras, al parecer comprobando si tenían polvo.
—Tenemos lo mejor, por supuesto. —Respondió Ashley—. Aunque está muy sucio, tal vez deberías…
—Descansar y hacerlo mañana. —Advirtió su esposo, lanzándole dardos de molestia y a mí una mirada de disculpa.
Ashley rodó sus ojos y se dirigió rumbo a otro cuarto, que había justo al lado de la cocina. —Ven Samantha, conoce la despensa. Así te familiarizas con todo. —La seguí sin protestar.
No me importaba empezar a trabajar esta misma noche, pero sintiendo la tensión de los esposos, lo dejé pasar, no quería presenciar sus peleas. Claro, sí era que las tenían, porque parecía que se amaban demasiado. Al menos eso pensaba.
Como sea, mi mente se despejó cuando vi el interior de la habitación. Estaba repleta de productos comestibles, posicionados ordenadamente en varios estantes. Había enlatados, harina para hornear, un refrigerador más grande, en fin, tenían de todo.
—¡Wow! —Fue lo que salió de mi boca.
Escuché la risa de Ashley. —¿Te sorprendes por la comida?
—Bueno, es que amo cocinar y sé que les gustará todo lo que les voy a preparar —dije emocionada. Esta casa, como dije, era el sueño de todo chef.
Alexander me dio una mirada cariñosa, la cual evadí, por no sé qué, pero la verdad era que me hacía sentir nerviosa. Por otro lado, Ashley me dio una sonrisa burlona, seguro para ella era absurdo, pero no para mí.
De todas formas, continúe diciendo como excusa. —Además de todo, la casa es muy linda y muy grande. No puedo evitar sentirme emocionada.
Esta vez la señora de la casa, me dio una sonrisa de suficiencia. —Sí, es muy hermosa, mi papi la diseño especialmente para nosotros. —Esto último lo dijo mirando a su esposo, quien desvió la mirada.
Fruncí mi ceño confundida observando entre ambos, sintiendo que algo ocultaban tras sus miradas evasivas, pero igual lo dejé pasar, porque no era mi trabajo ahondar en asuntos ajenos.
—Entonces qué suerte tiene usted, de tener un padre tan amoroso. —Le dije con una sonrisa.
La mujer acompaña mi expresión. —Me halagas Samantha, pero si tú eres bien educada, me imagino que tu padre también es buena persona.
Mi sonrisa anterior se fue rápidamente de mis labios y por un momento no supe qué decir, pero al final reaccioné. —Sí, lo era —dije sintiendo un dolor muy fuerte en mi pecho, que no se curaría ni con el paso del tiempo.
Extrañaba mucho a mi familia.
Ashley me observa confundida. —¿Lo era?
Asentí y miré entre los dos esposos. —Mis padres murieron en un accidente, cuando tenía siete años —dije monótonamente, no me gustaba decir esto libremente.
Ashley se ve un poco culpable y pone una mano en su corazón. —¡Oh, Dios mío! Perdón Samantha. Lo siento mucho.
Negué, intentando no mostrar que me afectaba. La verdad no me gustaba como me miraba la gente cuando lo decía, me hacían sentir extraña.
—No se preocupe, señora, eso fue hace mucho —dije mirando entre los dos, pero mi atención permaneció un poco más en Alexander que se quedó observándome en silencio.
Una mirada de ojos oscuros, muy penetrantes, que me hacían sentir cosas…, dejé de observarlo.
“Quién sabe qué pensará de mí”, no tuve tiempo de cavilar en mis pensamientos porque Ashley se aclaró la garganta llamando nuestra atención.
—Bien, salgamos de aquí —dice observándome y luego a su esposo—. Y tú, Alexander, ayúdala a llevar su equipaje.
Mi jefe salió de su estado pensativo y enseguida vino a mí. —Por supuesto —dijo llevándose las maletas.
Una vez estuvimos en las escaleras, me sentí apenada. Él era mi jefe, no tenía por qué llevar mis cosas. —No es necesario que las lleve, señor, yo las puedo subir. —Mis manos rozaron las suyas cuando intenté quitárselas y estática, o no sé qué energía, recorrió mi cuerpo.
Me sonrojé de nuevo.
Alexander me observó con su mirada penetrante. —Déjame a mí. —Me quitó las maletas de mis manos.
—No, señor Spencer, me da vergüenza. Déjeme a mí, que yo puedo. —Intenté quitárselas, pero él esquivó la acción.
—No seas terca, niña. Las escaleras son largas. —Me dio una mirada que no admitía discusión.
Suspiré, “Qué hombre tan mandón” —Está bien. —Accedí.
Escuché la risa de la señora Ashley a mis espaldas y la vi sonriendo con malicia hacia su esposo. —Mi querido Alexander como siempre tan servicial y tan... —Ella se detuvo de hablar cuando su móvil comenzó a vibrar.
—Oh, tengo que responder esto —dice mirándome—. Mi esposo te llevará a su habitación.
Asentí, pero ella ni siquiera me observó, bajó las escaleras que ya había avanzado y se fue a contestar su llamada super importante.
Bien, no tenía opción, tendría que ir con el señor.
—Ven sígueme. —dijo él avanzando un gran tramo de las escaleras.
—Sí, señor. —Respondí.
Ante mi respuesta, Alexander me miró sobre su hombro con diversión. —Ahórrate el señor. —Él se detuvo en su camino y esperó que yo avanzara más escalones para caminar a mi lado.
Esto me perturbó un poco, podía sentir en mi brazo su calor corporal, como también percibir el olor de su colonia que me hacía sonrojar. Hace mucho no estaba tan cerca de otro hombre.
Lo observé y él me estaba mirando de cerca. Quise apartar la mirada, pero me haría ver irrespetuosa, o al menos eso pensé.
—Pero entonces, cómo debería llamarte. —No sé por qué le hablé de tú, pero ya no me podía arrepentir.
Mi jefe me sonríe y se ve más relajado. —Dime simplemente, Alexander.
No alejé mi mirada de él, ni cuando estuve ya en el pasillo de las habitaciones. —Está bien, Alexander.
Percibí algo en sus ojos oscuros, no sé si fue agrado, o deseo, pero dejé ese pensamiento a un lado, eso no podía ser.
—¿Qué sucede? —Le pregunté curiosa.
Él se detiene, en una de las puertas del pasillo y sacude su cabeza. —Nada, es solo que creo que nos llevaremos bien.
—Esta..., bien. —Tartamudee—. Haré mi mejor esfuerzo.
Su sonrisa encantadora se dejó ver de nuevo. —Bien, déjame mostrarte, tu nueva habitación.
Asentí nerviosa por su actitud, solo que todos esos sentimientos confusos se dispersaron, cuando él abrió la puerta y me mostró el que sería mi espacio en los próximos meses.
Sonreí, era precioso y espacioso. Tal vez, no tenía los lujos de la casa, pero de todas formas se las arreglaba para ser acogedor. Había una cama doble posicionada en el centro de la habitación, la cubrían varias almohadas de colores claros y el tendido era del mismo tono de lilas y grises. No sé si la anterior servidumbre había limpiado, pero al parecer sí, porque se veía todo ordenado y sin suciedad.
La cama también estaba puesta sobre una alfombra de pieles, muy linda. Mi mirada siguió detallando las dos mesitas de noche posicionadas a cada lado de esta, para luego observar los cuadros de varias rosas que estaban al nivel de la cabecera.
La habitación, también tenía dos ventanas, que apostaba, me darían una gran vista de la propiedad. Sobre los vidrios descansaban cortinas grises, que combinaban perfectamente con la decoración. También había un estante de libros, un closet, un tocador, una puerta que estaba segura, me dirigiría al baño y por último vislumbre una TV pequeña.
Observé todo maravillada. No me podía quejar, definitivamente tenía el trabajo de mis sueños.
—¿Y bien? ¿Qué te parece? —Me pregunta mi jefe.
Lo observé, él hace mucho que había dejado el equipaje en el suelo y sus manos descansaban en los bolsillos de sus pantalones, mostrándome una pose relajada.
—Es hermosa, gracias. —Fue todo lo que puede decir.
Al ver mi expresión emocionada, él se vio conforme y alejó su mirada para ponerla en el resto del lugar. —Espero que te sientas cómoda, Samantha.
—Así será. —Quise terminar la oración con su nombre, como me pidió que lo llamara, pero no me sentí cómoda. Lo haría cuando estuviera más en confianza.
Alexander vuelve a observarme y esta vez luce más serio. —Necesitas saber que me voy al trabajo a las siete y media. Por lo general no desayuno en la casa, pero ahora que estás aquí, lo haré definitivamente —dice con una sonrisa que se fue fácilmente.
Mientras tanto, yo, solo lo observaba y apuntaba todo lo que me decía en mi libreta imaginaria. No podía fallarle a este señor.
Me enumeró una lista de cosas como planchar sus camisas, tener sus batas del hospital bien aseadas y disponibles, mantener el orden en su closet y entre otras cosas que traté de memorizar.
—Bueno, creo que eso es todo Samantha. Te dejo descansar —dice empezando a alejarse.
Pero había algo que él no había mencionado y creía que era la parte más importante. Después de todo, por eso estaba aquí.
Lo detuve. —¿Hay algo que le guste comer?
Alexander se da la vuelta. —¿Disculpa? —Pregunta confundido.
Lo miré con cierta diversión. —Quiero decir, que si hay algo que suela comer en el desayuno. Puede decirme y le prepararé cualquier cosa.
Él niega y suelta una pequeña risita, entendiendo mi pregunta.
“Quién sabe qué pensó”, me pregunté confundida.
—Samantha, la verdad no tengo problemas con la comida. Yo como de todo. —Sus ojos oscuros se calentaron con su última afirmación.
Me removí incómoda. —¿Todo? —Le pregunté y enseguida me quise golpear.
¿Por qué simplemente no lo dejé pasar?
Pero la pregunta más importante aquí era, ¿él estaba acaso refriéndose a otra cosa? Pasé las palmas de mis manos por los costados de mi jean, tratando de no sentirme tan incómoda con su mirada. Este hombre en serio era muy atractivo y me hacía sentir nerviosa.
Alexander puso sus ojos cálidos en mis caderas, pero aparto rápidamente la mirada. —Sí…, lo que sea. —Respondió y se alejó dejándome confundida.
Me quedé por un momento estática en el centro de la habitación, observando la puerta por donde se fue mi jefe.
“¡Qué había sucedido!”
Sacudí mi cabeza y solté un gemido sintiéndome avergonzada. Sabía la respuesta a eso, él claramente estaba coqueteando conmigo.
Caminé hacia la cama y me dejé caer, continuando con mis pensamientos. En realidad, mi jefe me había coqueteado desde que llegué, me observó como si… Cerré mis ojos e intenté no darles fuerza a esos pensamientos, pero mi cabeza no siempre atendía a mis súplicas y tomaba el control.
Como sea, mi jefe me observó con deseo y creo que yo también me sentí igual, lo miré como una completa acosadora. No podía negarlo, el Doctor Spencer, era bastante guapo.
—Tengo que contarle todo a Sonia —dije a nadie en la habitación y sentí mis mejillas sonrojarse nuevamente.
Sacudí mi cabeza, esto no era bueno. —¡Basta Samantha! Lo que viste probablemente fue tu imaginación. El señor Alexander ama a su esposa, si no, no estaría casado con ella —dije en voz alta y me levanté de la cama, para luego tomar mi móvil que estaba en mi cartera.
Puse la alarma y posteriormente saqué de mi maleta, una de mis pijamas de figuritas. Tenía que irme a dormir responsablemente y no pensar en est*pideces. Además, yo no me metía con hombres casados, yo no era así y no empezaría ahora a romper las reglas.